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miércoles, 28 de octubre de 2009

Lutero escribe al Papa León X


Luego del infructuoso encuentro con el cardenal Cayetano en Octubre de 1518, Lutero supuso que pronto sería excomulgado de la Iglesia, por lo que hizo preparativos para emigrar a Francia. El Papa León X, por su parte, insistía al elector Federico el Sabio que lo entregara a Cayetano, pero el príncipe alemán estaba determinado a protegerlo. Así que Lutero continuó enseñando Biblia en la universidad de Wittemberg, donde muchos le oían de buena gana.

El Papa, tratando de resolver esta situación tan enojosa, puso en manos de Karl von Miltitz el encargo de ir a Alemania, ganarse la simpatía del príncipe elector y procurar el apresamiento de Lutero.

Pero en Alemania le esperaban algunas sorpresas. Por un lado, le sorprendió la hostilidad que había contra Roma en contraste con la popularidad cada vez mayor de Lutero; por el otro lado, al entrevistarse con éste quedó impresionado por su inteligencia y capacidad.

La reunión entre ambos (en Enero de 1519) fue muy cordial. Miltitz, sabiendo ya que no podría apresar a Lutero, se limitó a instarle que se abstuviera de todo comentario que pusiera en juego la unidad de la iglesia; pero le dio la razón en lo que respecta a los abusos que se habían cometido con la venta de indulgencias, acerca de lo cual él mismo había amonestado severamente a Tetzel, el monje dominico que había sido encargado de las ventas en Alemania.

Lutero prometió guardar silencio, siempre y cuando sus adversarios hicieran lo mismo. De igual modo, se comprometió a escribir una carta al Papa disculpándose de los ataques que hubiesen podido levantarse contra él en esta controversia.

Lutero envió la carta, acompañada de un folleto dedicado a León X y que tituló “La Libertad del Hombre Cristiano.” La carta era amable, pero firme; en ella instaba al Papa a no prestar atención “a aquellas sirenas que lo elevan como si fuera usted un semidiós en lugar de un mero hombre... Usted es un siervo de los siervos y por encima de todos los hombres tiene un puesto en sumo grado peligroso y delicado. No deje que lo engañen los que pretenden que usted es el señor del mundo...” Y concluía diciendo: “Le obsequio este pequeño escrito, dedicado a su persona, como un augurio de paz y de buenos deseos... Soy un hombre pobre y nada más puedo ofrecerle...”

Pero esa paz no habría de lograrse a menos que Lutero traicionara su conciencia ahora iluminada por la Palabra de Dios. Poco tiempo después Lutero recibiría la bula papal que sellaba su ruptura definitiva con Roma, no sin antes tener la oportunidad de tener un debate con Juan Eck en Leipzig.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.