En este cuatrimestre de nuestra Escuela Dominical que comenzó este mes de Mayo, estamos impartiendo Historia de la Reforma. Para beneficio de mis estudiantes, así como de todos aquellos que deseen estudiar el tema a través del blog, estaré publicando cada lunes las notas de mi clase del día anterior. En esta introducción de manera particular estaré haciendo un amplio uso del material del pastor Dave Merck.
I. DEFINICIÓN DE “HISTORIA”:
“La historia son las obras pasadas del Dios soberano en cumplimiento de sus decretos eternos, los cuales incluyen especialmente las obras de los hombres (y otros seres espirituales incluyendo Satanás y sus huestes de ángeles caídos, así como las huestes de los ángeles que no cayeron) quienes son responsables por tales obras ante Dios su creador” (Dave Merck).
A. Los elementos de esta definición:
1. La historia hace referencia a eventos pasados (Salmos 77:11; 143:5).
2. La historia, a final de cuentas, es la obra del Dios soberano en el cumplimiento de Sus decretos eternos (Salmos 103:19; Romanos 11:36; Efesios 1:11).
3. La historia incluye especialmente las obras de los hombres, pero no como meros espectadores, si no como agentes libres y responsables (Hechos 2: 23).
B. Algunas aplicaciones que se derivan de ellos:
1. Por cuanto la historia es la obra soberana de Dios en cumplimiento de sus decretos eternos, y por cuanto los hombres por creación son portadores de la imagen de Dios, aprendemos que nuestras historias personales son significativas y relevantes. Vuestras vidas poseen significado y propósito.
2. Por cuanto somos responsables de cómo usamos nuestras vidas, y por cuanto responderemos al Dios que nos hizo por lo que hicimos con nuestras vidas, debemos usarlas para los propósitos correctos: glorificar a Dios y hacer lo que es bueno para nuestros congéneres.
II. EL DOBLE ASPECTO DE LA HISTORIA:
Al estudiar la historia debemos tomar en cuenta que se trata de una moneda con dos caras:
A. El aspecto divino de la historia:
Este con¬siste en el desarrollo del plan soberano de Dios con la humanidad; plan que fue trazado por Dios en la eternidad de acuerdo a Su infi¬nita sabiduría, santidad y bondad, el cual procura Su gloria y la felicidad eterna de los Suyos.
B. El aspecto humano de la historia:
Desde este punto de vista podemos decir que se trata de la “biografía de la raza humana”, desarro¬llada a través de caídas y levantamientos, y que se mueve hacia la consumación final, donde Dios “dará a cada uno conforme a sus obras”.
III. ALGUNOS ASPECTOS QUE ENTRAN EN JUEGO EN EL PROCESO DE DESARROLLO DE LA IGLESIA EN LA HISTORIA:
Texto clave: Mateo 16:17-19. El pastor Merck señala los siguientes aspectos que encontramos en este texto sobre el desarrollo de la Iglesia en su marco histórico:
A. Su desarrollo predicho:
“Yo edificaré mi Iglesia”. Debemos abordar el estudio de la historia de la Iglesia con la expectación de encontrar allí precisamente lo que Cristo predijo que ocurriría y lo que de hecho comenzó a ocurrir desde los primeros días de la Iglesia.
B. Su propósito personal en ese desarrollo:
“Yo edificaré…”. Debemos estudiar la historia de la Iglesia con la presuposición básica de que estamos siendo testigos de la actividad soberana de edificación de nuestro Señor Jesucristo a través de su Espíritu.
C. La prioridad de su desarrollo:
“Yo edificaré mi Iglesia”. La Iglesia que Cristo promete edificar es aquella por la que Él murió; por lo tanto, al estudiar la historia de la Iglesia, estamos siendo testigos de la actividad soberana que Cristo lleva a cabo con un profundo interés personal. Consecuentemente, “no hay lugar para una objetividad neutral o una fría indiferencia en nuestro estudio, sino más bien un asombro y temor piadosos, y un gran cuidado en nuestro estudio.”
D. El aspecto positivo de su desarrollo:
“Yo edificaré mi Iglesia”. Cuando estudiamos la historia de la Iglesia, debemos hacerlo con la expectación de encontrar progreso y desarrollo positivos. Esto excluirá un espíritu cínico y pesimista tocante a la historia de la Iglesia.
E. Su desarrollo orgánico:
En Marcos 4:26-29 notamos que la edificación de la Iglesia a través de los siglos es como una semilla que crece. Mientras que en Efesios 4:11-16 vemos que es como el desarrollo de un cuerpo humano. Por consiguiente, no debemos esperar la misma precisión en el entendimiento doctrinal y práctico de la Iglesia en sus primeros años como el que encontraremos en períodos posteriores hasta nuestros días.
Debido a este hecho, es crucial que consideremos a los individuos en la historia de la Iglesia en sus contextos históricos, en vez de trasplantarlos injustamente a nuestra presente situación que refleja más madurez y crecimiento en la iglesia que el que pudo haber tenido lugar en sus días.
F. La oposición a su desarrollo:
En el texto clave que estamos considerando, aprendemos que existen fuerzas hostiles a Cristo y a su iglesia y, por lo tanto, que la Iglesia enfrentará oposición a lo largo de su historia. Estas fuerzas hostiles son descritas en el texto como “las puertas del hades”.
La palabra “hades” es usada para señalar el reino de las tinieblas, conformado por su rey, el diablo, y todos sus seguidores, los cuales se levantan en violenta oposición al reino de Dios y a su iglesia en esta era.
La imagen que el texto presenta es la de una ciudad amurallada, cuyas puertas juegan una parte estratégica de su defensa; mostrando, al menos en parte, las fuerzas de la Iglesia asaltando el reino del mal y conquistando, echando abajo sus puertas; en ese sentido, la Iglesia es vista como tomando la ofensiva.
Pero también nos presenta a los poderes del mal ejerciendo oposición contra la Iglesia; desde esta perspectiva, Satanás y sus huestes también son presentados como tomando la ofensiva, razón por la cual Cristo señala que las puertas del hades no prevalecerán contra la iglesia (Mateo 13:24-30, 37-43). Esto nos enseña, al menos, dos cosas:
1. Que debemos esperar encontrar conflicto y oposición espiritual en el desarrollo de la Iglesia en la historia (así como también en nuestras vidas y ministerios como miembros de la iglesia de Cristo).
2. Que aún así debemos ser optimistas al estudiar la Historia de la Iglesia (así como al pelear nuestras batallas presentes), por cuanto las puertas del hades no prevalecerán contra la iglesia de Cristo.
G. Su desarrollo mixto:
Debido a esta real oposición espiritual contra la iglesia de Cristo, encontraremos patrones mixtos de desarrollo en los diferentes períodos de la historia de la Iglesia. En ocasiones la Iglesia se verá cómo teniendo un avance y desarrollo sorprendentes, mientras que en otro momento la veremos en retirada y aparentemente en derrota total.
De igual modo, encontraremos esta mezcla de bien y mal no sólo en puntos específicos en la historia de la Iglesia, sino también en individuos, en las iglesias y en los movimientos envueltos en esta historia. Satanás y sus huestes no sólo atacarán desde afuera, sino también desde dentro; y contarán para ello con dos poderosos aliados:
1. La corrupción que aún permanece en el corazón de los verdaderos creyentes que conforman la iglesia de Cristo (Romanos 7).
2. Los falsos profesantes, los apóstatas y los falsos maestros que por un tiempo vienen a formar parte de la Iglesia (2Pedro 2:1-2).
A la luz de esta realidad, debemos ser bíblicamente realistas al acercarnos a la historia de la Iglesia, de lo contrario terminaremos desilusionados o sobre simplificando las cosas y cometiendo serios errores de juicio. Existe una tendencia a etiquetar cada individuo o Iglesia o movimiento en la historia de la Iglesia como “muy, muy bueno” o “muy, muy malo”. Como resultado de esta mezcla de bien y mal, debemos evitar “idealizar… ninguna rama de la historia de la Iglesia” asumiendo prácticamente que no hay error mezclado en ella.
Justo L. Gonzáles dice lo siguiente al respecto:
"A veces en el curso de esta historia habrá momentos en los que nos será difícil ver la acción del Espíritu Santo. Habrá quienes utilizarán la fe de la iglesia para enriquecerse o para engrandecer su poderío personal. Otros habrá que se olvidarán del mandamiento del amor y perseguirán a sus enemigos con una saña indigna del nombre de Cristo. En algunos períodos nos parecerá que toda la iglesia ha abandonado por completo la fe bíblica, y tendremos que preguntarnos hasta qué punto tal iglesia puede verdaderamente llamarse cristiana. En tales momentos, quizá nos convenga recordar dos puntos importantes".
"El primero de estos puntos es que la historia que estamos narrando es la historia de los hechos del Espíritu Santo, sí; pero es la historia de esos hechos entre gentes pecadoras como nosotros. Esto puede verse ya en el Nuevo Testamento, donde Pedro, Pablo y los demás apóstoles se nos presentan a la vez como personas de fe y como miserables pecadores. Y, si ese ejemplo no nos basta, no tenemos más que mirar a los “santos” de Corinto a quienes Pablo dirige su primera epístola".
"El segundo punto que debemos recordar es que ha sido precisamente a través de esos pecadores y de esa iglesia al parecer totalmente descarriada que el evangelio ha llegado hasta nosotros. Aun en medio de los siglos más oscuros de la vida de la iglesia, nunca faltaron cristianos que amaron, estudiaron, conservaron y copiaron las Escrituras, y que de ese modo las hicieron llegar hasta nuestros días. Además, según iremos viendo en el curso de esta historia, nuestro propio modo de interpretar las Escrituras no deja de manifestar el impacto de esas generaciones anteriores. Una y otra vez a través de los siglos el Espíritu Santo ha estado llamando al pueblo de Dios a nuevas aventuras de obediencia. Nosotros también somos parte de esa historia, de esos hechos del Espíritu" (Historia del Cristianismo; Tomo I; pg. 22-24).
H. La perplejidad de su desarrollo:
Algunos historiadores seculares, al considerar la historia, han llegado a la conclusión de que no podemos encontrar en ella ningún patrón identificable; en otras palabras, que la historia es el producto del caos y que no existe ningún significado ni propósito ulterior en ella. Los historiadores cristianos por momento pueden verse tentados a llegar a la misma conclusión.
¿Por qué en algunas épocas la bendición divina tarda en llegar a pesar de la fidelidad de su pueblo? ¿Por qué el juicio de Dios a veces tarda en llegar a pesar de la infidelidad evidente? ¿Por qué vinieron los grandes avivamientos del 1730's y 1740's en Gran Bretaña luego de una época de gran oscuridad espiritual?
Dos pasajes bíblicos nos proveen parte de la respuesta: Isaías 55:8-9; Romanos 11:33-34.
¿Qué aprendemos de esta perplejidad que encontramos a menudo en el desarrollo de la historia de la Iglesia?
1. Debemos reconocer humildemente la sabiduría de Dios y someternos a ella en aquellos aspectos de la historia de la Iglesia que no somos capaces de entender y analizar.
2. Debemos esperar pacientemente hasta que Dios revele con claridad sus propósitos, ya sea antes de, o al retorno de Cristo. Es esa la razón por la que, generalmente, debemos esperar que el tiempo pase antes de que podamos comenzar a comprender lo que Cristo está haciendo en la edificación de su iglesia.
© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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lunes, 17 de mayo de 2010
martes, 10 de noviembre de 2009
El nacimiento de Lutero y la Caída del muro de Berlín

El 10 de Noviembre de 1483, hace 526 años, nació Martín Lutero en la aldea alemana de Eisleben; el 9 de Noviembre de 1989, también en Alemania, cae el muro de Berlín, hace 20 años. En la providencia de Dios, ambos eventos guardan cierta relación histórica, aunque no se encuentren directamente relacionados.
Con el surgimiento de la Reforma Protestante, la hegemonía del catolicismo fue destruida en Europa trayendo un clima de libertad religiosa que contribuiría a forjar el mundo moderno. Con la caída del muro caía también el socialismo, dando por concluida la guerra fría y un poderoso impulso a la globalización, con sus aspectos positivos y negativos.
Dos eventos históricos separados en el tiempo por poco más de 500 años, pero que habrían de cambiar para siempre la historia del mundo. Ayer se recordaba la caída del muro con bombos y platillos; no espero que hoy se recuerde con el mismo entusiasmo el nacimiento de Lutero.
Sin embargo, si comparamos la Reforma con la caída del muro de Berlín, sin duda alguna el primer evento ha sido mucho más trascendental que el segundo. De 1989 hasta hoy otros muros han sido levantados, mientras otros que ya existían han sido reforzados, muros que continúan dividiendo la raza humana y sembrando el odio racial y el terror.
Y es que la esperanza del mundo no radica en un cambio de vientos políticos, sino en ese mensaje centrado en la Persona y en la obra de nuestro Señor Jesucristo, por medio del cual fue derribado el muro infinitamente alto que nos separaba de Dios y de los demás seres humanos.
Fue por causa de Cristo, no por causa de Gorbachov ni por ningún otro líder político, que se ha operado el verdadero cambio que el mundo necesita. Ese cambio continúa al alcance de todo ser humano que, arrepentido de sus pecados, descansa únicamente en Cristo y en Su obra. Fue ese mensaje esperanzador el que la Reforma Protestante convirtió en su grito de batalla, una batalla en el que los vencidos son salvados, no destruidos.
No espero grandes celebraciones en este día por el nacimiento de Lutero, ni por el surgimiento de la Reforma Protestante; pero aprovecho la ocasión para exaltar al Dios de la historia, que algún día derribará todo gobierno humano, llevando a su consumación el reino eterno que Cristo trajo consigo. Que a Él, y sólo a Él, sea toda la gloria, la honra y el honor por los siglos de los siglos.
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sábado, 31 de octubre de 2009
Celebremos la Reforma, conociendo mejor los hechos
Como parte de nuestra contribución para celebrar este nuevo aniversario de la Reforma, desde hace días hemos estado posteando una serie de artículos al respecto. Aquí pueden encontrar todas las entradas en el orden en que fueron posteadas.
La esencia de la Reforma
¿Se puede comprar el perdón de los pecados?
El vendedor de perdón
El sacerdote Martín Lutero llega a Wittemberg y comienza a entender el evangelio
Las 95 tesis
Defensa de Lutero de Heidelberg
Defensa de Lutero en Augsburgo
Lutero escribe al papa León X
Lutero debate con Juan Eck en Leipzig
Lutero en la dieta de Worms
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La esencia de la Reforma
¿Se puede comprar el perdón de los pecados?
El vendedor de perdón
El sacerdote Martín Lutero llega a Wittemberg y comienza a entender el evangelio
Las 95 tesis
Defensa de Lutero de Heidelberg
Defensa de Lutero en Augsburgo
Lutero escribe al papa León X
Lutero debate con Juan Eck en Leipzig
Lutero en la dieta de Worms
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¡Celebremos la Reforma alabando a nuestro Dios!
Hoy se cumplen 492 años del momento histórico que los historiadores señalan como el inicio de la Reforma Protestante. El 31 de Octubre de 1517 un monje agustino llamado Martín Lutero, hizo una invitación pública a discutir 95 tesis sobre la venta de indulgencias, las cuales fueron clavadas en la puerta de una iglesia en Wittemberg. Por tal razón he estado posteando breves artículos reseñando algunos de los momentos más importantes de la vida de Lutero, desde ese punto de la historia hasta su ruptura final con el catolicismo romano.
A modo de celebración quisimos postear una interpretación del famoso himno compuesto por Lutero, Castillo Fuerte es nuestro Dios, con imágenes de la película que fue estrenada el 16 de Diciembre de 2005, protagonizada por Joseph Fiennes en el papel de Lutero. Los cristianos no adoramos a Lutero, sino al Dios que Lutero predicaba, y quien fue para él un Castillo Fuerte en medio de una época turbulenta. Ese mismo Dios es quien ha prometido estar con los Suyos como un Castillo Fuerte, todos los días, hasta el fin del mundo.
Usado con permiso de Luckymann21.
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A modo de celebración quisimos postear una interpretación del famoso himno compuesto por Lutero, Castillo Fuerte es nuestro Dios, con imágenes de la película que fue estrenada el 16 de Diciembre de 2005, protagonizada por Joseph Fiennes en el papel de Lutero. Los cristianos no adoramos a Lutero, sino al Dios que Lutero predicaba, y quien fue para él un Castillo Fuerte en medio de una época turbulenta. Ese mismo Dios es quien ha prometido estar con los Suyos como un Castillo Fuerte, todos los días, hasta el fin del mundo.
Usado con permiso de Luckymann21.
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viernes, 30 de octubre de 2009
Lutero en la Dieta de Worms

Entre 1519 y 1521 tres sucesos relevantes prepararon el escenario para la separación final entre Lutero y la Iglesia Católica Romana: su debate con Juan Eck en la ciudad de Leipzig en julio de 1519; la publicación de sus obras “Carta abierta a la nobleza cristiana” y “La Cautividad Babilónica”, ambos en 1520; y la respuesta de Roma en dos bulas papales que le condenaban como hereje y le excomulgaban de la Iglesia.
Eso implicaba que todos los fieles católicos debían evitarlo y que los poderes seculares debían desterrarlo de sus dominios o enviarlo preso a Roma para enfrentar la temida Inquisición. Pero por extraño que parezca, nada de eso ocurrió. Lutero continuó enseñando en Wittemberg y atendiendo al resto de sus obligaciones bajo la protección de Federico el Sabio, quien estaba convencido de que no era un hereje.
Así las cosas, el recién elegido emperador Carlos V propuso celebrar una Dieta en la ciudad alemana de Worms en enero de 1521. A instancias del Papa el caso Lutero fue incluido en la agenda, quien tuvo que comparecer ante el emperador y ante 6 electores, 28 duques, 11 marqueses, 30 obispos, 200 príncipes y unas 5,000 personas más para ser juzgado.
Lutero pensó que tendría la oportunidad de defenderse, pero para sorpresa suya sólo se le permitió responder dos preguntas: si los escritos que estaban sobre una mesa eran suyos y si se retractaba de todos ellos. A la primera respondió que sí, pero pidió tiempo para responder la segunda.
Al comparecer de nuevo ante la Dieta al día siguiente, Lutero manifestó su disposición a retractarse de sus escritos si le mostraban con la Escritura dónde había errado; pero se le dijo que no estaban allí para refutar nada, sino para saber si se retractaba o no.
Lutero entonces respondió: “Puesto que su Majestad imperial y sus altezas piden de mí una respuesta sencilla, clara y precisa, voy a darla tal que no tenga ni dientes ni cuernos, de este modo: El Papa y los Concilios han caído muchas veces en el error y en muchas contradicciones consigo mismos. Por lo tanto, si no me convencen con testimonios sacados de la Sagrada Escritura, o con razones evidentes y claras, de manera que quedase convencido y mi conciencia sujeta a esta Palabra de Dios, yo no quiero ni puedo retractar nada, por no ser bueno ni digno de un cristiano obrar contra lo que dicta su conciencia. Heme aquí; no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude. Amén.”
Así selló Lutero su separación final de Roma.
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jueves, 29 de octubre de 2009
Lutero debate con Juan Eck en Leipzig

Como vimos en el artículo anterior, uno de los resultados de la reunión de Lutero con Miltitz, en Enero de 1519, fue que el primero se comprometió a guardar silencio si sus adversarios hacían lo mismo. Pero en ese mismo año el Dr. Juan Eck publicó un folleto en el que atacaba a Lutero violentamente; al mismo tiempo imprimió trece proposiciones sobre las cuales quería disputar personalmente con él.
El asunto principal de estas tesis eran las indulgencias y la supremacia del Papa, tema éste que Lutero no había tocado aún. Lutero entonces publicó igual número de tesis, en las que rechazaba las indulgencias así como la autoridad incondicional del papado.
Así que el debate estaba planteado. Se citaron para encontrarse en el mes de junio en la ciudad de Leipzig, en la universidad donde Lutero hizo su doctorado, sólo que a éste no se le permitiría participar en el debate, excepto como observador.
Pero cuando Eck arribó a Leipzig y se enteró de la prohibición se sintió muy desilusionado, por lo que intercedió ante el Duque Jorge para que permitiera la participación de Lutero.
El debate se inició el 27 de junio entre Eck y Carlostadio, un amigo de Lutero y profesor en Wittemberg. Pero el 4 de julio Eck logró lo que deseaba: medirse con el mismo Lutero. Uno de los puntos álgidos del debate entre ambos fue el de la autoridad del Papa.
Eck sostenía que el Papa es cabeza de la iglesia y se basaba en el texto de Mateo 16:18: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia.” Lutero replicó que el mismo Pedro dice en su primera carta que Cristo es la piedra angular sobre la cual está edificada Su Iglesia (1Pedro 2:1-8; también citó 1Corintios 3:11; Efesios 1:22; 4:15; 5:23; Colosenses 1:18; 2:19).
Como Eck apelaba a los padres de la iglesia, con ellos también respondió Lutero: “Lo que yo expongo es lo mismo que expone San Jerónimo, y voy a probarlo por su misma epístola a Evagrius: ‘Todo obispo, sea de Roma, sea de Eugubium, bien de Alejandría, bien de Túnez, tiene el mismo mérito y el mismo sacerdocio’.” Luego citó algunas decisiones conciliares antiguas donde el obispo de Roma era considerado como uno entre iguales.
Eck apeló a San Agustín, Lutero le hizo ver que en más de una ocasión el mismo Agustín había señalado a Cristo como la roca de la Iglesia. El debate se prolongó hasta el 15 de julio, cuando Eck acusó a Lutero de ser un seguidor de Huss, que había sido quemado como hereje unos cien años antes y, declarándose el vencedor, salió de la sala. Lutero regresó a Wittemberg donde disfrutó dos años de relativa tranquilidad en los que continuó enseñando y escribiendo.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Lutero escribe al Papa León X

Luego del infructuoso encuentro con el cardenal Cayetano en Octubre de 1518, Lutero supuso que pronto sería excomulgado de la Iglesia, por lo que hizo preparativos para emigrar a Francia. El Papa León X, por su parte, insistía al elector Federico el Sabio que lo entregara a Cayetano, pero el príncipe alemán estaba determinado a protegerlo. Así que Lutero continuó enseñando Biblia en la universidad de Wittemberg, donde muchos le oían de buena gana.
El Papa, tratando de resolver esta situación tan enojosa, puso en manos de Karl von Miltitz el encargo de ir a Alemania, ganarse la simpatía del príncipe elector y procurar el apresamiento de Lutero.
Pero en Alemania le esperaban algunas sorpresas. Por un lado, le sorprendió la hostilidad que había contra Roma en contraste con la popularidad cada vez mayor de Lutero; por el otro lado, al entrevistarse con éste quedó impresionado por su inteligencia y capacidad.
La reunión entre ambos (en Enero de 1519) fue muy cordial. Miltitz, sabiendo ya que no podría apresar a Lutero, se limitó a instarle que se abstuviera de todo comentario que pusiera en juego la unidad de la iglesia; pero le dio la razón en lo que respecta a los abusos que se habían cometido con la venta de indulgencias, acerca de lo cual él mismo había amonestado severamente a Tetzel, el monje dominico que había sido encargado de las ventas en Alemania.
Lutero prometió guardar silencio, siempre y cuando sus adversarios hicieran lo mismo. De igual modo, se comprometió a escribir una carta al Papa disculpándose de los ataques que hubiesen podido levantarse contra él en esta controversia.
Lutero envió la carta, acompañada de un folleto dedicado a León X y que tituló “La Libertad del Hombre Cristiano.” La carta era amable, pero firme; en ella instaba al Papa a no prestar atención “a aquellas sirenas que lo elevan como si fuera usted un semidiós en lugar de un mero hombre... Usted es un siervo de los siervos y por encima de todos los hombres tiene un puesto en sumo grado peligroso y delicado. No deje que lo engañen los que pretenden que usted es el señor del mundo...” Y concluía diciendo: “Le obsequio este pequeño escrito, dedicado a su persona, como un augurio de paz y de buenos deseos... Soy un hombre pobre y nada más puedo ofrecerle...”
Pero esa paz no habría de lograrse a menos que Lutero traicionara su conciencia ahora iluminada por la Palabra de Dios. Poco tiempo después Lutero recibiría la bula papal que sellaba su ruptura definitiva con Roma, no sin antes tener la oportunidad de tener un debate con Juan Eck en Leipzig.
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viernes, 23 de octubre de 2009
Las 95 Tesis

El 31 de Octubre de 1517 apareció clavado en la puerta de la Catedral del Castillo en Wittemberg un anuncio escrito en latín que decía: “Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a la luz, se discutirán en Wittemberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del Reverendo Padre Martín Lutero, maestro en Artes y en Sagrada Escritura y profesor ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.” Inmediatamente después aparecían noventa y cinco tesis o proposiciones contra la venta de indulgencias.
En ese momento nadie hubiese podido vaticinar el enorme impacto que ese documento habría der producir. Gracias a la imprenta, inventada unos años antes, las noventa y cinco tesis fueron publicadas en varios idiomas y leídas por toda Europa. Preciso es señalar que Lutero no pretendía crear ninguna división en el seno de la iglesia. En ese punto de la historia él estaba convencido de que el Papa ignoraba el abuso que los predicadores de indulgencias cometían en Alemania. He aquí algunas de sus tesis:
(21) “Se equivocan aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.”
(36) “Cualquier cristiano que en forma verdadera esté arrepentido, tiene derecho al perdón total de la pena y de la culpa, aun sin carta de indulgencias.”
(50) “Es preciso enseñar a los cristianos, que si el Papa supiese el robo y el engaño de los predicadores de las indulgencias, antes preferiría que la Basílica de San Pedro fuese quemada o reducida a escombros, que verla construida con la piel, carne y hueso de sus ovejas.”
(53) “Son enemigos del Papa y de Jesucristo los que prohiben la predicación de la Palabra porque se opone a las indulgencias.”
(62) “El único tesoro verdadero de la iglesia es el evangelio santísimo de la gloria y gracia de Dios.”
(66) “Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.” (Pueden leer aquí el documento completo).
Ese mismo día Lutero envió un ejemplar de sus tesis al arzobispo de Magdeburgo, pidiéndole que reprendiera a los predicadores de indulgencias, ignorando que este hombre recibía el 50 % de las ganancias. Lutero, sin saberlo, había desatado una tormenta que cambiaría para siempre la faz de Europa y el mundo.
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95 Tesis,
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Reforma Protestante
jueves, 22 de octubre de 2009
El sacerdote Martín Lutero llega a Wittemberg y comienza a entender el evangelio
El 17 de Agosto de 1505 un joven de casi 22 años, graduado en leyes y a punto de comenzar su licenciatura en la universidad de Erfurt, llegó al monasterio de la orden de los Eremitas Agustinos porque había decidido hacerse monje y así encontrar la paz con Dios. Se llamaba Martín Lutero. Una vez admitido en el monasterio se dedicó con empeño a sus estudios, de manera que muy pronto sus superiores lo seleccionaron para el sacerdocio, oficio que asumió luego de su primera misa el 2 de mayo de 1507.
Pero otro cambio trascendental habría de ocurrir en su vida al año siguiente. El vicario general de la orden de los agustinos en Alemania, Juan Staupitz, había puesto sus ojos en él para llevarlo a Wittemberg, donde Federico el sabio, príncipe de Sajonia, había fundado una universidad bajo su dirección en 1502.
El deseo de Federico era que Wittemberg llegara a ser la mejor universidad de Alemania, por lo que estaba tratando de reclutar a los profesores más dotados. Allí obtuvo Lutero su Bachillerato en Teología en 1509 y en 1512 su Doctorado, siendo designado como el nuevo catedrático de Biblia y Teología de la universidad. Por otra parte, su habilidad como maestro comenzó a ser reconocida, de manera que en 1514 fue nombrado como pastor de la iglesia de Santa María, en el centro de la ciudad.
Pero lo que realmente revolucionó su vida fue el estudio de la Biblia, sobre todo la epístola de Pablo a los Romanos, donde encontró la siguiente declaración: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (1:17).
En un principio Lutero quedó muy sorprendido con estas palabras: ¿Por qué Pablo conectaba en este texto la buena noticia del evangelio con la justicia de Dios? ¿Acaso no demanda esa justicia que el pecador sea castigado por sus pecados? Por otra parte ¿cómo es eso de que el justo vivirá por la fe? ¿No había sido él enseñado desde niño que debía acumular méritos a través de las buenas obras para poder salvarse?
Finalmente Lutero comprendió por el estudio de la Biblia que esa justicia es la que Dios imparte a los pecadores por medio de la fe en Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo (Romanos 4:4-5, 5:1; 10:3-4; Efesios 2:8-9). Este monje finalmente entendió que la paz con Dios que tanto ansiaba no dependía de sus méritos, sino de los méritos de Aquel que siendo Dios se hizo Hombre para morir en una cruz por la salvación de Su pueblo. El resto es historia.
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Pero otro cambio trascendental habría de ocurrir en su vida al año siguiente. El vicario general de la orden de los agustinos en Alemania, Juan Staupitz, había puesto sus ojos en él para llevarlo a Wittemberg, donde Federico el sabio, príncipe de Sajonia, había fundado una universidad bajo su dirección en 1502.
El deseo de Federico era que Wittemberg llegara a ser la mejor universidad de Alemania, por lo que estaba tratando de reclutar a los profesores más dotados. Allí obtuvo Lutero su Bachillerato en Teología en 1509 y en 1512 su Doctorado, siendo designado como el nuevo catedrático de Biblia y Teología de la universidad. Por otra parte, su habilidad como maestro comenzó a ser reconocida, de manera que en 1514 fue nombrado como pastor de la iglesia de Santa María, en el centro de la ciudad.
Pero lo que realmente revolucionó su vida fue el estudio de la Biblia, sobre todo la epístola de Pablo a los Romanos, donde encontró la siguiente declaración: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (1:17).
En un principio Lutero quedó muy sorprendido con estas palabras: ¿Por qué Pablo conectaba en este texto la buena noticia del evangelio con la justicia de Dios? ¿Acaso no demanda esa justicia que el pecador sea castigado por sus pecados? Por otra parte ¿cómo es eso de que el justo vivirá por la fe? ¿No había sido él enseñado desde niño que debía acumular méritos a través de las buenas obras para poder salvarse?
Finalmente Lutero comprendió por el estudio de la Biblia que esa justicia es la que Dios imparte a los pecadores por medio de la fe en Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo (Romanos 4:4-5, 5:1; 10:3-4; Efesios 2:8-9). Este monje finalmente entendió que la paz con Dios que tanto ansiaba no dependía de sus méritos, sino de los méritos de Aquel que siendo Dios se hizo Hombre para morir en una cruz por la salvación de Su pueblo. El resto es historia.
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miércoles, 21 de octubre de 2009
El vendedor de perdón

El perdón de los pecados no es un tema incidental en el evangelio de Cristo. La esencia de este mensaje es que Dios ofrece a los pecadores de pura gracia el perdón de todos sus pecados por medio de la fe en nuestro Señor Jesucristo en base a Su vida perfecta, Su muerte expiatoria y Su resurrección. El evangelio es un mensaje de perdón y reconciliación. Cualquier distorsión en ese aspecto del mensaje corrompe el corazón del evangelio. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en el siglo XVI con la escandalosa venta de indulgencias.
En palabras simples, la indulgencia pretende ser una especie de cheque certificado, emitido por el Papa, por el que cancela algunos o todos los castigos temporales que merecen los pecados, al adjudicar al beneficiario una cantidad de méritos del superávit acumulado por los santos.
Según Roma, el Papa es el administrador soberano de este depósito sagrado, autoridad de la que se valió el Papa León X para proclamar una gran venta de indulgencias en los años 1514 y 1516 tomando como pretexto inicialmente la guerra contra los turcos y luego la terminación de la basílica de San Pedro.
Para esos fines comisionó en Alemania al príncipe elector Alberto de Maguncia, Arzobispo de Magdeburgo, quien fue autorizado para recibir la mitad de la recaudación de la venta de indulgencias, mientras enviaba la otra mitad a las arcas pontificias. Éste había pedido prestado 30,000 florines a los Fúcar, banqueros de Augsburgo, para poder comprar el nombramiento de arzobispo, por lo que estaba sumamente endeudado.
El instrumento principal usado por Alberto para ese singular negocio fue Johan Tetzel, fraile de la orden de los dominicos, hombre astuto y muy persuasivo.
“Las indulgencias – decía él – son la dádiva más preciosa y más sublime de Dios... Venid, oyentes, y yo os daré bulas por las cuales se os perdonarán hasta los mismos pecados que tuvieseis intención de cometer en lo futuro... Pero hay más; las indulgencias no sólo salvan a los vivos, sino también a los muertos... Escuchad a vuestros parientes y amigos difuntos que os gritan del fondo del abismo: ‘¡Estamos sufriendo un horrible martirio! Una limosna nos libraría de él; vosotros podéis y no queréis darla’. En el mismo instante en que la pieza de moneda resuena en el fondo de la caja, el alma sale del purgatorio”.
Fue este escandaloso tráfico de perdón lo que movió a Lutero a escribir sus 95 tesis, como veremos en nuestra próxima entrada.
© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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martes, 20 de octubre de 2009
¿Se puede comprar el perdón de los pecados?
A pesar de que varios factores se conjugaron para dar inicio a la Reforma Protestante, el factor detonante fue la venta de indulgencias, que en la época de Lutero había alcanzado proporciones alarmantes.
Según la teología de la Iglesia Católica Romana, por medio del bautismo la persona experimenta la regeneración espiritual, con el perdón total de los pecados y de toda la pena merecida por ellos. Pero una vez la persona es bautizada, los pecados que comete a partir de ese momento adquieren una malicia especial pues, como señala el ex – sacerdote Francisco Lacueva, “ya no es un enemigo el que peca, sino un amigo y un hijo, redimido por la sangre de Jesús, lo cual equivale a pisotear la Cruz de Cristo y caer en el estado anterior a la salvación”.
Así que, a pesar de que en el sacramento de la penitencia se perdona la culpa y la pena eterna debida a los pecados “mortales”, aún permanece, dice Roma, la pena temporal por los pecados ya perdonados. Y ¿cómo puede ser expiada esa pena temporal? Uno de los medios, dice Roma, es a través de las indulgencias.
En The Catholic Encyclopedia se define indulgencia como “la remisión del castigo temporal a causa del pecado, la culpa del cual ha sido perdonada”. Esa remisión es posible en virtud del llamado “tesoro de méritos y satisfacciones de Cristo, de María y de los santos”, del cual el Papa es el administrador soberano. De acuerdo con esta doctrina, los santos tienen un superávit de méritos, suficientes para ellos y para otros; haciendo uso de ese superávit se puede cancelar algunos o todos los castigos que el pecado merece.
Aunque Tomás de Aquino enfatizó el hecho de que las indulgencias no constituían en sí mismas el perdón de los pecados, sino que implicaban únicamente la remisión de las penas eclesiásticas y los tormentos del purgatorio, los predicadores de indulgencias no siempre daban tantas explicaciones. En 1477 el Papa Sixto IV confirmó que las indulgencias podían aplicarse también a los difuntos.
Como la guerra contra los turcos y la construcción de la Basílica de San Pedro requerían de una enorme cantidad de dinero, en los días del Papa León X la Iglesia recurrió a una gran venta de indulgencias, concediendo exclusividad en el Imperio Germánico a los dominicos.
Y es así como en Octubre de 1517 llegan estos vendedores a Wittemberg, concediendo indulgencias hasta por pecados que no habían sido aún cometidos. De estos vendedores, uno de los más destacados fue Juan Tetzel, de quién nos ocuparemos, Dios mediante, en nuestra próxima entrega.
© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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Según la teología de la Iglesia Católica Romana, por medio del bautismo la persona experimenta la regeneración espiritual, con el perdón total de los pecados y de toda la pena merecida por ellos. Pero una vez la persona es bautizada, los pecados que comete a partir de ese momento adquieren una malicia especial pues, como señala el ex – sacerdote Francisco Lacueva, “ya no es un enemigo el que peca, sino un amigo y un hijo, redimido por la sangre de Jesús, lo cual equivale a pisotear la Cruz de Cristo y caer en el estado anterior a la salvación”.
Así que, a pesar de que en el sacramento de la penitencia se perdona la culpa y la pena eterna debida a los pecados “mortales”, aún permanece, dice Roma, la pena temporal por los pecados ya perdonados. Y ¿cómo puede ser expiada esa pena temporal? Uno de los medios, dice Roma, es a través de las indulgencias.
En The Catholic Encyclopedia se define indulgencia como “la remisión del castigo temporal a causa del pecado, la culpa del cual ha sido perdonada”. Esa remisión es posible en virtud del llamado “tesoro de méritos y satisfacciones de Cristo, de María y de los santos”, del cual el Papa es el administrador soberano. De acuerdo con esta doctrina, los santos tienen un superávit de méritos, suficientes para ellos y para otros; haciendo uso de ese superávit se puede cancelar algunos o todos los castigos que el pecado merece.
Aunque Tomás de Aquino enfatizó el hecho de que las indulgencias no constituían en sí mismas el perdón de los pecados, sino que implicaban únicamente la remisión de las penas eclesiásticas y los tormentos del purgatorio, los predicadores de indulgencias no siempre daban tantas explicaciones. En 1477 el Papa Sixto IV confirmó que las indulgencias podían aplicarse también a los difuntos.
Como la guerra contra los turcos y la construcción de la Basílica de San Pedro requerían de una enorme cantidad de dinero, en los días del Papa León X la Iglesia recurrió a una gran venta de indulgencias, concediendo exclusividad en el Imperio Germánico a los dominicos.
Y es así como en Octubre de 1517 llegan estos vendedores a Wittemberg, concediendo indulgencias hasta por pecados que no habían sido aún cometidos. De estos vendedores, uno de los más destacados fue Juan Tetzel, de quién nos ocuparemos, Dios mediante, en nuestra próxima entrega.
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lunes, 27 de julio de 2009
¿Son realmente protestantes y evangélicos todos los "protestantes" y "evangélicos" de hoy?
Por Sugel Michelén
La palabra “protestante” comenzó a usarse para designar a los partidarios de la Reforma del siglo XVI a raíz de la protesta que un grupo de príncipes alemanes presentaron por escrito en la segunda Dieta de Spira, en 1529.
Tres años antes se había resuelto que cada estado se responsabilizara ante Dios, no ante el Emperador, de la religión de sus súbditos y que no se debía poner impedimento a la predicación de la Palabra de Dios.
Pero en la Dieta del 1529 el representante del Emperador anunció que esa ordenanza quedaba revocada y que debía reinstaurarse el antiguo sistema de gobierno eclesiástico con el catolicismo romano a la cabeza. Los príncipes, indignados, entregaron un documento en el que aparecía repetidas veces la palabra “protestamos”, de donde se derivó el apelativo “protestantes”.
Este movimiento reformador del siglo XVI no fue el inicio de una nueva religión, sino la manifestación del deseo de muchos en la Edad Media tardía de que la iglesia fuera restaurada y renovada conforme al patrón bíblico. Por eso el movimiento se mantuvo apegado a las grandes declaraciones de fe del cristianismo histórico.
Descansando en la enseñanza del Nuevo Testamento los reformadores proclamaban que la salvación es un regalo de la sola gracia de Dios y del cual somos hechos partícipes únicamente por medio de la fe en nuestro Señor Jesucristo. De igual modo proclamaban que la Biblia, como revelación inspirada de Dios, es nuestra única regla segura e infalible de fe y práctica.
Andando el tiempo, el término “protestante” comenzó a usarse indiscriminadamente para designar a todos los grupos disidentes de Roma, aún aquellos que no se adhieren a los principios bíblicos sostenidos por la Reforma.
Algo similar ocurrió con el término “evangélico”. Hasta hace un poco más de cien años “evangélico” era aquel que había abrazado de corazón el evangelio de Cristo descansando únicamente en la Biblia como su autoridad doctrinal y práctica. Hoy día son tantos y tan variados los grupos religiosos designados popularmente con estos términos que su significado real se ha perdido casi por completo.
Basta con mirar algunos de los programas televisados que llevan la etiqueta de “cristiano” para darse cuenta que muchos de ellos están presentando un mensaje totalmente diferente del que los verdaderos protestantes y evangélicos predicaban en el pasado. Confieso que me siento indignado y muy avergonzado con mucho de lo que se presenta como cristianismo en los diversos medios de comunicación disponibles hoy día (aunque es justo decir que hay honrosas excepciones).
No tenemos temor de las clasificaciones, siempre que se usen adecuadamente. De lo contrario crearemos mucha confusión y cometeremos graves errores de juicio.
© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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viernes, 3 de julio de 2009
La Centralidad de Dios en la Teología de los Reformadores

Por Sugel Michelén
La Reforma es, sin duda alguna, un evento crucial en la Historia; y no me refiero de manera particular a la Historia de la Iglesia, sino a la Historia sin apellido alguno, sin ninguna especificación particular. El impacto que este movimiento produjo en la Europa del siglo XVI traspasó ampliamente las fronteras de la Iglesia, y vino a ser una fuerza religiosa e intelectual que afectó sensiblemente el pensamiento de la época. La Reforma marcó un hito en la historia, y esto es algo que están dispuestos a reconocer amigos y enemigos del movimiento reformador.
Ahora bien, ¿debemos interpretar este evento como una reforma religiosa o como una revolución social, política y económica? ¿Qué fue en realidad la Reforma Protestante? En el presente artículo (en archivo Pdf) queremos mostrar que la centralidad de Dios es la característica sobresaliente del movimiento reformador del siglo XVI, y las implicaciones de este hecho para la iglesia y el mundo.
© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconozca su autor y procedencia.
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La Reforma es, sin duda alguna, un evento crucial en la Historia; y no me refiero de manera particular a la Historia de la Iglesia, sino a la Historia sin apellido alguno, sin ninguna especificación particular. El impacto que este movimiento produjo en la Europa del siglo XVI traspasó ampliamente las fronteras de la Iglesia, y vino a ser una fuerza religiosa e intelectual que afectó sensiblemente el pensamiento de la época. La Reforma marcó un hito en la historia, y esto es algo que están dispuestos a reconocer amigos y enemigos del movimiento reformador.
Ahora bien, ¿debemos interpretar este evento como una reforma religiosa o como una revolución social, política y económica? ¿Qué fue en realidad la Reforma Protestante? En el presente artículo (en archivo Pdf) queremos mostrar que la centralidad de Dios es la característica sobresaliente del movimiento reformador del siglo XVI, y las implicaciones de este hecho para la iglesia y el mundo.
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jueves, 2 de julio de 2009
La Vida de Juan Calvino

Por Sugel Michelén
Difícilmente se puede exagerar el impacto de Juan Calvino en la Iglesia de Cristo desde la Reforma del siglo XVI hasta nuestros días. Como señala uno de sus biógrafos: “Calvino nació en el sitio adecuado y en el momento oportuno para dar de sí lo que podía dar. Era un hombre de reformas y nació y vivió en épocas de reformas... Un reformador en un siglo de reformas. Un reformador triunfante, puesto que su pensamiento y su acción han dejado una huella básica y profunda.” Por tal razón ofrecemos aquí su biografía (en archivo Pdf) dado que este próximo 10 de Julio se cumplen 500 años de su nacimiento, resaltando la enorme contribución de este hombre considerado con toda justicia el teólogo más importante de la Reforma.
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