Misión del Blog

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martes, 25 de agosto de 2009

Cinco elementos clave de la adoración a Dios, según James M. Boice


Esta entrada fue traducida del libro Give Praise to God (pg. 18-20).

En años recientes, he notado la presencia decreciente, y en otros casos la total ausencia, de elementos del servicio que siempre han estado asociados con la adoración a Dios.

Oración. Es casi inconcebible para mí que algo llamado adoración pueda ser llevado a cabo sin una oración significativa, pero eso es precisamente lo que está sucediendo. Usualmente hay una oración corta al principio del servicio, aunque hasta eso se está esfumando. Está siendo reemplazada con una salutación de compinches para hacer que la gente se sienta bienvenida y relajada. A veces exhortan a la gente a voltearse y darse la mano con aquéllos que le quedan al lado en sus asientos. Otra oración que generalmente es omitida es la oración de la ofrenda. Podemos entender que, como ya sabemos, amerita la intervención del Dios Todopoderoso para que la gente egocéntrica dé suficiente dinero para mantener la iglesia en su marcha. Pero las oraciones más largas- las oraciones pastorales- están desapareciendo. ¿Qué pasó con el acróstico de ACTS (siglas del libro de Los Hechos en ingles), en el que A es para adoración, C para confesión, T para acción de gracias (thanksgiving) y S para súplica?

¿Y qué pasa cuando Mary Jones va a tener una operación y la gente lo sabe y piensa que se debe orar por ella? Con frecuencia las oraciones por estas personas son presentadas en la oración por la ofrenda, porque no hay otro espacio para esto en el servicio. ¿Cómo podemos decir que estamos adorando si ni siquiera estamos orando?

La lectura de la palabra. La lectura de cualquier porción sustancial de la Biblia también está desapareciendo. En el tiempo de los puritanos, los ministros regularmente leían un capítulo del Antiguo Testamento y uno del Nuevo. Los estudiantes de Biblia se benefician del comentario bíblico de seis volúmenes de Matthew Henry. Pero nosotros no debemos olvidar que el comentario fue el producto de las lecturas de Henry en las Escrituras, no de sus sermones. Su congregación recibió estos comentarios extensos sobre la lectura de la Biblia en adición al sermón. Pero nuestras lecturas de la Escritura se están haciendo cada vez más cortas, algunas veces solamente dos o tres versículos, en caso de que llegue a leerse la Biblia. En muchas iglesias no hay ni siquiera un texto para el sermón. Cuando yo era niño en una iglesia evangélica, a mí me enseñaron que en la Biblia Dios nos habla a nosotros y en la oración nosotros le hablamos a Dios. Entonces, ¿qué está sucediendo en nuestras iglesias que ni oramos ni leemos la Biblia? Lo que sea que esté pasando, no es adoración.

La exposición de la palabra. Hoy tenemos muy poca enseñanza seria de la Biblia, por no mencionar las exposiciones cuidadosas. En vez de esto, los predicadores tratan de ser personales, contar historias jocosas, sonreír y sobre todo evitar temas que puedan causar que la gente no se sienta feliz con la iglesia del predicador y se vaya. Un predicador sumamente popular de la TV no menciona el pecado, porque él piensa que esto hace que la gente se sienta mal. Él dice que la gente ya se siente suficientemente mal acerca de ellos mismos. Los predicadores hablan sobre necesidades que se sienten, no necesidades reales, y esto generalmente significa decirle a la gente solamente lo que ellos quieren escuchar. Los predicadores quieren ser agradables, populares o proveer un buen entretenimiento. Y, por supuesto, ¡quieren ser exitosos!

¿Es el éxito una meta bíblica apropiada para los ministros de Cristo, para siervos de Aquél que nos instruyó a negarnos a nosotros mismos, a tomar nuestra cruz diariamente y seguirle (Lucas 9:23)?

Confesión de pecado. ¿Quién confiesa su pecado hoy...? Esto solía ser un elemento necesario en cualquier servicio cristiano genuino. En vez de venir a la iglesia para admitir nuestras transgresiones y buscar perdón, venimos a la iglesia para que nos digan que somos gente bien buena que no necesita perdón. De hecho, somos gente tan ocupada, que francamente Dios debiera estar agradado de que hemos apartado tiempo de nuestro ocupado horario dizque para ir a la iglesia.

Himnos. Uno de los rasgos más tristes de la adoración contemporánea es que los grandes himnos de la iglesia están casi fuera de circulación. No han desaparecido totalmente, pero están en vía de desaparecer. Y en su lugar han llegado cancioncitas triviales que tienen más en común con los malos comerciales que con los salmos. El problema aquí no es tanto el estilo de la música, aunque las palabras baratas van más con los tonos y las armonías baratas. El problema más bien es con el contenido de las canciones. Los viejos himnos expresaban la teología de la iglesia en maneras profundas y perceptivas y con un lenguaje memorable y atractivo. Éstos levantaban los pensamientos del adorador hacia Dios y les daban palabras vívidas con las cuales recordar los atributos de Dios. Las canciones de hoy reflejan nuestra teología superficial o inexistente y hacen casi nada por elevar nuestros pensamientos acerca de Dios.

Lo peor de todo son las canciones que meramente repiten una idea, palabra o frase trivial una y otra vez. Canciones como éstas no son adoración, aunque tal vez puedan dar a la persona que asiste a la iglesia una sensación religiosa. Son mantras, que pertenecen más a una reunión de los adeptos de la Nueva Era que a estar en medio de los adoradores de Dios.