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miércoles, 17 de febrero de 2010

4. Cuando leemos la Biblia por mera costumbre, o para satisfacer un anhelo intelectual, ése es un síntoma de decadencia espiritual

La lectura de la Biblia es un termómetro en la vida del creyente. Si leemos poco la Escritura, es indudable que estamos atravesando por un período de decaimiento espiritual.

Pero un creyente puede leer la Escritura con cierta regularidad, y aún así no estar gustando de ella espiritualmente; su lectura no lo mueve a Dios en oración, ni a atesorarla en el corazón, ni a llevar sus preceptos a la práctica. Sus promesas no lo consuelan en la aflicción, y sus advertencias no lo llenan de temor. Si esto es así en tu vida, obviamente has comenzado un proceso de declinación espiritual.

Una ilustración del reino físico puede ayudarnos a comprender esto. Existe una relación tan estrecha entre el olfato y el gusto, que cuando tenemos gripe y nuestras facultades olfativas han sido afectadas, la comida pueda estar muy buena, pero nosotros no percibiremos su sabor.

Pues eso mismo ocurre a nivel espiritual cuando un creyente está enfermo del alma. La lectura de la Escritura continúa, pero sin provecho, sin percibir su sabor; es algo insulso para ese hijo de Dios porque su alma está enferma.

El deseo por la Palabra de Dios, y el provecho que recibimos de ella, está íntimamente relacionado con el vigor y el florecimiento de nuestra vida espiritual (comp. 1P. 2:1-2; Sant. 1:21).

¿Estás leyendo la Biblia con regularidad? ¿Apartas un tiempo diario y específico para leer la Palabra de Dios? Si tu respuesta es positiva, me alegro por eso, pero ahora debemos ir más a fondo y preguntar ¿por qué lo haces? ¿Es porque deseas conocer más profundamente a tu Señor, hacer Su voluntad y parecerte cada vez más al Señor Jesucristo?

Pablo oraba por los creyentes de Colosas, y pedía por ellos sin cesar que fuesen llenos del conocimiento de la voluntad de Dios “en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9). Pero, ¿cuál era el propósito de todo esto? ¿Estaba Pablo interesado en aumentar el cúmulo de conocimiento de estos hermanos?

¡Por supuesto que no! Escuchen lo que sigue diciendo Pablo: “... para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10). ¿Es con ese propósito que lees regularmente las Escrituras? ¿O lo haces más bien por costumbre, o para acallar la voz acusadora de tu conciencia?

En un momento dado de la historia de Israel Dios reprendió a Su pueblo por la manera como estaban manejando Su revelación:

“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (¿y en qué consistía esa rebelión y ese pecado?). “Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios” (Is. 58:1-2).

Externamente parecía que estos hombres estaban preocupados por conocer la voluntad de Dios; diariamente inquirían acerca de Sus caminos. Pero en realidad se habían olvidado de la ley de Dios.

Mis hermanos, es posible estar ocupados regularmente en la lectura de la Biblia (estos hombres inquirían “cada día”), cuando en realidad, en una forma práctica hemos puesto a un lado la ley de Dios. Sus promesas ya no son nuestro consuelo en los días de aflicción, sus advertencias no nos hacen temer, sus mandamientos no nos mueven a la obediencia.

Este creyente no puede decir con toda sinceridad como el salmista en el Sal. 119: “En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos... Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón... Me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos” (vers. 15, 34, 47-48).

El creyente que está floreciendo en su vida espiritual puede decir como el Señor Jesucristo en Jn. 4:34: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió”.

Pero cuando un cristiano actúa irreflexivamente, sin preocuparse mucho por lo que Dios dice en Su Palabra acerca de ese aspecto de su vida, es porque tal creyente no está muy preocupado por andar de la manera que sea más aceptable delante Dios.

Su principal preocupación es como seguir siendo cristiano, pero con el menor de los requisitos. Ese es un claro síntoma de decadencia espiritual.


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