Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

martes, 10 de noviembre de 2009

El nacimiento de Lutero y la Caída del muro de Berlín


El 10 de Noviembre de 1483, hace 526 años, nació Martín Lutero en la aldea alemana de Eisleben; el 9 de Noviembre de 1989, también en Alemania, cae el muro de Berlín, hace 20 años. En la providencia de Dios, ambos eventos guardan cierta relación histórica, aunque no se encuentren directamente relacionados.

Con el surgimiento de la Reforma Protestante, la hegemonía del catolicismo fue destruida en Europa trayendo un clima de libertad religiosa que contribuiría a forjar el mundo moderno. Con la caída del muro caía también el socialismo, dando por concluida la guerra fría y un poderoso impulso a la globalización, con sus aspectos positivos y negativos.

Dos eventos históricos separados en el tiempo por poco más de 500 años, pero que habrían de cambiar para siempre la historia del mundo. Ayer se recordaba la caída del muro con bombos y platillos; no espero que hoy se recuerde con el mismo entusiasmo el nacimiento de Lutero.

Sin embargo, si comparamos la Reforma con la caída del muro de Berlín, sin duda alguna el primer evento ha sido mucho más trascendental que el segundo. De 1989 hasta hoy otros muros han sido levantados, mientras otros que ya existían han sido reforzados, muros que continúan dividiendo la raza humana y sembrando el odio racial y el terror.

Y es que la esperanza del mundo no radica en un cambio de vientos políticos, sino en ese mensaje centrado en la Persona y en la obra de nuestro Señor Jesucristo, por medio del cual fue derribado el muro infinitamente alto que nos separaba de Dios y de los demás seres humanos.

Fue por causa de Cristo, no por causa de Gorbachov ni por ningún otro líder político, que se ha operado el verdadero cambio que el mundo necesita. Ese cambio continúa al alcance de todo ser humano que, arrepentido de sus pecados, descansa únicamente en Cristo y en Su obra. Fue ese mensaje esperanzador el que la Reforma Protestante convirtió en su grito de batalla, una batalla en el que los vencidos son salvados, no destruidos.

No espero grandes celebraciones en este día por el nacimiento de Lutero, ni por el surgimiento de la Reforma Protestante; pero aprovecho la ocasión para exaltar al Dios de la historia, que algún día derribará todo gobierno humano, llevando a su consumación el reino eterno que Cristo trajo consigo. Que a Él, y sólo a Él, sea toda la gloria, la honra y el honor por los siglos de los siglos.


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