Misión del Blog

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martes, 1 de septiembre de 2009

¿Tras los pasos de Cristo o de los fariseos?

Por Sugel Michelén

Una de las controversias que el Señor Jesucristo sostuvo con los escribas y fariseos a lo largo de su ministerio fue la base de autoridad sobre la que debe descansar nuestra fe. En cierta ocasión algunos de ellos se acercaron al Señor para cuestionarle: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan” (Mateo 15:1-2).

El centro de esta cuestión no era higiénico sino religioso. Los rabinos pensaban que era necesario lavarse las manos luego de haber estado en la calle por si habían tocado alguna cosa religiosamente impura, ya sea un cuerpo muerto o a una persona gentil (es decir, que no fuera israelita). Esa práctica religiosa no descansaba en ningún mandamiento de las Sagradas Escrituras, pero era parte de la tradición religiosa del pueblo de Israel.

El Señor aborda esta cuestión con otra pregunta: “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mateo 15:3). Y para probar su punto el Señor cita el quinto mandamiento del Decálogo sobre la honra que los hijos deben a sus padres, el cual los fariseos violaban amparados en opiniones rabínicas. En otras palabras, eran muy puntillosos al tratar con sus tradiciones, pero muy descuidados al tratar con las Sagradas Escrituras.

“Hipócritas – les sigue diciendo el Señor –, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15:7-9).

Mientras los fariseos se apoyaban en opiniones humanas, nuestro Señor Jesucristo se apoyaba únicamente en las Sagradas Escrituras como la revelación escrita de Dios que debe ser creída y obedecida por todo creyente.

Esta controversia sigue vigente hoy como en los días del Señor Jesús. Mientras las sectas seudo cristianas extraen sus creencias de fuentes extra bíblicas y de las tradiciones, uno de los distintivos fundamentales de la fe cristiana es el lugar central que ocupa la Biblia como la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento salvador.

“Sola Escritura” ha sido la bandera que los cristianos han enarbolado por siglos y que debemos seguir manteniendo en alto en medio de la presente confusión religiosa. Necesitamos una base de autoridad objetiva para nuestra fe y no puede ser otra que la Palabra inspirada de Dios, la Biblia; de lo contrario seguimos tras los pasos de los fariseos y no de Cristo.

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