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jueves, 17 de diciembre de 2009

El libre albedrío: Algunas objeciones contra el compatibilismo respondidas

A diferencia del libertarianismo, los compatibilistas creemos que todas las decisiones humanas son causadas completamente por nuestro carácter y nuestras circunstancias. Por tal razón, pueden ser conocidas de antemano por alguien que nos conozca perfectamente. La Biblia asevera que Dios posee ese tipo de conocimiento en lo que respecta a los seres humanos (comp. Sal. 139:1-6; He. 4:12-13), aparte de que todas las cosas ocurren conforme al designio de Sus decretos eternos (Ef. 1:11).

Los opositores del compatibilismo presentan tres objeciones básicas en contra de esta postura: 1) Que nos reduce a simples marionetas; 2) Que es equivalente al fatalismo; y 3) Que elimina nuestra responsabilidad moral. Veamos brevemente cada una de estas objeciones.

“El compatibilismo nos reduce a simples marionetas”:

Debemos tener cuidado de no equiparar el compatibilismo con el determinismo materialista. Según los deterministas materialistas todos nuestros pensamientos, decisiones y acciones pueden ser explicados en términos de leyes y conceptos físicos. En tal caso, lo que nosotros creemos pensar o decidir no son más que ilusiones creadas por nuestras neuronas cerebrales.

El compatibilismo, en cambio, reconoce el papel rector que juega nuestra mente, nuestras creencias y nuestras decisiones. Tenemos un “yo” real que delibera, que escoge, que discrimina, que decide actuar de un modo y no de otro. Pero ese “yo” toma las decisiones que toma por algunas razones que vienen determinadas por nuestro carácter, creencias y circunstancias.

“El compatibilismo es equivalente al fatalismo”:

John Byl responde esta objeción diciendo: “El compatibilismo implica que Dios, con Su completo conocimiento de todas Sus criaturas y de sus decisiones, puede predecir completamente todas las situaciones futuras del mundo. De ahí se deriva que Dios conoce el futuro completamente. Más aún, Dios conoce completamente como ese futuro podría cambiar si Él fuera a alterar algunos detalles actuales. Por lo tanto, Dios puede planificar completamente cómo ha de desarrollarse el futuro”.

Pero eso no significa que seamos fatalistas. En el determinismo todos los eventos futuros ocurrirán de cierta manera y no de otra debido a las causas que entrarán en juego, incluyendo nuestras decisiones y acciones.

En el fatalismo, en cambio, todos los eventos futuros ocurrirán inevitablemente de cierto modo, sin importar lo que nosotros decidamos y hagamos. En otras palabras, no hay nada que podamos hacer para escapar de nuestro destino.

El fatalismo no toma en cuenta el hecho de que nuestra voluntad es una causa activa que contribuye a determinar nuestro futuro. En las Escrituras vemos claramente que nuestras decisiones hacen una diferencia y que nosotros somos responsables de las consecuencias que cosechamos debido a nuestras decisiones y acciones (comp. Hch. 3:14-15).

Por otro lado, el conocimiento que Dios tiene del futuro no influencia nuestras decisiones, porque nosotros no tenemos acceso a ese conocimiento divino. Él sabe lo que vamos a hacer, pero nosotros no sabemos lo que Él sabe. Por lo tanto, cuando tomamos una decisión es en base a la voluntad del “yo” y no forzados por ninguna fuerza externa.

“El compatibilismo elimina nuestra responsabilidad moral”:

La moral tiene que ver con lo correcto o incorrecto que pueda ser la acción de un agente libre que actúa intencionalmente y no requiere que nuestras decisiones sean hechas sin ninguna razón. “La libertad que se necesita para la responsabilidad moral no es la libertad libertaria de causación sino más bien una libertad de coerción de parte de fuerzas externas a nosotros mismos” (John Byl).

Conclusión:

No es necesario que neguemos la soberanía de Dios o el libre albedrío humano para armonizar la información bíblica. Ciertamente hay algunas cosas que no entendemos, pero eso no significa que sean ilógicas, sino más bien que somos finitos y no tenemos toda la información y capacidad que se requieren para comprenderlas plenamente.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009

El libre albedrío: Un análisis del libertarianismo

Los libertarianistas presuponen que nuestras decisiones y acciones son indeterminadas hasta cierto grado. Eso quiere decir que hay un elemento de azar envuelto en ellas.

El libertarianista D. J. Bartholomew dice al respecto: “Sólo en un mundo con incertidumbre real las personas pueden crecer para llegar a ser hijos libres y responsables de su Padre celestial”. En otras palabras, lo que él está diciendo es que las acciones futuras del hombre tienen que ser inciertas, aún para Dios, de lo contrario el hombre no pudiera ser un agente moral verdaderamente libre.

Norman Geisler asume una posición un tanto distinta dentro del mismo libertarianismo: “Los libertarianistas creen que nuestras acciones libres ni son causadas por otros (como en el determinismo) ni son sin causa (como en el indeterminismo). Más bien son auto causadas. De ahí que esta perspectiva algunas veces es llamada auto determinismo”.

Aquí Geisler parece perder el foco de la cuestión. Los compatibilistas también asumen que el ser humano hace sus propias decisiones, las cuales emanan de su propio “yo”. En ese sentido están de acuerdo en que las acciones humanas son auto causadas. El punto es si las circunstancias externas y la constitución del “yo” determinan completamente nuestras decisiones.

De no ser así tendríamos que llegar a la conclusión de que nuestras decisiones son, hasta cierto punto, sin causa, lo cual a su vez implica que envuelven algunos elementos de azar.

El libertarianismo y la naturaleza humana:

1. No puede ser probado.

Es imposible para un ser humano saber con certeza que sus decisiones no fueron determinadas completamente por algunas causas. Es por eso que alguien ha dicho que la creencia en el libertarianismo requiere de omnisciencia. Hay muchas cosas que actúan en nosotros sin que nos demos cuenta.

2. Atenta contra nuestra verdadera libertad:

Si mis decisiones son sin causa y sin razones suficientes, entonces están más allá de nuestro control; y si eso es así, ¿en qué sentido somos seres libres? Como dice el filósofo Richard Taylor: “El concepto que ahora emerge [en el libertarianismo] no es el de un hombre libre, sino de un fantasma errático y movido de un tirón, sin… razón alguna”.

3. Introduce una separación entre lo que hacemos y lo que somos:

Ronald Nash dice: “La mayoría de nosotros creemos que nuestras decisiones reflejan algo de nuestro carácter… Una persona de buen carácter tenderá a hacer buenas decisiones, mientras que una persona de mal carácter no”. Si mis decisiones son descritas como “mi conducta”, yo debo tener control sobre ellas. “Pero los movimientos que son sin causa están bajo el control de nadie”, sigue diciendo Nash.

4. Elimina nuestra responsabilidad:

Como bien señala el teólogo Terrance Tiessen, “la responsabilidad moral requiere que nuestros actos sean intencionales”. Wright dice algo similar: “La misma idea de responsabilidad depende de la causación. Por lo tanto, la teoría del libre albedrío [tal como la plantean los libertarianistas] destruye la responsabilidad en vez de apoyarla”.

5. Nulifica la labor de influir en otros con persuasiones morales o argumentos racionales:

Si los movimientos de la voluntad son sin causa, ¿qué sentido tiene que tratemos de convencer a alguien con persuasiones morales o argumentos racionales para que actúe de otro modo?

El libertarianismo y la persona de Dios:

1. El libertarianismo es irreconciliable con la doctrina bíblica de la soberanía de Dios:

Barthomolew reconoce el problema de la existencia del azar cuando dice: “Pero tal perspectiva… coloca limitaciones en la manera en que Dios puede interactuar con la creación. Esto implica, por ejemplo, que la vasta mayoría de eventos no son directamente planeados por Dios para alcanzar algún fin inmediato y específico”.

Esa perspectiva no concuerda con la información que la Escritura nos da del alcance de la providencia divina (comp. Ef. 1:11; Hch. 4:27-28; Gn. 50:20).

2. El libertarianismo es irreconciliable con la omnisciencia de Dios:

Eso lo tratamos ampliamente en una entrada anterior. “Si nuestras decisiones futuras son inherentemente inciertas – dice John Byl, ¿cómo puede Dios conocerlas de antemano? Si Dios conoce nuestras decisiones de antemano, ¿acaso no implica eso que son totalmente predecibles?”. Comp. Sal. 139:1-6; 1Sam. 23:12; Mt. 11:21.

Mañana, si el Señor lo permite, responderemos algunas objeciones que se levantan contra el compatibilismo, es decir, contra la doctrina que omnisciencia y la soberanía de Dios son compatibles con la libertad humana, tal como la hemos planteado.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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martes, 15 de diciembre de 2009

¿Puede el hombre ser un agente libre en un mundo gobernado por un Dios soberano?


En la entrada anterior me concentré en el tema de la omnisciencia de Dios, estableciendo el hecho de que Dios conoce perfectamente todas las cosas, incluyendo las acciones futuras de los hombres. Pero eso plantea algunas de las interrogantes que más perplejidad han causado en la historia de la filosofía. John Byl explica la naturaleza del problema:

“¿Tenemos tal cosa como libre albedrío? ¿Realmente tenemos elección cuando hacemos una elección? ¿O están nuestras decisiones completamente predeterminadas por nuestro carácter y circunstancias? Si nuestras elecciones son predeterminadas, ¿deberíamos ser considerados moralmente responsables? ¿Es el libre albedrío posible en un mundo determinista, donde todas nuestras decisiones pueden ser completamente explicadas en término de causas previas? ¿O el libre albedrío requiere algún elemento de azar? ¿Puede Dios predecir completamente todas nuestras decisiones humanas? ¿Cómo podemos reconciliar el libre albedrío humano con la soberanía divina?”.

A lo largo de la historia muchos filósofos han asumido que el libre albedrío es imposible en un mundo donde todos los eventos y decisiones pueden ser completamente predichos, aún sea por Dios mismo. Esto ha traído como consecuencia la negación del libre albedrío o de la soberanía y omnisciencia de Dios.

Por ejemplo, D. J. Bartholomew, en su libro “God of Chance” (“El Dios de la Causalidad”), dice que el universo debe contener elementos de azar de modo que pueda haber lugar para una genuina libertad y responsabilidad humana.

Es importante señalar que en este caso se está usando la palabra “azar”, no para referirse a una mera coincidencia o a la ignorancia humana, sino a un evento que ocurre sin ninguna causa suficiente. John Byl aclara: “Un evento casual, en ese sentido, es uno inherentemente impredecible”.

En este artículo trataré de dilucidar las dificultades que se levantan al querer armonizar la omnisciencia y soberanía de Dios con la libertad y responsabilidad humana.

Una definición de libre albedrío:

John Byl define “libre albedrío” como “la libertad de la voluntad para escoger y actuar por sí misma, sin coerción”. En una votación por ejemplo, experimentamos esa libertad al deliberar acerca de nuestra decisión (por quién voy a votar), al hacer una decisión (yo decido cuál candidato prefiero), y al llevar a cabo lo que he decidido (con mi mano pongo una marca sobre el candidato escogido).

Esa elección mental depende de varios factores, como la opinión que tengo acerca de la capacidad que tiene el candidato de gobernar, o de sus cualidades morales, o por qué supongo que es mejor que los demás candidatos; pero la elección será libre si fue llevada a cabo sin ninguna coerción externa.

De manera que al usar la expresión “libre albedrío” me refiero simple y llanamente a la capacidad que tenemos de hacer lo que queremos. Lamentablemente, el hombre en su pecado no se puede disponer a sí mismo a querer el bien. En ese sentido, y aunque suene paradójico, su “libre albedrío” es un esclavo, hasta que es libertado por Cristo.

Dos perspectivas opuestas:

La mayoría de los cristianos están de acuerdo en el hecho de que los hombres tenemos una voluntad, que nuestras elecciones son genuinas y que somos responsables. El punto de controversia es si nuestras decisiones son completamente predecibles.

Suponiendo que una persona se encontrara en una situación dada, con las mismas condiciones externas y con la misma disposición interna, ¿tomaría siempre la misma decisión? Esta pregunta ha sido respondida de dos maneras distintas, representando cada una dos nociones distintas de libre albedrío.

Los que responden que “sí” creen en una libertad de espontaneidad. “Nosotros decidimos y actuamos como nos place. Siempre que nuestros actos sean expresiones de lo que queremos hacer ellos deben ser considerados como libres, aún si lo que queremos está en cierto modo determinado. Esta noción de libertad es compatible con el determinismo” (John Byl).

Por eso se le conoce como “compatibilismo” o “determinismo suave”, a diferencia del “determinismo duro” que dice que todas nuestras acciones son determinadas por causas materiales de las que nosotros no tenemos control (como están obligados a creer todos los materialistas).

Los compatibilistas afirman que nuestras decisiones siempre tienen una razón de ser, aunque no siempre estamos apercibidos de tales razones. Nuestro carácter, nuestras experiencias, nuestra cosmovisión, todo eso determina las decisiones que tomamos.

Como Dios nos conoce perfectamente, Él puede predecir con toda certeza cuáles serán nuestras decisiones. Pero esas decisiones son libres en el sentido de que fueron hechas voluntariamente y no por ninguna coerción de fuera. Y aún si hubiese alguna coerción externa, lo que decidamos sigue siendo nuestra decisión.

La posición contraria a la de los compatibilistas es la de los incompatibilistas que asumen que el libre albedrío y el determinismo no son compatibles. Estos creen más bien en una libertad de indiferencia. El hombre es libre de tomar una decisión completamente diferente a la que hubiese podido tomar en la misma circunstancia externa y con la misma condición interna (carácter, estado mental, emocional, etc.).

Según ellos, nuestras decisiones no están completamente determinadas por nuestro carácter, experiencia o cosmovisión. De hecho, aún tenemos la libertad de actuar en contra de nuestra naturaleza. Es por eso que esta postura también ha sido llamado libertarianismo. Mañana, si el Señor lo permite, ampliaré un poco más ambas posiciones.

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