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lunes, 19 de octubre de 2009

El carácter del hombre llamado al ministerio pastoral

La otra área que debemos evaluar es el carácter del individuo. Así como debe ser irreprochable en el gobierno de su casa, también debe poseer un carácter irreprochable: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro” (1Tim. 3:1-3).

Pablo señala aquí algunas virtudes que deben estar presentes, y algunos vicios que deben estar ausentes, en el hombre que está siendo considerado para el pastorado. ¿Cuáles son algunas de las virtudes que deben estar presentes en un candidato al ministerio?

En primer lugar, un carácter sobrio, moderado, equilibrado, sin excesos. Se trata de una persona que siempre está en sus cabales. Este hombre puede tener buen sentido del humor, pero sabe distinguir cuando es tiempo de reír y cuando es tiempo de estar serio. En otras palabras, es un hombre que tiene suficiente dominio de sí mismo como para actuar por principios y no simplemente por deseos o emociones.

Otra virtud que debe estar presente es la de un corazón amante y generoso. El pastor debe ser hospitalario, dice Pablo. Debe poseer la capacidad de ser sensible, sobre todo hacia aquellos que los demás tienden a olvidar y a pasar por alto; aquellos que probablemente no podrán recompensarle lo que han hecho.

Detrás de esta calificación encontramos un corazón de siervo, que está dispuesto a servir antes que ser servido; un corazón compasivo, que al igual que Cristo, no sólo está dispuesto a sanar al leproso, sino también a tocarlo.

El Señor sanaba a las personas, pero no las trataba clínicamente. Él se compadece de nuestras debilidades, y eso es precisamente lo que Él espera que hagan aquellos que han sido colocados por Él como pastores sobre la Iglesia.

Pero no solo se espera de estos hombres que tengan un carácter sobrio y un corazón amante y generoso, sino también una actitud gentil. Pablo nos dice que el pastor debe ser amable y apacible.

Y ¿cuáles son los vicios que deben estar ausentes de un carácter irreprochable? Básicamente tres: en primer lugar, lo pastores no deben ser sabios en su propia opinión. En Tito 1:7 Pablo dice que el obispo no debe ser un “soberbio”, y esa palabra significa lit. “voluntarioso, arrogante, inflexible, obstinado, testarudo”.

Hombres como estos serían capaces de crear disturbios hasta en una reunión de ángeles. Todo el tiempo insistirán en que las cosas se hagan a su modo, y muy pronto las reuniones pastorales comenzarán a llevarse a cabo en un clima de fricción y de incomodidad.

Por otra parte se nos dice que este hombre no debe ser iracundo y rencilloso; y finalmente, que no debe ser amante del dinero, dado a la codicia. He aquí las virtudes que deben estar presentes y los vicios que deben estar ausentes de un carácter irreprochable.

Pero el pastor no sólo debe mostrar competencia en el gobierno de su casa y un carácter irreprochables, sino también habilidades probadas para enseñar. Aunque es interesante notar que la frase que aparece al final del vers. 2 y que nuestra versión traduce como “apto para enseñar” es una sola palabra que puede ser traducida también como “enseñable”.

Y es que en realidad estos dos conceptos no se excluyen mutuamente; como alguien ha dicho, nadie puede ser apto para enseñar a menos que sea apto para aprender. Las dos cosas deben estar ahí. El siervo de Dios debe tener un corazón enseñable, pero debe poseer también la capacidad de enseñar a otros (comp. Tito 1:9).

Debe tener la capacidad de exhortar con sana enseñanza, y aún convencer a los que contradicen. “Debe tener la habilidad de presentar la verdad inteligentemente y en forma clara, lo suficiente como para que las personas puedan entender lo que está diciendo. Debe poseer en alguna medida la habilidad de comunicar”.

Eso no quiere decir que todos los pastores deben poseer este don en el mismo grado. La Escritura nos enseña que algunos excederán en su capacidad de enseñar y predicar; por eso algunos hombres dentro del cuerpo pastoral deberán ser apartados para que dediquen todo su tiempo y energías al desempeño de esa labor (comp. 1Tim. 5:17).

Pero esto no elimina el hecho de que todo hombre que sea llamado a realizar la labor pastoral debe ser apto para comunicar las verdades bíblicas en una forma efectiva.

Nos restan dos calificaciones más que veremos más brevemente. Los pastores no sólo deben mostrar competencia en el gobierno de sus casas, un carácter irreprochable, habilidades probadas para enseñar, sino también, probada madurez cristiana: “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (vers. 6).

Literalmente, no debe ser un árbol recién plantado, un recién convertido, sino un hombre que posea cierto grado de madurez espiritual; de no ser así esto no sólo podría traer resultados desastrosos para la grey, sino también para él mismo, ya que podría envanecerse y caer en “la condenación del Diablo”, ie. la sentencia que fue pronunciada contra Satanás debido a su arrogancia.

Y finalmente, Pablo menciona también una buena reputación en el mundo (vers. 7). El obispo debe tener un testimonio irreprensible entre los inconversos con quienes tiene o ha tenido contacto.

Ahora, nosotros sabemos que contra los cristianos se levantan muchas veces acusaciones injustas (de ahí la exhortación de 1Tim. 5:19); pero Pablo se está refiriendo aquí a que el obispo debe ser reconocido por la gente del mundo “como un hombre de carácter, un hombre contra el cual no es posible levantar ningún cargo justo, de infamia moral” (Hendriksen; el subrayado es suyo).

He ahí el perfil que la Biblia nos presenta para evaluar los candidatos al ministerio. Y si hay algo claro en estas calificaciones de 1Tim. 3 es que el aspecto primario que debemos evaluar es el carácter del individuo no sus dones y habilidades.

Con esto no estamos diciendo que los dones del individuo no deban ser evaluados o que no sean importantes; de ninguna manera. El pastor debe ser apto para enseñar. Pero si queremos evaluar conforme a los criterios de Dios, nuestro foco de atención primario debe ser el carácter, no los dones.

Los dones pueden y deben ser desarrollados (comp. 1Tim. 4:14-15). Pero de nada nos sirve un hombre un hombre que hable como un ángel y que posea enormes conocimientos bíblicos y teológicos, si al mismo tiempo carece del carácter moral que Dios exalta.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.