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miércoles, 17 de junio de 2009

La Justicia instruye a los jueces


Por Sugel Michelén

El artista suizo Paul Robert, pintó por encargo un gran mural en el edificio del Tribunal Supremo de Suiza, inmediatamente antes del año 1900. Se titulaba como nuestro artículo de hoy: “La Justicia instruye a los jueces”. Robert, que era cristiano, plasmó en su pintura toda una teoría sociológica. En el primer plano del mural el artista describe diversas clases de litigio: las esposas contra los esposos, los arquitectos contra los constructores, los comerciantes contra los artesanos, etc. Por encima de ellos están los jueces que deben juzgar entre ellos. Y por encima de todos ellos aparece La Justicia, sin venda en los ojos y la espada apuntando hacia a un libro rotulado con estas palabras: “La Ley de Dios”.

La tesis es muy obvia: la justicia no consiste en promedios y estadísticas, necesita una base inconmovible, un marco de referencia objetivo para los imperativos morales y éticos. Más aún, necesita un Legislador que tenga derecho pleno sobre todos los hombres. Como bien señala John Locke: “Sin la noción de un legislador, es imposible tener la noción de una ley y una obligación de observarla”.

El planteamiento de Emmanuel Kant al respecto es digno de ser considerado. Según Kant, el conocimiento humano es limitado a lo que podemos percibir por los sentidos. Como Dios no puede ser percibido por los sentidos, concluye que tampoco podemos saber con certeza si en verdad El existe. Sin embargo, cuando se enfrenta con el problema de la ética y la moral, Kant se pregunta: ¿Qué sería necesario para que los imperativos éticos y morales tengan algún significado? El responde: tiene que haber justicia. Pero ya que la justicia no funciona perfectamente en este mundo, debe existir un estado futuro en el que la justicia prevalezca. Pero para que eso sea posible debe existir también un Juez perfecto, omnisciente y moralmente intachable que dé a cada cual lo que merece. En conclusión, Kant arguye que Dios debe existir para que los imperativos éticos y morales tengan algún sentido. Aunque no podamos saber con certeza si Dios existe, dice Kant, debemos vivir como si El existiera.

Los cristianos no tenemos que buscar a tientas dónde se encuentra esa inteligencia superior, ni asumir la existencia de Dios como una posibilidad conveniente. “Los cristianos, como bien señala Peter De Vos, vemos la justicia como enraizada en la voluntad amante de Dios, una voluntad dirigida hacia el bien de los seres que El creó y ejemplificado en Su trato con los hombres”. La Justicia no es un concepto abstracto, es una Persona ante la cual todos compareceremos algún día para dar cuentas. Y tal como lo muestra Robert en su pintura, aún los jueces están bajo Su autoridad. Ellos comparecerán también delante del Gran Juez de toda la tierra, ante el cual “todas las cosas están desnudas y abiertas” (Hebreos 4:13).

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