Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

martes, 5 de enero de 2010

Algunas lecciones de la providencia aflictiva por la que pasó recientemente el pastor Saladín

En el día de ayer posteamos el recuento de los hechos que hizo el pastor Saladín este domingo pasado en nuestra iglesia (IBSJ) de la situación por la que atravesó recientemente. Estas son algunas de las lecciones bíblicas que el pastor compartió con nosotros a la luz de esta experiencia aflictiva (estas notas han sido abreviadas y editadas; si desea escuchar el mensaje completo puede hacerlo en audio o en vídeo en el site de IBSJ o GraciaTV respectivamente).

Mientras más viajamos por la autopista de la vida, más cuenta nos damos que es un viaje de fe, un viaje en el cual dependemos de la guía de Dios para enfrentar los problemas y situaciones que se presentan.

Un viaje en el cual somos sostenidos por la gracia de Dios en cada paso que damos, como han sido sostenidos muchos hijos de Dios que, de generación en generación, han viajado por este mundo experimentando la guía que Dios les ha dado a través de Su Palabra y Su Espíritu.

A. Debemos poner siempre nuestros planes en la presencia de Dios porque no sabemos que será del día de mañana.

Santiago nos advierte en su epístola 4.13-17: “¡Vamos ahora!, los que decís: «Hoy y mañana iremos a tal ciudad, estaremos allá un año, negociaremos y ganaremos», 14cuando no sabéis lo que será mañana. Pues ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. 15En lugar de lo cual deberíais decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».”

Santiago nos recuerda que:

1) La vida es incierta (vers. 13-14ª). Siempre debemos poner a Dios en nuestros planes y estar dispuestos a que se haga Su voluntad y no la nuestra. Estas personas de las que habla Santiago: 1) Escogían su propio momento para hacer negocios: hoy y mañana; 2) Su propio lugar: tal ciudad; 3) El tiempo que iban a negociar: un año; 4) Escogieron el tipo de negocio: traficaremos, comerciaremos de una región a otra; 5) Escogieron su propio objetivo: ganaremos (dinero)

Pero Santiago les dice: No sean unos presuntuosos, no sean insensatos, no hagan planes como si ustedes fueran dueños de sus vidas, como si fueran omnipotentes, no dejen a Dios fuera de sus planes (comp. Pr. 27:1; Lucas 12.16-21).

2) La vida es breve (vers. 14b): “Pues ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece”.
La vida es transitoria como la neblina que vemos en la mañana y luego desaparece, es como el vapor que sale de una taza de café, como el humo de una hoguera, o el vapor de nuestra respiración, que se ve levemente en un día frío.

B. Recuerda que Dios es Soberano (y nosotros no lo somos).

Vers. 15: En lugar de lo cual deberíais decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Debes aprender que todos los planes del ser humano están determinados y dirigidos por Dios, quien es Soberano. Él reina como monarca sobre todas las cosas grandes y pequeñas por igual (comp. Ex. 15:18; Sal. 47:2; Sal. 93:1-2; Dan. 4:35).

Ya sea que lo entendamos o no, Dios es SOBERANO en todos los eventos que ocurren en nuestras vidas, y no hay nada que suceda sin que Él lo ordene y sin que esté más allá de Su capacidad para resolverlo.

Él tiene un control absoluto sobre toda Su creación y hace que todas las cosas obren para Su gloria y el bien de Su pueblo. Él está trabajando continuamente en cada aspecto y momento de nuestras vidas, aun en aquellos eventos que llamamos: problemas, pruebas, aflicciones, adversidades, tormentas. Nada puede suceder en este universo que Dios no haya permitido u ordenado que sucediera.

• Eclesiastés 7:14 (BLA). Alégrate en el día de la prosperidad, y en el día de la adversidad considera: Dios ha hecho tanto el uno como el otro para que el hombre no descubra nada que suceda después de él.
• Isaías 45:7: Yo soy el Señor y no hay otro; el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades, Yo soy el Señor, el que hace todo esto.
• Lamentaciones 3:37:38: ¿No salen de la boca del Altísimo tanto el mal como el bien?
• Mateo 10:29-31: ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre. 30Pues bien, aun vuestros cabellos están todos contados. 31Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

A pesar de eso, Dios nunca es autor del pecado. Aunque los intentos y acciones pecaminosas de otros sirvan a Sus propósitos, no nos puede llevar nunca a decir que Dios ha inducido a alguien a pecar. Dice la escritura que Dios es muy limpio de ojos para ver el mal.

Dios es soberano, pero es un Dios tres veces santo que aborrece el pecado, por eso no podemos culpar a Dios por nuestro pecado o por el daño que el pecado de otros nos ocasiona, ya que cada uno de nosotros es totalmente responsable por lo que es, por lo que hace y por lo que dice.

• Santiago 1:13-14: Cuando alguien es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni el tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de acuerdo a su propia concupiscencia es atraído y seducido.

C. La soberanía de Dios le da sentido a nuestros problemas.

Si las cosas que nos ocurren no son fruto del azar o del destino, sino de la mano del Dios Soberano, entonces los problemas no son una tragedia de la existencia humana, sino que hay un propósito y un significado para nuestras luchas, nuestros problemas, nuestras tristezas.

Si Dios es el gobernante #1 del universo, y todo lo que ordena o permite que ocurra en nuestras vidas es para Su gloria y nuestro bien (comp. Sant. 1:2-5; Fil. 1:12-18).

Cuando decimos que todo obra para bien no estamos diciendo que a todos los creyentes Dios les va a dar dinero, salud, una familia y muchas cosas más, sino que el plan de Dios es formar a Cristo en nosotros (comp. Rom. 8:28-29; 1Jn. 3:2).

Somos una obra en proceso, y el constructor, que es Dios, es Omnipotente, de manera que no hay nadie que pueda detener esa obra que Él está haciendo y que va a completar conforme a Su voluntad.

Cuando Dios empieza un proyecto, Él lo completa. Así como ayudó a los filipenses Él te va a ayudar a crecer en Su gracia hasta que Su trabajo sea completado en tu vida.

Cuando estés desalentado recuerda que Dios no va a dejarte solo. Él nos ha prometido que terminará la obra que ha empezado en ti y en mi. Cuando te sientas incompleto, sin terminar o decaído por las aflicciones, por tus flaquezas y pecados, recuerda y ten confianza en las promesas y la provisión de Dios. No dejes que tu condición presente te robe el gozo de conocer a Cristo cada vez más íntimamente.

Los caminos de Dios son misteriosos. Aun cuando nuestras circunstancias externas son espantosas, horrendas, quizás cuando no parece haber ninguna esperanza desde nuestra perspectiva. En ese momento Dios está purificando y renovando nuestro hombre interior, preparándonos para nuestra glorificación, que es nuestro último bien.

No importa qué ocurra en nuestras vidas como hijos de Dios, la providencia de Dios usa todo para nuestro bien temporal y eterno, muchas veces preservándonos de tragedias y otras veces enviándonos a través de ellas para acercarnos más a él (comp. Deut. 8:15-16).

D. La gracia soberana de Dios me da el poder para seguir adelante en medio de los problemas, en medio de las dificultades, en medio de los muchos obstáculos que encontramos en este mundo.

Nos recuerda que Dios está con nosotros. Isaías 41.10: No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Salmo 46.1-3: Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza.

La gracia que nos sostiene es la gracia soberana del Dios Omnipotente. Es la gracia que nos fortalece en medio del dolor, del sufrimiento, de las perdidas, la gracia que vence todos los obstáculos, la gracia que nos mantiene corriendo la carrera cristiana. La gracia que nos recuerda que Dios siempre está con nosotros, la gracia que nos hace ver los buenos propósitos de Dios en medio de nuestras pruebas, la gracia que nos mantiene en santidad, la gracia que nos llevara al cielo. Esa es nuestra confianza para el futuro.

Conclusión:

A. Debemos esperar en Dios.

Esperamos en Dios cuando nuestras almas, calladas y pacientemente, miran a Dios para ser liberadas de la situación en que nos encontramos, y eso en Su tiempo y a Su manera, sin murmurar o desesperarse, y sin utilizar practicas que son pecaminosas. (Mathew Pool).

Debemos esperar en Dios, no en nuestros amigos, consejeros, doctores, o esperar en cierta clase de suerte. Dios nos dice que debemos esperar y confiar en Él solamente, no en las cosas de este mundo. No es poner parte de nuestra confianza en las cosas de este mundo y parte en Dios. Sino que es Esperar en Él, y en nadie más. Esto implica rechazar toda confianza carnal (comp. Sal. 62:1-2, 5-8; Is. 64:4).

Todo lo que necesitamos es que Jehová actúe por nosotros. Que pelee nuestras batallas. Necesitamos que Él venga, que actúe por nosotros con todo su poder. Que extienda su brazo para ayudar a quienes esperan en Él.

Lamentaciones 3:25-32: “Bueno es Jehová a los que en El esperan, al alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su mejilla en el polvo, por si aun hay esperanza; de la mejilla al que lo hiere y sea colmado de afrentas”.

• Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. No estarse quejando ante todo el mundo diciendo lo que has pasado. No compararnos con otros, tener ansiedad, preocupación, NO, NO, NO.
• Debemos esperar en Dios con paciencia, en silencio y sumisión a la Providencia divina hasta que Él cumpla Su propósito en nosotros y Su nombre sea glorificado.
• Esperar en Dios es estar dispuestos a tener Su yugo sobre nosotros en humillación y sumisión. Razón de esto: v. 28: Es Jehová quien se lo impuso y todo lo que Él decreta es bueno.

1)Es bueno porque nos lleva a poner nuestra atención en los temas centrales de esta vida. Nos lleva a ver las cosas esenciales como lo que son ESENCIALES. No lleva a ver lo tonto que es tratar de vivir como si fuéramos autónomos o individuos independientes. Es bueno porque nos lleva a depender de Dios en cada aspecto de nuestras vidas. Nos lleva a tener las prioridades correctas.

2) Es bueno porque nos da un contacto cercano y sostenido con Dios que de otra manera no tendríamos. Generalmente las personas en prosperidad tienden a apartarse de Dios. En la aflicción vemos nuestro pecado y nuestra maldad, y aprendemos a depender de Él.

3) Es bueno porque el propósito de Dios puede ir más allá que resolver la situación en que te encuentras. Va más allá del problema familiar, del problema con tu hijo, con tu matrimonio o trabajo.

B. Debemos apreciar en su justa dimensión lo que Cristo hizo por nosotros.

Cuando uno está detenido, aun sabiendo que va a salir libre bajo fianza, uno siente mucha soledad. Pero en el caso de Cristo, Él se entrego, el justo por los injustos para llevarnos a Dios aún sabiendo que tenía que beber el cáliz de la ira de Dios en nuestro lugar y lo hizo.

C. Debemos gozarnos en nuestra salvación por el perdón que Dios nos ha otorgado de todos nuestros pecados.

Cuando supimos que el caso había sido desestimado, todos nos pusimos muy contentos. Y esto es algo que ocurrió aquí en la tierra, donde solo estamos de paso, donde las cosas son temporales, donde la persona que está presa tiene la esperanza de salir algún día o de morirse y que se acabe esa prisión.

Medita en esto: Todo aquel que ha confiado en el Señor Jesucristo para salvación ha obtenido la liberación espiritual del pecado y de la muerte y ahora posee la vida eterna.

• Juan 5.24: »De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.
• Romanos 8.1: Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, 2porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.