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jueves, 19 de noviembre de 2009

Ministrando eficazmente a los jóvenes: La fragmentación generacional y el relativismo postmoderno

Otro de los elementos que han incidido en nuestra visión de la juventud hoy día es lo que yo he llamado “la fragmentación generacional”. Como vimos en la entrada anterior (“El mito de la adolescencia”), según el psicólogo y educador evolucionista Stanley Hall, se supone que cada generación necesita romper con la anterior, dando por sentado que los jóvenes deben tener su propio espacio y guardar cierta distancia de los adultos.

Esto es algo que no siempre se dice de este modo, pero es una presuposición que está ahí, y que ha llevado a muchos ministerios a fragmentar la iglesia en grupos de interés, en vez de procurar que actuemos como un cuerpo, donde cada parte contribuye al bienestar espiritual del resto.

Leí recientemente la historia de una iglesia que celebraba cada domingo un culto paralelo para jóvenes en el local de la escuela que estaba al lado. Las familias llegaban juntas al edificio de la iglesia, pero entonces los jóvenes se iban a su iglesia de jóvenes hasta los 16 años de edad, y los adultos a su iglesia de adultos.

Todo parecía funcionar bien. Los niños y los jóvenes disfrutaban de un programa adaptado para su edad, mientras los adultos disfrutaban del servicio sin ser perturbados por los niños y los jóvenes.

El problema fue que al llegar a los 16 años todos los jóvenes sin excepción se iban de la iglesia. No sabían cómo hacer la transición, sino que más bien fueron reforzados en esa cultura de segregación.

El tercer elemento cultural que ha incidido profundamente en nuestros jóvenes es el relativismo postmoderno.

El término “postmodernidad” comenzó a ser usado a finales de la década de los 70, para referirse al profundo cambio cultural que se había venido experimentando en occidente, sobre todo a partir de la década de los 60s.

Como su nombre lo indica, la postmodernidad se trata de una reacción al período histórico que hoy conocemos como “modernidad”, en el cual el hombre rechazó la autoridad de la Biblia y de la iglesia, para poner toda su confianza en la capacidad del raciocinio humano y en la ciencia para alcanzar conocimiento verdadero.

El hombre moderno creyó haber encontrado en la ciencia el instrumento a través del cual la humanidad habría de alcanzar un desarrollo sin precedente en la historia. De hecho, a finales del siglo XIX se esperaba con mucha expectativa la llegada del siglo XX, donde muchos de los problemas que habían acosado al hombre a través de la historia serían finalmente solucionados.

Pero ¿qué sucedió? Que no bien habíamos estrenado el 1900 cuando estalló la Primera Guerra Mundial.

• La I Guerra Mundial (1914-1917). Cerca de 9 millones de muertos, a un promedio de más de 6 mil muertos por día.
• Los avances tecnológicos fueron usados para diseñar armas de guerra más mortíferas que nunca.
• La Gran Depresión (1929).
• La llegada del Tercer Reich de Hitler en Alemania y del Fascismo de Mussolini en Italia.
• La II Guerra Mundial (1939-1945). 60 millones de muertos más.
• El Holocausto nazi.
• La Bomba Atómica sobre Hiroshima y Nagasaki (el 6 y el 9 de Agosto de 1945 respectivamente).

El siglo XX ha sido, sin duda, uno de los más violentos de toda la historia humana. Eso trajo como resultado una desilusión creciente en las promesas de progreso de la Ilustración.

Y es sobre la base de esa desilusión que se construye la postmodernidad. El hombre postmoderno mantiene el rechazo a la autoridad de la Biblia y de la iglesia, pero se ha dado cuenta que tampoco puede confiar ciegamente en la razón humana. El problema es que no encontraron nada con qué sustituirla, excepto la intuición y el sentimiento. Ahora se aconseja que cada cual siga su corazón.

Por supuesto, si cada cual debe seguir los dictados de su corazón, entonces no debemos aceptar absolutos de ningún tipo: ni en el terreno del conocimiento, ni en el de la moral, ni en el de los valores humanos. Ahora todo es relativo.

Cada cual tiene derecho a forjarse su propia opinión de las cosas; y cualquiera que se atreva a creer dogmáticamente que algo debe ser universalmente aceptado como verdadero es un intolerante.

He ahí, en pinceladas muy generales, algunos de los elementos que han incidido negativamente en la generación a la que nos ha tocado ministrar a principios del siglo XXI.

La pregunta que debemos hacer ahora es ¿cuál es el impacto que estas presuposiciones están teniendo en el concepto que muchos tienen hoy sobre la forma cómo debemos ministrar a los jóvenes en la iglesia? Espero responder esta pregunta en una entrada posterior.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

1 comentario:

Alter ego dijo...

La Biblia dice en Jeremías 17:9-10 "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras." Ay de aquel que siga sus sentimientos y vanos razonamientos en vez de a Cristo y que se someta a ellos en vez de al Señor y a su palabra!