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lunes, 26 de octubre de 2009

Defensa de Lutero en Heidelberg


Tan pronto Lutero clavó sus famosas “95 Tesis” en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittemberg, criticando la venta de indulgencias, éstas causaron un gran revuelo; en quince días se propagaron por toda Alemania, y en menos de un mes fueron conocidas por una gran parte de la cristiandad en Europa, donde muchos las recibieron con gozo.

El conocido humanista Erasmo de Rotterdam envió una carta a Lutero en la que le decía, entre otras cosas: “No puedo describir la emoción, la verdadera y dramática sensación que provocan”. Y cuando, un poco más tarde el elector de Sajonia le preguntó su oponión sobre Lutero, le respondió con una sonrisa: “Nada me extraña que haya causado tanto ruido, porque ha cometido dos faltas imperdonables: haber atacado la tiara del papa y el vientre de los frailes”.

Aún en la misma Roma las tesis no fueron recibidas tan mal como pudiera pensarse. Cuando el censor del vaticano, Silvestre Prierias, aconsejó al papa León X que lo declarase un hereje, el papa replicó: “Este hermano, Martín Lutero, tiene un grande ingenio, y todo lo que se dice contra él no es más que envidia de frailes”. Un historiador señala el hecho de que en un principio León X evaluó las tesis como literato más que como papa.

Por supuesto, no todos reaccionaron bien. Tetzel, cuya venta de indulgencias había disminuido considerablemente, escribió una carta llena de acusaciones contra Lutero. Lo mismo hicieron otros, aconsejando incluso que fuese condenado y quemado como un hereje. Así las cosas, el papa envió una carta a Gabriel de la Volta, general de los Agustinos en Alemania, pidiéndole que pusiese fin a esta controversia y que reprendiese a Lutero. Se propuso entonces una reunión que se llevó a cabo del 21 al 26 de abril de 1518 en Heidelberg.

Allí se le dio la oportunidad de presentar una defensa de sus tesis, para cuyo fin Lutero preparó 28 propuestas que llamó “Paradojas”, apoyándose en la Biblia y en las enseñanzas de Agustín de Hipona. En vez de condenar a Lutero, la impresión que causó en Heidelberg fue muy favorable. Martin Bucer, representante de la orden de los Dominicos, escribió: “Lutero posee una gracia muy especial para responder a las preguntas que se le hacen, y también una inalterable paciencia para escuchar... y como ya dijo Erasmo, habla con libertad y sin pretenciones”. Poco a poco Lutero fue ganando simpatizantes que vieron en él un estudioso de las Escrituras y no simplemente un revoltoso.

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