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sábado, 27 de junio de 2009

¿Existen aún el bien y el mal?

Por Sugel Michelén

La mayoría de los seres humanos asume que algunas acciones son buenas mientras que otras son malas. Y cada vez que juzgamos moralmente una acción como buena o mala estamos presuponiendo la existencia de una norma de conducta que está por encima de los seres humanos y a la que todos debemos ajustarnos por igual; sin esa norma nuestras palabras no tendrían sentido alguno, del mismo modo que no tendría sentido decir que me alejo o me acerco si no he establecido ningún punto de referencia.

Sin una norma absoluta de conducta podríamos decir que algo es conveniente o inconveniente en una situación dada, pero no podríamos decir que “es” buena o mala. Y aún el concepto de “conveniente” o “inconveniente” estaría sujeto al juicio de cada cual.

Por ejemplo, muchos pensamos que los actos terroristas son malos, pero es probable que muchos terroristas no lo vean así, sino más bien como un medio de defensa ante una agresión inicial. Como bien señala James Burtchaell, a pesar de siglos de guerras, casi nadie asume la responsabilidad de haber disparado primero. Todos los ataques son presentados como contraataques. En el caso particular de los terroristas, éstos suelen verse a sí mismos como víctimas que responden a una agresión estatal. De ese modo el acto terrorista queda reducido a una respuesta justa de revancha.

Por otro lado, la evaluación de “bueno’ o “malo” también presupone que los seres humanos somos criaturas morales y no simplemente el producto del azar o la casualidad, como enseñan los naturalistas. En una serie para la PBS titulada “Evolución”, el naturalista Daniel Dennett, afirmó que uno de los grandes logros de Darwin fue el de reducir el diseño del universo a “una materia en movimiento sin propósito ni significado.”

Visto de ese modo, el hombre queda reducido a una máquina compleja y nada más; y las acciones de una máquina no son buenas o malas moralmente hablando, simplemente son. Los cristianos, en cambio, creemos en la existencia del bien y del mal porque partimos de la premisa de que Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza; El nos ha provisto de una ley moral que es conforme a Su carácter y ante la cual el hombre es responsable.

Así que la norma de evaluación existe y todos tenemos la responsabilidad moral de ajustarnos a ella. Eso es lo que todo hombre asume, consciente o inconscientemente, cada vez que pasa juicio moral sobre sus propias acciones o las acciones de otros.

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