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jueves, 25 de junio de 2009

El pescador obtuso

Por Sugel Michelén

Muchas personas creen erróneamente que el meollo del conflicto entre el teísmo y el naturalismo es un antagonismo entre religión y ciencia, cuando se trata en realidad de dos creencias en pugna. Mientras los teístas afirman que hay un Dios trascendente y personal que creó el universo, los naturalistas insisten en que el universo puede ser explicado en términos puramente naturales.

El astrónomo norteamericano Carl Sagan resume el credo del naturalismo en la frase con que iniciaba cada episodio de la serie televisiva Cosmos, que vino a ser sumamente popular hace unas décadas: “El cosmos es todo lo que existe, lo que siempre existió y lo que siempre existirá”. Según esta perspectiva no existe nada más aparte del universo que explique la existencia del mismo, como si se tratara de una entidad infinita, eterna y omnipotente, atributos que la Biblia otorga únicamente a Dios.

Ahora bien, esta declaración, aunque dicha por un hombre de ciencia, debe ser tomada como una declaración de fe y no como una conclusión científica. La ciencia tiene sus límites en el campo del conocimiento. Es erróneo pensar que ésta pueda explicarlo todo y más erróneo aún presuponer como inexistente todo lo que esté fuera del alcance de la investigación científica.

Es imposible de probar científicamente que el universo es todo lo que hay, todo lo que ha habido y todo lo que habrá. La falacia de este concepto es ilustrada en la famosa parábola del físico Arthur Eddinton, sobre un pescador que pescaba con una red con aberturas de 10 cm., y que había llegado a la conclusión de que no existían peces más pequeños. Cuando alguien le dijo haber visto peces de 5 cm., el pescador obtuso le respondió: “¡Si mi red no lo captura no es un pez!”.

“Toda red científica – dice John Lennox – tiene su tamaño de malla, y no existe ciencia que lo capte todo”. Aquellos que afirman que la ciencia es el único medio seguro de adquirir conocimiento, no tienen más opción que creer esto por fe y contradecirse a sí mismos, porque tampoco podemos probar científicamente que la ciencia es el único medio de adquirir conocimiento seguro y objetivo.

John MacArthur está en lo cierto cuando afirma que toda la filosofía naturalista descansa “en una premisa basada en la fe… La ciencia sólo se ocupa de cosas que pueden ser observadas y reproducidas por experimentación. Por definición, la ciencia no puede darnos conocimiento alguno acerca de cómo llegamos a existir en este planeta. La creencia en la teoría evolutiva es un asunto de pura fe, y la creencia dogmática en cualquier teoría naturalista no es más ‘científica’ que cualquier otro tipo de fe religiosa”.

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