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miércoles, 3 de febrero de 2010

3. Síntomas de Decadencia Espiritual: Pérdida de vigor y actividad de las gracias que cristo implantó en nosotros en la conversión

En 2P. 1:3-4, el apóstol nos enseña que los creyentes hemos sido hecho partícipes de la naturaleza divina. Eso no significa que el creyente se ha convertido en una especie de “dios” en miniatura. Lo que Pedro nos está diciendo aquí es que el cristiano es una persona en quien Dios ha implantado aquellas características divinas que son las que conforman la vida de piedad.

El cristiano no es simplemente un hombre a quien se le han perdonado sus pecados (aunque ciertamente todos sus pecados han sido perdonados, pero esa no es toda la historia). Lo que Pedro dice en ese texto es que todas las cosas que pertenecen a la vida de piedad han sido implantadas en el alma de ese individuo.

Por lo tanto, el verdadero creyente está llamado a manifestar esas características de piedad en un grado o en otro. Es a esas características que llamamos: “las gracias espirituales del alma”.

Cuando el creyente está creciendo y desarrollando su vida espiritual, esas gracias se encuentran vigorosas y activas. Y podemos ver en él ese fruto del Espíritu que Pablo describe en Gal. 5:22-23, no de forma perfecta, pero sí de una manera estable y sostenida: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (dominio propio).

Pero tan pronto entramos en un período de decadencia espiritual esas gracias se debilitan, y disminuye su vigor y su actividad. Y ¿en qué momento eso suele manifestarse? Cuando entramos en el horno de la aflicción. Un creyente que está atravesando por un período de decadencia no está preparado para resistir los embates de vivir en un mundo caído.

¿Por qué muchos creyentes reaccionan con amargura y resentimiento ante las ofensas de los demás? Porque las gracias de la humildad y de la mansedumbre se encuentran terriblemente debilitadas.

Por eso Pablo nos exhorta a fortalecernos en el Señor y vestirnos de toda la armadura espiritual antes de que llegue el día malo (Ef. 6:10-13); nadie puede prepararse para la guerra en medio del campo de batalla.

Las dificultades nos ayudan a ver la realidad de lo que profesamos. Un creyente en decadencia verá en medio de la prueba la verdadera condición de su alma. La prueba misma puede ser el instrumento que Dios use para despertarlo.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.