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miércoles, 18 de noviembre de 2009

El mito de la adolescencia


Si hay algo que parece ser una preocupación común en muchos líderes eclesiásticos en el día de hoy, así como en muchos padres cristianos, es cómo mantener en nuestras iglesias a los jóvenes que han crecido en ella y cómo alcanzar a los que están fuera.

La gente joven no ha dejado de ser “espiritual” a su manera, pero al mismo tiempo parecen manifestar una profunda antipatía hacia la religión organizada, lo mismo que hacia el liderazgo tradicional y hacia las iglesias tradicionales.

Por tal razón muchos piensan que si queremos alcanzar esa generación, y la que viene subiendo, tendremos que hacer cambios dramáticos en la forma como concebimos la iglesia y como llevamos a cabo nuestros ministerios.

Sin embargo, lo cierto es que la iglesia de Cristo ha permanecido en pie por casi 2 mil años, y no ha tenido que estar ajustando su mensaje ni sus principios para seguir alcanzando a las nuevas generaciones.

¿Acaso debemos suponer que los jóvenes de hoy son distintos a los de antes? ¿O será más bien que nosotros hemos adoptado un concepto errado de la juventud, sobre todo de la adolescencia, que está incidiendo profundamente en nuestra visión de los ministerios de jóvenes en la actualidad?

No hay duda de que la sociedad occidental ha sufrido cambios conceptuales en las últimas décadas, sobre todo a partir de la década de los 60s; y es indudable que esos cambios han influido en la manera como la iglesia intenta alcanzar a los jóvenes con el evangelio.

Uno de cambios conceptuales profundos es el mito de la adolescencia. Como bien señala Rick Holland: “Nuestra generación ha asumido una perspectiva de los adolescentes que debe ser demitologizada a la luz de la Escritura… El concepto de la adolescencia ha llegado a ser tan común que pocos se han detenido a desafiar su definición o legitimidad”.

Para muchos puede ser una sorpresa saber que el concepto que hoy tenemos de la adolescencia es relativamente novedoso. No fue sino hasta 1904 que el educador y psicólogo evolucionista Stanley Hall publicó el primer tratado, conocido a la fecha, que señala la “adolescencia” como una etapa particular en el desarrollo de los seres humanos.

En toda la historia humana nunca antes se había dividido el desarrollo del hombre en tres etapas: niñez, adolescencia y adultez. Esto es algo exclusivo del siglo XX. Christopher Schlect nos explica al respecto que Stanley Hall creía que los adolescentes “debían ser separados de aquellos que eran más jóvenes y más mayores que ellos. Más aún, igual que la mayoría de los evolucionistas, Hall también enseñó que cada generación es, o debe ser, superior a la generación anterior y, por lo tanto, necesita romper con aquellos que le preceden. En términos prácticos, este pensamiento ha venido a significar que la rebeldía es el destino de la juventud. Hall, y muchos psicólogos sociales después de él… consideran esta rebelión como algo positivo”.

Por otra parte, este nuevo concepto de la adolescencia ha traído consigo otros problemas que han afectado la manera como la sociedad mira hoy a los adolescentes y como ellos se ven a sí mismos.

En un libro que rastrea el origen de ciertas palabras que han moldeado la forma de pensar de la sociedad norteamericana contemporánea, el autor dice lo siguiente con respecto a la palabra teenager: “En la primera mitad del siglo XX, hicimos un sorprendente descubrimiento. ¡Había teenagers entre nosotros! Hasta ese momento, habíamos pensado que las personas sólo pasaban por dos etapas: la niñez y la adultez. Y aunque la infancia tiene sus momentos tiernos, la meta del niño era crecer lo más pronto posible para poder disfrutar de las oportunidades y asumir las responsabilidades de un adulto”.

Aquí debemos añadir otro ingrediente que en sí mismo fue una bendición, pero que conectado con estas nuevas ideas de la adolescencia han venido a ser un problema. A principios de los 1900, fueron aprobadas varias leyes que tenían la intención de proteger a los niños del trabajo duro al que muchos eran sometidos, al mismo tiempo que la educación escolar vino a ser obligatoria.

Y gracias al Señor que esto fue así. El problema es que poco a poco los muchachos fueron asumiendo cada vez menos responsabilidades y convirtiéndose cada vez más en consumidores pasivos. Y lo que es todavía peor, el mundo comenzó a girar en muchos sentidos alrededor de estos adolescentes consumistas.

Piensen por un momento en la industria del entretenimiento – el cine, la música, la TV, la moda, y un montón de cosas más; la mayoría de esas cosa giran en torno a las preferencias del público adolescente.

Esto ha contribuido a fortalecer la idea de que los años de la adolescencia es una especie de vacaciones antes de entrar a la etapa de la adultez en la que tenemos asumir muchas responsabilidades. Según esta forma de pensar, los adolescentes son incapaces de manifestar competencia, madurez o productividad.

Y el asunto se ha complicado aún más en los últimos años, porque hemos añadido otra categoría que no sé cómo llamarla en español, pero en un artículo que apareció en la revista Time hace un tiempo atrás se les llama en inglés kidults, una mezcla de kid and adults: “muchacho y adulto al mismo tiempo”.

El artículo de Time los describe como hombres y mujeres hechos y derechos “que todavía viven con sus padres, y que visten, hablan y fiestean como cuando eran adolescentes; saltando de trabajo en trabajo y de cita amorosa en cita amorosa, divirtiéndose pero dirigiéndose al parecer hacia ningún lado”.

Terri Apter, psicóloga de la Univesidad de Cambridge, dice: “Legalmente son adultos, pero se quedan en el umbral, a las puertas de la adultez sin atravesarla”. Esto no es más que una consecuencia lógica de haber abrazado el mito de la adolescencia. Si, después de todo, la adolescencia es una edad para divertirse, y la adultez para tomar responsabilidades, ¿por qué no extender esa etapa lo más que podamos? ¿Por qué tenemos que concluirla arbitrariamente al terminar el bachillerato o cumplir los 20 años de edad?

Creo que esa perspectiva de la adolescencia es parte de ese molde al que no debemos conformarnos, como dice Pablo en Rom. 12:2. La visión que la Biblia nos da de los jóvenes es muy distinta a la que la sociedad en general acepta en el día de hoy:

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1Cor. 13:11).

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (1Cor. 14:20).

Pablo menciona únicamente dos etapas en la vida: la niñez y la adultez. En otra entrada más adelante espero que veamos algunas implicaciones de la perspectiva que tenemos de los adolescentes y la forma como les ministramos.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

5 comentarios:

Jorge Enrique dijo...

Hemos intuído por la cultura mundana que el adolecente goza de cierta permisividad para pecar y no acogerse espiritualmente a Cristo y les excusamos por su edad. Interesante articulo, digno de reflexion y arrepentimiento verdadero por pretender vivir la vida de acuerdo al molde del mundo y no al de la infalible Palabra de DIOS.

Sugel Michelén dijo...

Gracias por su nota de aliento. Lamentablemente, en muchas áreas de la vida de la iglesia tomamos decisiones pragmáticas, no bíblicas.

alechurch dijo...

Un Aplauso!! Muy bueno el artículo. Hace rato había escuchado esta idea en boca de Paul Washer, pero nunca la había visto desarrollada y me alegra mucho ver que usted se ha propuesto eso aquí.

Mi edad es de 22 años y he sufrido, tanto en la iglesia a la cual asistí como en mi familia (cristiana) el hecho de disfrutar de una libertad excesiva en ciertos aspectos.

Con decirle q desde hace un año Dios me empezó a mostrar las profundidades de su evangelio. Este año he aprendido de la Biblia todo lo q no aprendí en mi "adolescencia" por que me consideraban como tal.

Un gran abrazo.
Siempre leo su blog.

OmAr dijo...

Excelente artículo pastor Sugel. El post-modernismo nos ha llevado a tomar por verdades muchas cosas que no lo son, de acuerdo a la perfecta Palabra de Dios. Muchas de las definiciones, realidades y esquemas de pensamiento, no son sino una mera invención de la mente humana. Este es el tipo de engaño que el enemigo de nuestras almas quiere que sea común en toda la humanidad,

Sugel Michelén dijo...

Me gozo en ver que muchos están despertando a la realidad de aquellos conceptos mundanos que muchos creyentes asumen sin pasarlos por el filtro de la revelación bíblica. Gracias por vuestros comentarios; me animan a seguir publicando entradas sobre el tema.