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miércoles, 28 de octubre de 2009

El chisme: un pecado que muchos no parecen ver como pecado

A juzgar por lo común de su práctica, aún entre personas que profesan ser cristianas, tal parece que muchos están confundidos con respecto a la naturaleza y malignidad del chisme. Escribiendo acerca de esto, alguien dijo lo siguiente: “Muchos confunden el chisme con la calumnia. La calumnia es un reporte dañino y falso acerca de una persona. [Mientras que] el chisme es propagar cualquier reproche o cosa dañina acerca de una persona, ya sea falsa o verdadera, cuando no hay razón bíblica para que los demás se enteren. Una definición más corta se encuentra en Proverbios: contar secretos ajenos”.

“El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo” (Pr. 11:13). “El que anda en chismes revela secretos, pero el de espíritu leal oculta las cosas” (LBLA).

Estos textos no dicen que el chismoso propaga mentiras, sino que revela secretos, información innecesaria que puede dañar la reputación del otro. Lo mismo vemos en Pr. 17:9: “El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo”. La palabra que se traduce como “falta” significa “defecto, infracción, maldad, ofensa, transgresión”. En este caso parece referirse al individuo que ha sido ofendido o dañado por un amigo, pero en vez de divulgar a otros lo que le ha hecho, cubre su falta.

Al hacerlo de ese modo esta persona está imitando a Dios, en vez de imitar al Diablo. Dios diseñó una obra de redención para cubrir nuestras faltas, mientras el Diablo se encarga de publicarla (la palabra “diablo” significa “difamador”; comp. 1Tim. 3:13 – del gr. diabolos). Cuando descubrimos el secreto de alguien lo estamos desnudando en vez de cubrirlo.

Y el problema se agrava por hecho de que el chismoso siempre encontrará personas dispuestas a escucharlo. Dice en Pr. 18:8 que “las palabras del chismoso son como vacados deliciosos, y penetran hasta el fondo de las entrañas”. Pero no olvides que es un manjar envenenado,y que tan pecaminoso es que lo cuentes a que te deleites en escucharlo.

“El malhechor escucha a los labios perversos – dice en Pr. 17:4, [y] el mentiroso presta atención a la lengua detractora”. Pero del justo se dice en el Salmo 15:3 que no admite reproche alguno contra su vecino.

El artículo que cité hace un momento contiene algunas directrices muy sabias y muy bíblicas en cuanto a lo que debemos hacer con los chismosos. Escuchen algunos:

1. Esfuérzate en no escuchar chismes, aún cambiando de círculo de amigos si es necesario (Pr. 20:19 – “el que anda murmurando revela secretos, por tanto no te asocies con el chismoso”; Pr. 22:3 “el avisado ve el mal y se esconde”).
2. Cuando alguien empiece a contarte algo no edificante acerca de otra persona, interrúmpelo y pregúntale si es algo que la persona no presente probablemente preferiría que no supieras.
3. Pregúntale si tiene permiso de la otra persona para contártelo.
4. Si se está quejando de la otra persona, pregúntale si ya le expresó su queja a esa persona en privado (Mt. 18:15ss). “Trata tu causa con tu compañero, y no descubras el secreto a otro” (Pr. 25:9).
5. Si no es la primera vez que esta persona te cuenta chismes, dile que de ahora en adelante no quieres que lo vuelva a hacer; dile que tú deseas tratar a los demás como a ti te gustaría ser tratado. Y si se trata de un creyente, dile que de continuar haciéndolo tendrás que actuar con él a la luz de Mt. 18:15ss. Recuerda que debes temerle a Dios y no a los hombres.
6. Reflexiona si a veces pides detalles sólo por curiosidad, y proponte no seguir consintiendo tu curiosidad. No pidas sin necesidad secreto de otros.
7. Habla menos; recuerda que “en las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente” (Pr. 10:19).

Pero la mejor decisión que puedes tomar es la de usar tu lengua para hacer el bien. En Efesios 4:29 Pablo no se limita a advertirnos contra las palabras corrompidas, sino que nos exhorta a usar nuestra lengua como un instrumento de gracia: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef. 4:29). En una entrada posterior veremos lo que incluye este aspecto positivo del texto.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

2 comentarios:

Anthony dijo...

Muy buenas tardes Pastor, Dios le bendiga. Mi regunta es la sgte., si algo mal ocurre dentro de la congregacion y yo se lo hago saber a las autoridades de la misma, lo que ya me han dicho hacerca de X hermano seria eso chisme?

Miguel Angel Braga dijo...

Uno de los ejemplos que nos dá Dios en su palabra, acerca del terrible pecado que es el chisme, lo vemos en Genesis cap. 39, donde se nos relata la historia veridica de Jose, uno de los hijos de Israel, y de la mujer de Potifar, su amo, ya que este lo habia comprado de los ismaelitas.
La mujer de Potifar, queria adulterar con Jose; este, siendo temeroso de Dios, no quiso, y le dijo: "¿cómo, pues, haria yo este grande mal, y pecaria contra Dios?". Sin embargo, al ella insistir, el salió huyendo, dejando en las manos hasta la ropa que le habia alado(la ropa externa de aquel entonces, habitualmente era de una sola pieza; tipo vestido).
A pesar de que todo esto pasó asi; esta mujer impia, inventó un chisme tan cruel y de tal consecuencia, que llevó a Jose a la carcel, y pudo haber causado su muerte.
Notemos el enfasis que Dios le dá a las palabras chismosas de esta mujer; verso 13: "Cuando vio ella que que le habia dejado su ropa en sus manos, y habia huido fuera, llamó a los de casa, y les Habló diciendo...". y en el verso 17: "Entonces le Habló ella las mismas Palabras, diciendo...".
Ahora, ¿cual fue la consecuencia de este Chisme? Versos 19 y 20: "Y sucedió que cuando Oyó el amo de Jose las Palabras que su mujer le hablaba...Tomó su amo a Jose, y lo puso en la carcel...". Este Chisme produjo tanto enojo en Potifar, que no quiso ni escuchar sus explicaciones.
¿Cuantos daños hemos procado a otros por nuestros chismes? Confesemos, pues, nuestros pecados, para que con ello evidenciemos que somos realmente cristianos,y que estamos conformando nuestras vidas a la Imagen de Jesucristo.