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lunes, 31 de mayo de 2010

El declive del papado: La Cautividad Babilónica (1309 – 1377)


(Clase de Escuela Dominical, Historia de la Reforma, del domingo 30 de Mayo, 1ra parte).

El Papado medieval alcanzó su máximo esplendor durante los pontificados de Gregorio VII (1073-1085) e Inocencio III (1198-1216). Pero a partir de Bonifacio VIII (1294 – 1303) el Papado entraría en un proceso de declive que se agravaría aún más por tres grandes sucesos ocurridos durante el siglo XIV y principios del XV: la llamada “Cautividad Babilónica”, el Gran Cisma y la Reforma Conciliar.

LA CAUTIVIDAD BABILÓNICA

El Papado de Bonifacio VIII estuvo envuelto en una tensión constante con el emperador de Francia, Felipe el Hermoso (1238 – 1314), hasta llegar a ser profundamente humillado por él (este Felipe el Hermoso no es el mismo que luego se casaría con Juana, la hija de los reyes católicos de España, 1482 – 1506).

A la muerte del Papa, los cardenales eligieron a Nicola Boccasini, quien toma el nombre de Benito XI. Este Papa tenía un carácter muy contrario al de Bonifacio; su origen era humilde y sus costumbres intachables.

Tan pronto llegó al Papado comenzó a buscar una reconciliación con el emperador francés, pero eso molestó profundamente a los partidarios del papa Bonifacio, que no podían aceptar que Benito fuera tan complaciente con un hombre que había humillado al Papa. Para colmo de males, había otro grupo de cardenales que favorecían un mayor acercamiento con Francia que el que Benito había hecho; de manera que tampoco se sentían satisfechos con el papa.

En medio de esta situación, Felipe el Hermoso comienza a insistir en la convocación de un concilio para juzgar a Bonifacio VIII, paso que Benito se resiste a dar para no minar aún más la autoridad y el prestigio del Papado. Pero repentinamente muere Benito y los dos bandos comienzan a acusarse mutuamente de haberlo envenenado.

Ahora los cardenales tenían la tarea de elegir a un nuevo Papa. Como era de esperar, un grupo quería a un Papa que continuara la política de Bonifacio VIII en contra de Francia; mientras otros deseaban un Papa que fuera más dócil al rey francés.

Finalmente fue elegido el arzobispo de Burdeos, Bertrand de Got, quién toma el nombre de Clemente V. Los opositores de Francia pensaron que éste papa iba a favorecer su causa, ya que Burdeos estaba bajo la corona inglesa.

Pero no sabían que durante el tiempo de elecciones, el partido que apoyaba un mayor acercamiento con Francia había enviado algunos de sus agentes a Burdeos para asegurarse de que el nuevo Papa se adhiriera a su causa.

El Papado de Clemente V fue funesto para la Iglesia católico romana. Como el rey de Francia quería tener al Papa bajo su influencia hizo todo lo posible para retardar su salida hacia Italia, a pesar de los ruegos constantes que los romanos le hacían para que viajara a Roma.

Lo cierto es que durante todo su reinado no la visitó ni una sola vez, sino que pasó una buena parte de su pontificado en la ciudad de Aviñón que, aunque era propiedad Papal, se encontraba junto a la frontera francesa. Allí habrían de fijar su residencia los Papas que le sucedieron desde el 1309 hasta el 1377; por su duración de casi 70 años a este período se le conoce como “cautividad babilónica”.

Todos los Papas que sucedieron a Clemente fueron franceses y estaban sujetos a la influencia francesa, lo que contribuyó a debilitar el prestigio del papado en todas las naciones enemistadas con Francia. Como los papas de Aviñón necesitaban recursos económicos, tuvieron que recurrir a una serie de prácticas para obtener dinero, lo que contribuyó a enemistar aún más al papado con el resto de Europa:

1. La anata: cuando un líder eclesiástico era trasladado de una sede a otra, mientras esa sede permaneciera vacante los ingresos que ese cargo producía al año se le daban al Papa. Por eso procuraban que los prelados fuesen trasladados constantemente y que las sedes vacantes no fueran ocupadas muy rápido.
2. La simonía: o venta de cargos eclesiásticos; llamada así por Simón el Mago.
3. El nepotismo: colocar a los familiares en puestos claves, tanto dentro de la iglesia como en el gobierno civil.
4. El pluralismo: nombrar a los mismos obispos en distintos obispados, para que éstos percibieran mayores ingresos. Por supuesto, un obispo asignado a diferentes obispados no podía atenderlos debidamente.

En ese momento Europa se encontraba inmersa en la guerra de los Cien Años (conflicto entre Inglaterra y Francia que duró desde el 1337 al 1453), razón por la cual Inglaterra y Alemania se fueron separando cada vez más del Papa.

En este punto de nuestra historia debemos introducir un paréntesis para considerar a un personaje muy importante en la historia de la Reforma y que vivió durante ese período.

Primer paréntesis: Juan Wycliffe

Wycliffe nació cerca del 1320 en Inglaterra (es decir, unos 11 años después de que se iniciara el Cautiverio Babilónico); estudió en Oxford, donde llegó a ser profesor de teología, y más tarde, en 1360, rector del Balliol College. Fue ordenado sacerdote católico, llegando a laborar en varias parroquias.

Como Inglaterra se había alejado del Papa por su alianza con el rey Francés, los ingleses resintían la enorme cantidad de dinero inglés que estaba siendo enviada a Aviñón (donde estaba el Papado); a eso debemos añadir que la moralidad del clero dejaba mucho que desear, como vimos en la clase anterior.

El Parlamento se encontraba dividido; por un lado estaban los que apoyaban la Iglesia; y por el otro lado, el partido anticlerical al que pertenecía Wycliffe, a quién se le encargó que preparase una defensa en contra de pagar tributos al Papa. También se le pidió más adelante que defendiera la propuesta de confiscar parte de los bienes de la Iglesia, lo cual atrajo sobre él una dura ofensiva por parte del clero.

Gregorio XI promulgó una bula condenando 18 proposiciones de Wycliffe. Pero la Iglesia no podía frenar el auge de sus enseñanzas, tanto entre la gente del pueblo como entre algunos nobles (que veían con buenos ojos el privar a la Iglesia de algunos de sus bienes). El Papa ordenó al arzobispo que si Wycliffe no se arrepentía debían arrestarlo y mantenerlo encadenado hasta recibir nuevas instrucciones. Pero Oxford decidió defender a su nuevo héroe.

A partir de ese momento Wycliffe reforzó su ofensiva publicando pequeñas obras, muchas de las cuales estaban en inglés, por lo que se propagaron con rapidez entre la gente del pueblo.

Decía que los monasterios eran “cuevas de ladrones, nidos de serpientes, casas de demonios vivientes”. En otra parte se preguntaba que si era cierto que el Papa tenía poder de salvar las almas del purgatorio, ¿por qué no mostraba su amor cristiano sacándolos a todos de allí?

Entre las doctrinas que le ganaron a Wycliffe el repudio de la Iglesia, tenemos, entre otras:

A. Su doctrina sobre el señorío:

Wycliffe se preguntaba ¿en qué consiste el verdadero señorío? A lo que se respondía que no hay otro señorío fuera de Dios; toda criatura tiene dominio sobre otra sólo porque Dios se lo ha dado. Pero hay algunos que se toman prerrogativas que no le corresponden. ¿Cómo podemos, distinguir, entonces el señorío verdadero de aquel que es una mera usurpación?

Wycliffe responde: en la persona de Jesucristo. Jesucristo no vino para ser servido, sino para servir; de igual modo, sólo puede ser legítimo aquel que, estando en una posición de señorío, se dedica a servir y no a ser servido. “Jesucristo no tenía donde descansar la cabeza pero dicen que este Papa tiene más de la mitad del Imperio... Jesucristo era manso... El Papa sentado en su trono, obliga a los señores a besarle los pies”.

B. Su doctrina sobre la predestinación:

Dios es soberano y, por lo tanto, da su gracia a quien le place y ha predestinado desde la eternidad a todos aquellos que han de salvarse. Las buenas obras no salvan, sino que indican que aquel que las hace ha recibido la gracia divina y es uno de los elegidos.

C. Su doctrina sobre la Confesión auricular:

“La confesión privada hecha a los curas no es necesaria, sino traída más tarde por el maligno pues Cristo no la usó ni ninguno de sus apóstoles después de Él”. En otra parte decía que los curas abusaban de la confesión con fines económicos y políticos.
D. Su doctrina sobre la Santa Cena:

Negaba que algún sacerdote tuviera poder de cambiar el vino en sangre y el pan en cuerpo de Cristo. Para él no había una pretensión más abominable que decir que un cura pudiese realizar ese milagro creador.

E. Su doctrina sobre la autoridad del Papa:

Decía que el Papa no podía tener más autoridad que la Biblia y abogaba porque el pueblo pudiera leer las Escrituras en su propio idioma. Por esa razón él mismo tradujo la Biblia al inglés para que todos pudieran leerla.

En 1384 el Papa Urbano VI citó a Wycliffe a Roma; pero Dios tenía un llamado distinto para este gran hombre. El 28 de diciembre del mismo año sufrió un ataque de parálisis y tres días después murió.

La Iglesia Católica no pudo hacerle nada en vida, pero en el Concilio de Constanza, el 4 de mayo de 1415, sus huesos fueron desenterrados y sus cenizas fueron arrojadas en un arroyo. No obstante, el pueblo de Dios le recordará pos siempre como “la estrella matutina de la reforma”.

Debido a lo extenso del material continuaremos mañana, si el Señor lo permite.

Fotografía: Castillo donde residieron los Papas en Aviñón.

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