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lunes, 21 de junio de 2010

Zwinglio y la Reforma en Suiza

Clase de Escuela Dominical, Historia de la Reforma, del domingo 20 de Junio.

Cuando hablamos de la Reforma Protestante el primer nombre que viene a nuestras mentes suele ser el de Martín Lutero. Pero lo cierto es que a la par de la Reforma que Lutero impulsaba en Alemania, algo similar e independiente estaba ocurriendo en Suiza a través del ministerio de un sacerdote llamado Ulrico Zwinglio (1484-1531).

De hecho, un año antes de que Lutero escribiera sus famosas 95 tesis, Zwinglio ya había comenzado a emitir críticas públicas contra la iglesia; y cinco años después de las tesis de Lutero, él escribió 67, proponiendo una reforma más exhaustiva que la de aquel. Es ese aspecto de la historia de la Reforma que estaremos considerando en la presente lección.

NACIMIENTO Y CONVERSION
Zwinglio nació el 1 de enero de 1484, en una pequeña aldea suiza, en el seno de una familia acomodada. Aunque contemporáneo a Lutero (nació menos de dos meses después que éste), la obra reformadora de ambos surge independientemente la una de la otra como resultado de dos experiencias espirituales muy distintas entre sí.

Zwinglio nunca vivió en un convento ni experimentó la profunda convicción de pecado con la que Lutero tuvo que luchar por mucho tiempo. Mientras Lutero emerge del oscurantismo medieval, Zwinglio recibió su educación bajo la influencia del humanismo renacentista, movimiento que ya mencionamos en una lección anterior. Los humanistas creían que Europa se encontraba atravesando un período de oscurantismo que sólo podía terminar volviendo a la literatura y a la cultura de la civilización clásica. Su grito de guerra fue: “Volvamos a las fuentes”.

En 1506 recibió el título de Maestro en Artes y ese mismo año ocupa el cargo de pastor en la aldea de Glarus, donde fungió como sacerdote durante 10 años (Lutero había entrado al monasterio un año antes y al año siguiente, es decir en 1507, fue ordenado como sacerdote).

Para entender lo que sucedió luego, hay un dato importante que debemos conocer. En el siglo XV Suiza era famosa por la calidad de sus mercenarios (el personaje legendario de Guillermo Tell es una muestra de la fama que tenían los suizos como hombres de guerra; este personaje legendario rehusó a postrarse ante el símbolo que representaba el poder de los Habsburgo, por lo que el gobernador, Hermann Gessler le obligó a disparar una flecha sobre la cabeza de su hijo, situado a 80 pasos de distancia; Tell acertó el tiro, pero luego se rebeló, llegando a ser un símbolo en la lucha de Suiza por su independencia).

La aldea de Glarus era una especie de campamento militar que proveía algunos de los soldados más importantes para el ejército del papa, que en los días de Zwinglio no era otro que Julio II, un papa reconocido por su afición a la guerra.

Zwinglio decidió unirse al ejército del papa como capellán, y así poder luchar a favor del Santo Padre y de la Santa Madre Iglesia. Pero en 1515 se enfrentaron al gigantesco ejército del rey de Francia, Francisco I, donde más de 10 mil suizos perdieron la vida. Ese baño de sangre tuvo un impacto muy profundo en Zwinglio, quien a partir de ese momento comenzó a cuestionar algunas de sus creencias.

De vuelta a su parroquia en Glarus, Zwinglio se dio cuenta que durante años había estado leyendo los comentarios de la Biblia aprobados por la Iglesia, pero que nunca había leído la Biblia directamente. Fue así como en 1516 compró una copia del NT griego que Erasmo de Rotterdam acababa de publicar con la anuencia del Papa. Para nosotros hoy eso no tiene nada de particular, pero en la época de Zwinglio era un pensamiento revolucionario, e incluso peligroso, que una persona decidiera estudiar por sí mismo las Escrituras, puesto que la Iglesia Católica enseñaba que el Papa era el único intérprete cualificado para interpretarla.

El entusiasmo de Zwinglio por las Escrituras fue tan grande que se dedicó a copiar casi todas las cartas de Pablo y memorizar el NT en griego. Como dice un historiador, esto significó para Zwinglio algo así como el viaje de Cristóbal Colón unos 20 años antes. Zwinglio “encontró en la Biblia un nuevo mundo, un mundo que nunca había soñado” (Michael Reves; The Unquenchable Flame; pg. 68).

Aunque Zwinglio permanecería dentro del catolicismo por unos pocos años más, a partir de ese momento su teología comenzó a evolucionar. La pensión que recibía del papa la usaba para comprar libros; comenzó a estudiar también el hebreo para poder leer el AT en su idioma original. Mientras tanto, las personas que iban en procesión a Einsiedeln, donde se veneraba una imagen negra de la virgen María, se dedicaron a esparcir su fama como predicador. Y es así como en 1518, un año después de que Lutero escribiera sus 95 tesis, fue colocado como primer predicador en la principal iglesia de Zúrich.

LA RUPTURA CON ROMA

Unos años antes de iniciar su ministerio en Zúrich, en 1516, Zwinglio había comenzado a criticar públicamente las procesiones que se hacían a adorar la virgen negra. “Solamente Cristo salva – decía Zwinglio – y salva en cualquier lugar.” A medida que avanzaba en su estudio de las Escrituras, Zwinglio se iba acercando a ideas reformadoras muy parecidas a las de Lutero.

En 1518 atacó la venta de indulgencias; y su autoridad se había acrecentado tanto que logró que el gobierno expulsara al que las vendía. Por otra parte, la firmeza que Lutero mostró en el debate en Leipzig y su acción de quemar la bula papal, le animaron a continuar su ataque sistemático a toda práctica de la Iglesia Católica que le pareciera contraria a las Escrituras.

El sábado 1 de Enero de 1519, el día de su 35 cumpleaños, anunció a los feligreses que en vez de predicar en el orden de las lecturas bíblicas señalado por la iglesia, iba a comenzar a exponer el evangelio de Mateo versículo por versículo. Y cuando concluyera su exposición, continuaría haciendo lo mismo con el resto del NT.

Ese mismo año una plaga azotó la ciudad de Zúrich, llevando a Zwinglio al borde de la muerte; estando a punto de morir, Zwinglio se dio cuenta que sólo podía poner su confianza en la misericordia de Dios. Cuando recuperó su salud Zwinglio era un hombre cambiado, decidido a no poner su confianza nunca más en las cosas creadas, sean los santos o los sacramentos. Él haría todo lo que estuviera a su alcance para guiar el corazón de la gente de los ídolos a Dios.

Los problemas con la iglesia católica se agudizaron cuando Francisco I, rey de Francia y aliado del papa, pidió a la Confederación Suiza que le enviara soldados en calidad de mercenarios para su guerra contra Carlos V. Todos los cantones suizos accedieron a la petición, pero Zúrich se negó por consejo de Zwinglio.

Pero la ruptura con la iglesia se produjo finalmente debido a un episodio que un historiador ha llamado el “salchichagate”. Durante la cuaresma de 1522 algunos de los miembros de la iglesia en Zúrich decidieron hacer una cena con salchichas en vez de pecado, desafiando la práctica del catolicismo. Dos semanas después Zwinglio abordó el tema directamente en un sermón que fue publicado en abril de ese mismo año, titulado “Sobre la elección de los alimentos y la libertad de tomarlos”, donde Zwinglio defiende la libertad del cristiano a no someterse a mandamientos de hombres.

En agosto de ese año, 1522, Zwinglio renuncia definitivamente de la Iglesia Católica, diciendo que esta se fundamenta en leyes humanas. A pesar de eso, algunos radicales querían que Zwinglio fuera más rápido y decidido en sus reformas; pero él entendía que el secreto de la reforma consistía en la transformación del corazón de los hombres con el poder del evangelio.

Ese mismo año Zwinglio publicó una de sus obras más importantes sobre el poder y la eficacia de la Palabra de Dios. En esta obra Zwinglio comienza comentando el texto de Gn. 1:26, donde vemos a las tres personas de la Trinidad obrando juntas en la creación del hombre a Su imagen y semejanza. Debido a esto, dice Zwinglio, el hombre anhela secretamente la Palabra de Dios. Por supuesto, nosotros no estamos conscientes de eso, pero ese es el deseo que está detrás de todos nuestros anhelos: anhelamos la vida y la luz que la Palabra de Dios produce.

Zwinglio señala estas dos características de la Palabra de Dios: es una palabra que tiene un poder vivificante y es una Palabra que ilumina. Cuando Dios habla, Su palabra tiene poder para producir lo que Él quiere (como cuando dijo “sea la luz” al principio de la creación). Pero la Palabra de Dios también posee claridad; con esto Zwinglio quiere decir, no sólo que es una Palabra entendible, sino que trae consigo su propia iluminación. Nosotros sabemos que la Escritura es inspirada por Dios, no cuando el papa lo dice, sino cuando la leemos. Si alguien lee la Escritura y no ve su inspiración no se debe a un defecto en la Escritura, sino a un defecto en nosotros. Por lo tanto, si queremos promover una verdadera reforma lo que debemos hacer es predicar la Palabra; ella se encargará de hacer la obra.

Cuando el obispo de Constanza acusó a Zwinglio ante el Consejo de Gobierno, éste le permitió seguir predicando. Se propuso entonces un debate entre el vicario del obispo y Zwinglio sobre las doctrinas que este último predicaba. El debate se llevó a cabo en 1523. Zwinglio había escrito un documento en el que proponía algunas de sus ideas de reforma, como paso previo al debate. Entre los Sesenta y Siete Artículos propuestos en el documento, encontramos los siguientes:

“La Biblia es la única fuente de autoridad para la iglesia; toda tradición, todo concilio y todo pronunciamiento papal debe ser juzgado a la luz de la Biblia.”

“Jesucristo es la sola cabeza de la Iglesia y su único sacerdote eterno; el papado no tiene autoridad absoluta sobre la iglesia.”

“La misa no es un sacrificio; es más bien un recordatorio del sacrificio completado de Cristo en el Calvario.”

“Las peregrinaciones y otras obras supuestamente meritorias perjudican puesto que dan solamente una falsa seguridad de salvación.”

“Los gobernadores civiles tienen el deber de promulgar y hacer cumplir leyes que lleven a la sociedad a conformarse con la voluntad divina.”

Luego que Zwinglio planteara y defendiera bíblicamente sus tesis en el debate, el vicario del obispo, en vez de responder a ellas, se limitó a declarar que muy pronto un concilio universal habría de zanjar la cuestión. Ante su negativa a probar que Zwinglio estaba equivocado, “el Consejo declaró que… éste podía seguir predicando libremente. Esa decisión por parte del Consejo marcó la ruptura de Zúrich con el Episcopado de Constanza, y por tanto con Roma” (Justo L. Gonzales; Historia de la Reforma; pg. 72).

"A partir de entonces, Zwinglio, con el apoyo del Consejo, fue llevando a cabo su reforma, que consistía en una restauración de la fe y las prácticas bíblicas. En cuanto a lo que esto quería decir, Zwinglio difería de Lutero, pues mientras el alemán creía que debían retenerse todos los usos tradicionales, excepto aquellos que contradijesen a la Biblia, el suizo sostenía que todo lo que no se encontrase explícitamente en las Escrituras debía ser rechazado. Esto lo llevó, por ejemplo, a suprimir el uso de órganos en las iglesias, pues se trataba de un instrumento que no aparecía en la Biblia".

"Bajo la dirección de Zwinglio, hubo rápidos cambios en Zúrich. Se empezó a ofrecer la comunión en ambas especies. Muchos sacerdotes, monjes y monjas se casaron. Se estableció un sistema de educación pública general, sin distinción de clases. Al mismo tiempo, predicadores y laicos procedentes de Zúrich propagaban sus doctrinas por otros cantones suizos".

"La Confederación Suiza, como su nombre lo indica, no era un estado centralizado, sino un complejo mosaico de diversos estados, cada uno con su propio gobierno y sus propias leyes, que se habían confederado con ciertos propósitos concretos, particularmente el de garantizar su independencia. Dentro de ese mosaico, pronto algunas regiones se volvieron protestantes, mientras otras continuaron en obediencia a Roma y su jerarquía. Esta divergencia religiosa se sumó a otras diferencias profundas, y la guerra civil llegó a parecer inevitable" (J. L. González; Historia Del Cristianismo: Tomo 2; pg. 61).

La guerra se desató cuando, en Octubre de 1531, los cinco cantones católicos atacaron a Zúrich por sorpresa. Mal preparados para el combate, Zúrich envió sus primeros soldados, entre los cuales estaba el mismo Zwinglio. En esta batalla, que se llevó a cabo en Cappel, Zúrich fue derrotada y Zwinglio murió en combate. Dicen que al morir gritó: Ustedes pueden matar mi cuerpo, pero no pueden matar mi alma”. “Poco más de un mes más tarde se firmaba la paz de Cappel, por la que los protestantes se comprometían a pagar los gastos de la reciente campaña, pero se le permitía a cada cantón decidir cuál sería su propia fe. A partir de entonces, el protestantismo quedó establecido en varios cantones suizos, y el catolicismo en otros” (González; pg. 62).

Cinco años después de la muerte de Zwinglio un joven francés de casi 27 años llegaba a Suiza y llevaría la Reforma más allá de lo que probablemente el mismo Zwinglio pudo soñar. Se llamaba Juan Calvino, pero su historia la estudiaremos en la próxima lección.

ZWINGLIO Y LUTERO

Aunque la teología de Zwinglio coincidía en muchos puntos con la de Lutero, también podemos ver un marcado contraste entre ambos.

La Reforma de Lutero nace de un alma atormentada por sus pecados que encuentra en el mensaje de la justificación por la fe el alivio y la paz que necesita. La Reforma de Zwinglio nace de su estudio de las Escrituras, a la que acude como buen humanista por ser la fuente de la fe cristiana.

Por otro lado, mientras Lutero se contentaba con deshacerse de toda práctica y doctrina que contradijera la Escritura, Zwinglio insistía en una Reforma más profunda que se deshiciera de todas las innovaciones que habían sido añadidas con el correr de los siglos y que no se encontraran explícitamente en la Biblia. En esto se adelantó por unas décadas al pensamiento de los puritanos ingleses.

Pero el contraste mayor entre ambos lo encontramos en la doctrina de los sacramentos, y de manera particular en la Cena del Señor. Mientras Zwinglio entendía los elementos materiales y la acción física del participante como meros símbolos o señales de una realidad espiritual, Lutero creía que juntamente con la acción externa del ser humano tenía lugar una acción interna de parte de Dios. Este fue el escollo más difícil que encontraron ambos reformadores para la unidad de las iglesias reformadas de Alemania y Suiza.

En 1529, a instancias del landgrave Felipe de Hesse (landgrave era un título nobiliario usado mayormente en el Sacro Imperio Romano, comparable al de conde), se reunieron en Marburgo los principales líderes de la reforma: Lutero y Melanchton de Wittemberg, Bucero de Estrasburgo, Ecolampadio de Basilea, y Zwinglio de Zurich. Y aunque estuvieron de acuerdo en casi todos los puntos doctrinales principales, la diferencia en lo que respecta a la comunión fue un obstáculo insalvable.


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