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viernes, 30 de abril de 2010

¿Estás más sensible que antes a la presencia de Dios?

Esta es una pregunta que debe ser cuidadosamente clarificada para no dar lugar a malos entendidos, porque algunos pueden tener ideas un tanto místicas de la forma como debemos experimentar la presencia de Dios en nuestras vidas.

Lo primero que debemos aclarar es que Dios está presente en todo lugar, independientemente de que estemos conscientes o no de Su presencia (Sal. 139:7-10). Esa es una realidad que no depende de que nosotros la percibamos.

Por otra parte, aunque Dios está en todo lugar, nosotros no podríamos discernir Su presencia a menos que Dios se nos revele. Y ¿cómo se revela Dios al hombre? A través de Su creación (Sal. 19:1-6; Rom. 1:20), y a través de Su Palabra, tanto Su Palabra encarnada (nuestro Señor Jesucristo), como Su Palabra escrita, la Biblia.

Eso quiere decir que es a través de Cristo y la Biblia que nosotros podemos experimentar y percibir la presencia de Dios. Es ahí precisamente donde radica la diferencia entre un cristiano bíblico y un místico.

El místico pretende percibir la presencia de Dios en una forma inmediata, es decir, sin hacer uso de ningún medio. Y a menudo describen esa experiencia como encontrar a Dios dentro de ti, o sentirlo de alguna manera a través de un arrebato emocional que te lleva a olvidarte de ti mismo para perderte en Dios.

Y no es que nuestras emociones no estén involucradas en nuestra relación con Dios; pero la Biblia no dice en ningún lugar que nosotros debemos tratar de experimentar arrebatos emocionales para disfrutar de la presencia de Dios.

Una de las características del fruto del Espíritu es el dominio propio (comp. Gal. 5:22-23). Cuando una persona cae en un arrebato emocional que lo lleva a perder el control de sí mismo, con toda seguridad no está lleno del Espíritu. Pablo dice a Timoteo que Dios no nos ha dado Espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio o auto control (2Tim. 1:7).

El creyente debe buscar a Dios por medio de Cristo y a través de Su Palabra, o a través de experiencias que están fundamentadas en Su Palabra.

“Mientras leo y medito en la Escritura – dice Donald Whitney, o la escucho mientras es predicada, yo puedo esperar tener la conciencia de que es la voz de Dios la que estoy escuchando. Mientras participo en la adoración congregacional ordenada por Dios así como en la Cena del Señor, por fe yo puedo esperar encontrar allí la presencia espiritual de Cristo. Y cuando voy caminando por el bosque o entrando a la puerta del lugar donde trabajo, yo puedo buscar y percibir la presencia de Dios en momentos como esos porque la Biblia me dice que Él está en esos lugares también”.

En otras palabras, experimentamos la presencia de Dios cuando estamos conscientes de lo que Él mismo nos ha revelado acerca de Su persona en Su Palabra. Por eso no se trata simplemente de saber que Dios está presente, porque Él está en todo lugar.

Ser sensible a la presencia de Dios es vivir con la conciencia de quién es ese Dios que ha prometido estar conmigo “todos los días, hasta el fin del mundo”. Es estar consciente de que ese Dios es santo, y que me conoce, me ama y se preocupa por mí en medio de cualquier circunstancia.

Como dice Donald Whitney: Es vivir con la conciencia de que Él conoce “mis pensamientos, mis motivaciones, mis temores, mis aspiraciones, mis emociones, mis ansiedades, mi condición física y mental – y el cual me ama más allá de lo que yo puedo comprender”.

Así que al preguntarte si estás siendo más sensible a la presencia de Dios, no te estoy preguntando si estás teniendo experiencias místicas y arrebatos emocionales que te dan la impresión de que Dios está a tu lado. Más bien te estoy preguntando si estás creciendo en el reconocimiento de que estás en la presencia de Dios dondequiera que estés, así como del carácter de ese Dios delante del cual estás.

¿Estás disfrutando la dulzura de esa compañía, manteniendo con Él una relación de adoración y gratitud, y deleitando tu mente en lo que Dios ha revelado de Sí mismo en Su Palabra?

Si no es así, permíteme compartir contigo estas sugerencias de Donald Whitney:

1. Acude a menudo al lugar donde Dios se revela más claramente: la Biblia. Hablando de las Escrituras dice Martyn Lloyd-Jones: “Mientras más la conocemos y la leemos, más a menudo nos lleva a la presencia de Dios. De manera que si quieres poner al Señor delante de ti, dedica mucho de tu tiempo a la lectura diaria y regular de la Biblia”.

2. Reconoce Su presencia contigo mientras caminas con Él. ¿No es verdad que muchas esposas se quejan porque están físicamente con sus maridos en la misma habitación, pero él está encerrado en su propio mundo, sin tener comunión con ellas? ¿Ayuda eso a crear más intimidad en el matrimonio? ¡Por supuesto que no! Pues lo mismo ocurre en nuestra comunión con Dios. Él permanece a nuestro lado en todo tiempo y en toda circunstancia, aún cuando nosotros no lo sentimos; pero podemos pasar una buena parte del día sin conversar con Él ni acordarnos siquiera que está con nosotros.

3. Acude al culto de adoración con la expectativa de que vas a encontrarte con Él. Es allí donde Dios ha prometido manifestar Su presencia en una forma especial y única (comp. Ex. 20:24 y Mt. 18:20).

4. Medita continuamente en la verdad de que Dios es omnipresente. Como decía hace un momento, nuestro Dios está presente a nuestro lado, independientemente de que nosotros estemos conscientes de eso. Como dice Whitney, “eso nos ayudara a vivir más por fe que por sentimientos”.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.