Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

lunes, 21 de junio de 2010

¿Sabías que el Señor Jesucristo canta con Su iglesia en sus cultos de adoración?

El Salmo 22 es un reconocido Salmo mesiánico, escrito unos 1000 años antes del nacimiento de Cristo, en el que David describe proféticamente, no sólo los padecimientos del Mesías en la cruz del calvario, sino también algunos de Sus pensamientos más íntimos durante la crucifixión.

Este Salmo comienza con las conocidas palabras del Señor Jesucristo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”; para luego pasar a describir con asombrosos detalles algunos de las circunstancias que rodearon la muerte del Señor:

La burla y el escarnio de los que estaban al pie de la cruz (vers. 6-8), Sus padecimientos físicos y Su sed (vers. 14-15), Sus manos y pies horadados (vers. 16), el hecho de que habrían de repartirse sus vestidos (vers. 18).

Pero a partir del vers. 22 el tono del Salmo cambia drásticamente. En vez de concluir con una nota de derrota, el salmo concluye más bien con una nota de victoria, dando a entender claramente que la muerte del Mesías en la cruz no habría de ser el final de la historia. En los vers. 22-23 leemos:

22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.
23 Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.

Y en los vers. 25-31 dice:

25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.
26 Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.
27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.
28 Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.
29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
30 La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.
31 Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.

Es de nosotros, Su iglesia, que el Espíritu de Cristo está hablando en este salmo por medio de David. Nosotros somos esa gran congregación en medio de la cual Cristo promete anunciar el nombre de Dios y a la que a su vez invita a que eleve junto a Él Sus alabanzas al Padre.

El autor de la epístola a los Hebreos aplica estas palabras del Salmo al pueblo de Dios del nuevo pacto (comp. He. 2:10-12; literalmente el texto dice: “En medio de la iglesia te cantaré himnos de alabanza”).

De manera que el Señor Jesucristo no solo prometió hacerse presente cuando dos o tres se congregan en Su nombre (Mt. 18:20), sino que habitando en nosotros por Su Espíritu, nos revela al Padre (esa es la idea detrás de la frase: “anunciaré tu nombre a mis hermanos”), y junto a nosotros eleva Sus alabanzas a Dios (comp. Sal. 22:23).

Edmund Clowney dice al respecto: “Por la presencia de Su Espíritu, el Señor mismo está presente en Su congregación mientras adoramos. En la congregación, Jesús canta las alabanzas del Padre”.

Y más adelante añade: “En el Espíritu, nosotros adoramos en el cielo en la gran asamblea donde Jesús está [esa es la clara enseñanza de He. 12:22-24]. En el Espíritu, Jesús adora en la tierra en la congregación donde nosotros estamos” (Give Praise to God; pg. 96).

Cuando participamos del culto de adoración tenemos que elevarnos por encima de las realidades físicas que nuestros ojos ven, a las realidades espirituales que solo podemos contemplar con los ojos de la fe.

El Señor Jesucristo está en medio nuestro cuando nos congregamos en Su nombre, Él nos mueve por Su Espíritu a cantar nuestras alabanzas, y al mismo tiempo se une a nosotros cuando alabamos.

Es por eso que Pablo dice en Ef. 5:18-19 y Col. 3:16, que el hombre lleno del Espíritu de Cristo y lleno de la Palabra de Cristo, lo evidencia cantando.

El mismo Cristo que mora en nosotros por Su Espíritu, no solo nos mueve a cantar, sino que también se une a nosotros en nuestros cantos, cuando de corazón elevamos nuestras alabanzas a Dios.

Comentando acerca del texto de He. 2:12 Juan Calvino dice: “Tan pronto como Dios se da a conocer a nosotros, sus infinitas alabanzas conmueven nuestros corazones y deleitan nuestros oídos; y al mismo tiempo Cristo nos anima, con su propio ejemplo, a celebrarlas públicamente, con el fin de que sean escuchadas por tantos como sea posible”.

Y luego continúa diciendo: “Cuando escuchamos que Cristo dirige nuestros cantos y que es él quien inspira nuestros himnos, contamos con un poderoso incentivo que nos anima a rendir a Dios alabanzas más fervientes” (Hebreos; pg. 59).

He ahí la razón por la que debemos cantar en nuestros cultos de adoración. No cantamos por una mera tradición evangélica, ni por un asunto de preferencia personal, como vimos en el artículo anterior.

Cantamos porque Dios quiere que le cantemos, porque Él se deleita cuando Su pueblo responde con fe a la verdad revelada que Su Espíritu nos hace entender y creer, en esa dimensión de adoración que solo el canto puede expresar apropiadamente.

John MacArthur dice al respecto: “La vida llena del Espíritu produce música. Bien sea que tenga buena voz o que no pueda memorizar una tonada, el cristiano lleno del Espíritu es un cristiano que canta. No existe un mayor indicio de una vida satisfecha, un alma contenta y un corazón alegre que la expresión del canto”.

Y luego añade: “La primera consecuencia de la vida llena del Espíritu mencionada por Pablo no fue tener una fe que mueve montañas, algún tipo de experiencia de éxtasis espiritual, capacidad para hablar con dinamismo ni otra cosa de ese estilo. Fue simplemente tener un corazón que canta. Cuando el creyente anda en el Espíritu, tiene un gozo interno que se manifiesta con música. Dios pone música en las almas y luego en los labios de sus hijos que andan en obediencia” (Efesios; pg. 314).

Pero hay dos preguntas más con respecto al canto congregacional que quisiera abordar, si el Señor lo permite. Ya hemos visto ¿Por qué cantamos? (el tema continuó en el siguiente post). Mañana quisiera comenzar a responder la pregunta: ¿Para qué cantamos? Este es un asunto tan importante, y en el que hay tanta confusión en esta época, que no podemos darlo por sentado.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

2 comentarios:

Romanos 8:35-39 dijo...

¡Amén! No hay algo más fuerte que incite al creyente en Cristo a cantar, y activar los ojos espirituales,
cuando se piensa en el sacrificio que Cristo en la cruz del calvario por nosotros. Cuando pensamos en el
escarnio y los vituperios públicos, que el mismo REY DE REYES al humillarse como hombre, padeció por amor a nosotros
y a su PALABRA, entonces, el cristiano que ama a Cristo, canta con pasión, pues el mismo Espíritu de Cristo si es que mora en nosotros,
nos hace cantar. ¡AMÉN!

Cito esto textualmente, de usted:

1) 'Comentando acerca del texto de He. 2:12 Juan Calvino dice: “Tan pronto como Dios se da a conocer a nosotros, sus infinitas alabanzas
conmueven nuestros corazones y deleitan nuestros oídos; y al mismo tiempo Cristo nos anima, con su propio ejemplo, a celebrarlas públicamente,
con el fin de que sean escuchadas por tantos como sea posible”.'

La forma que Dios se da a conocer a nosotros es a través del HIJO, por eso cantamos cuando pensamos en el Sr. Jesúscristo..¡AMEN!...en Su sacrificio.

2) 'Y luego continúa diciendo: “Cuando escuchamos que Cristo dirige nuestros cantos y que es él quien inspira nuestros himnos, contamos con un poderoso
incentivo que nos anima a rendir a Dios alabanzas más fervientes” (Hebreos; pg. 59).'

¡AMÉN! Jesús dijo:

Juan 7:38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
Juan 7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Cuando pensamos en Cristo al momento de cantar, nuestras alabanzas corren como ríos de aguda viva en nuestro interior, sea públicamente y/o privadamente, pero en su presencia.

Privadamente, tal vez sera más sincero delante de su presencia, y haga gestos de debilidad ante Cristo, me doblego con más facilidad, y pueda ser que llore.
Pero cuando cuando canto en congregación, siento que El dirige el coro, y que muchas voces de ángeles alaban su grandeza...Esto me inspira, y se van las
imperfecciones que mis ojos humanos puedan ver.


¡GLORIA AL NOMBRE DEL SR JESÚS!

mariano dijo...

uno de los propositos de nuestra eleccion es como lo dice el
Apostol Pablo en una de sus cartas (Ef.1:6) ¨para la alabanza de la gloria de su gracia¨. fuimos elejidos para alabarle. Que mejor forma de hacerlo que cantando. parafraceando el texto la gracia de Dios tiene una gloria que nosotros debemos alabar.