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martes, 19 de enero de 2010

Terremoto en Haití: La respuesta del Dios destronado

Habiendo visto en la entrada anterior la respuesta del ateísmo cuando ocurren tragedias como las de Haití, hoy quiero que veamos la que yo he llamado “la respuesta del Dios destronado”.

Algunas personas creen que le hacen un “favor” a Dios despojándolo de Su soberanía y de Su control absoluto sobre todo lo que ocurre en el mundo. De manera que cuando ocurren desastres naturales como este terremoto, o el horror del holocausto Nazi, ellos “defienden” a Dios diciendo que la providencia divina no incluye el mal.

Hace unos años el rabino Harold Kushner publicó un libro titulado: “Cuando a los buenos les pasan cosas malas”. Kushner quedó muy afectado emocionalmente por la pérdida de un hijo, al punto de que le llevó a poner en duda su fe judía. Finalmente llegó a la conclusión de que Dios no pudo evitar la muerte de su hijo.

Puedo adorar – decía él – a un Dios que odie el sufrimiento pero no es capaz de eliminarlo, mejor que adorar a Dios que elige a niños para que sufran y mueran”.

Pero esa respuesta es totalmente contraria a lo que Dios dice de Sí mismo en Su Palabra, y a final de cuentas crea más problemas del que pretende resolver.
La providencia divina no puede ser limitada de ese modo:

“Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Ex. 4:11).

“Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:10).

“Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto” (Is. 45:5-7).

“¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” (Am. 3:6).

Aunque Dios no es autor de pecado (Sant. 1:13), el pecado no está fuera de Su control. Como tampoco están fuera de Su control los desastres naturales. De lo contrario no podríamos estar seguros de que Dios llevará a cumplimiento Sus propósitos santos y sabios con el mundo y los hombres que Él creó.

Como dice Donald Carson: “Quizás lo más importante de todo es el hecho de que este tipo de dios no puede ofrecernos ningún consuelo. La creencia en un Dios omnipotente acarrea todo tipo de preguntas difíciles sobre cómo un Dios así, si es bondadoso, puede permitir el mal y el sufrimiento, pero también proporciona la promesa de ayuda, alivio, una respuesta, una perspectiva escatológica. Abandonar la creencia en la omnipotencia divina puede “resolver” el problema del mal, pero el precio es enorme: el dios resultante es incapaz de ayudarnos. Puede que logre manifestarnos su compasión, incluso dolerse con nosotros; pero está claro que no puede ayudarnos, ni ahora ni en el futuro”.

El Dios que se revela en las páginas de las Escrituras es un Dios soberano, y Él hará Su voluntad en toda Su creación a pesar del pecado humano y a través del dolor y el sufrimiento.

En la próxima entrada pasaremos a considerar una perspectiva bíblica del terremoto.


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