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miércoles, 5 de mayo de 2010

John Huss: El mártir de Bohemia


John Wyclif murió de una embolia en 1384, pero sus ideas continuaron latiendo en muchos corazones redimidos que pronto habían de encender el fuego de la controversia otra vez. La historia sólo aguardaba la llegada de otro campeón de la fe, hallándolo finalmente en Bohemia, unos años más tarde en la figura de John Huss

Al igual que en el caso de Wyclif, no podemos entender a Huss sin dar un breve vistazo a la Bohemia del siglo XIV y XV.

Por un lado, desde el punto de vista religioso, la Iglesia necesitaba urgentemente una reforma; la simonía y la inmoralidad eran comunes en la vida del clero. El Papado se encontraba sumergido en el gran cisma con tres Papas que se excomulgaban mutuamente: Juan XXIII en Roma, Gregorio XII en Rimini y Benito XIII en Peñiscola.

Por otra parte, desde el punto de vista político había mucha tensión entre los checos y los alemanes; estos últimos, siendo una minoría, poseían mucha autoridad en Bohemia.

Aún antes de que Huss llegara a la escena, hubo tres predicadores populares que produjeron una profunda impresión en el pueblo: Conrado de Waldhausen (m. 1369), Militz de Kremsier (m. 1374) y Matías de Janov (m. 1394). No sólo citaban frecuentemente las Escrituras, sino que abogaban por ciertos cambios en la Iglesia y levantaron la Capilla de Belén en Praga, donde promovieron su reforma.

Fue en este ambiente donde nació Juan Huss en 1370, en el seno de una familia campesina. Ingresó a la Universidad de Praga cuando apenas tenía 17 años de edad.

En 1396 obtuvo el título de Maestro en Artes y empezó a enseñar en la universidad en 1401, donde no sólo fue elegido Decano de la facultad de artes, sino también ordenado sacerdote.

Más adelante llegó a ser el predicador de la Capilla de Belén, donde su elocuencia, fogosidad y sinceridad pronto lo convirtieron en el hombre más influyente del país. Fue precisamente en esa época cuando, animado por un amigo, entró en contacto con los escritos de Wyclif, con los cuales difería al principio, excepto en tres puntos:

1. La Escritura es la única autoridad infalible del creyente.

2. El clero debía ser reformado.

3. Los sacerdotes no poseían poder espiritual por el mero hecho de ser sacerdotes, sino cuando su pureza de alma y conducta mostraba que poseían el Espíritu Santo.

Como era de esperarse esa predicación ardiente, en el idioma del pueblo, pronto encontró una amplia aceptación, razón por la cual el arzobispo lo denunció ante el Papa Alejandro V, quien de inmediato publicó una bula condenando sus doctrinas y prohibiéndole predicar.

Huss respondió escribiendo un tratado titulado “De Alejandro Mal Informado a Alejandro Informado Mejor”, y siguió predicando con el mismo fuego de antes.

En 1403 el clero volvió a protestar, se condenaron 45 artículos de Wyclif y se prohibió predicar acerca de ellos; pero Huss tampoco respetó esa prohibición. Es así como en 1408 fue depuesto como predicador, aunque al año siguiente, fue elegido como Rector de la Universidad de Praga.

Al morir Alejandro V, le sucede Baltassar Cossa, quien toma el nombre de Juan XXIII (en el siglo XX hubo otro Juan XXIII porque la iglesia no reconoce al primero como legítimo). Este Papa, el hombre más depravado que se ha sentado en la silla Papal, declaró la guerra a Ladislao y para ello proclamó una total remisión de los pecados para todos los que se pongan de su parte en esa guerra “para defender la Iglesia”.

Como era de esperar Huss se opuso fuertemente a esto, y llamó al Papa “anticristo”. El Papa reaccionó poniendo a toda Bohemia bajo interdicto hasta que Huss no saliera de ella.

Es así como Huss va al exilio en 1412, donde escribió las obras por las que sería condenado. He aquí algunas de sus aseveraciones:

“Pedro no es, ni fue cabeza de la Santa Iglesia Católica.”

“Única es la Santa Iglesia Universal, que es la universalidad de los predes-tinados.”

“La dignidad Papal se derivó del César y la perfección e institución del Papa emanó del César.”

“Nadie hace las veces de Cristo o de Pedro, si no le sigue en las costumbres... El Papa no es verdadero y claro sucesor de Pedro, príncipe de los Apóstoles; si vive en costumbres contrarias a Pedro y si busca la avaricia, entonces es vicario de Judas Iscariote. Y con igual evidencia, los cardenales no son verdaderos y claros sucesores del colegio de los otros apóstoles de Cristo, si no vivieron al modo de los Apóstoles, guardando los mandamientos y consejos de nuestro Señor Jesucristo.”

“Los doctores que asientan que quien ha de ser corregido por censura eclesiástica, si no quiere corregirse ha de ser entregado al juicio secular, en esto siguen ciertamente a los pontífices, escribas y fariseos, quienes al no quererlos Cristo obedecer en todo, lo entregaron al juicio secular diciendo: ‘A nosotros no nos es lícito matar a nadie’ (Juan 18:31); y los tales son más graves homicidas que Pilato.”

“La gracia de la predestinación es el vínculo con que el cuerpo de la Iglesia y cualquiera de sus miembros se une indisolublemente a Cristo, Su Cabeza.”

“La condenación de los 45 artículos de Juan Wyclif, hecha por los doctores, es irracional, inicua y mal hecha. La causa por ellos alegada es falsa, a saber, que 'ninguno de aquellos es católico sino cualquiera de ellos es herético o erróneo o escandaloso.”

Dos años después de su exilio, se decide concluir con el triste espectáculo de una Iglesia Católica dividida y se convoca el Concilio de Constanza, en el cual, de paso, se trataría el problema de Huss.

Segismundo, el Emperador, le promete un salvoconducto para que pueda presentarse ante el concilio sin tener que temer por su vida. A pesar de las advertencias de sus amigos, Huss decide ir; pero inmediatamente llega a Constanza es apresado por siete meses, donde enfermó gravemente.

En Navidad de 1414 Segismundo fue presionado para que diera su aprobación de condenar a Huss. Se le decía que un salvoconducto no debía ser respetado si había sido dado a un hereje; años más tarde Lutero diría con respecto a eso: “Nadie ignora que faltar al salvoconducto y a la lealtad es ir contra el mandamiento de Dios, aunque el salvoconducto haya sido concedido al mismo diablo y a un hereje más.”

Segismundo accedió a la petición y Huss fue condenado. Luego de una denigrante ceremonia donde se le vistió de sacerdote, se le cortaron todas las yemas de los dedos y se le colocó en la cabeza un sombrero con muchos diablitos pintados, fue finalmente quemado. Este siervo de Dios murió cantando Salmos.

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