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jueves, 17 de septiembre de 2009

Los milagros y la ciencia


¿Puede el hombre del siglo XXI creer en la Biblia, y en los milagros que en ella se narran, y aún así seguir siendo una persona razonable? A partir de la Ilustración en el siglo XVIII muchos asumen que eso no es posible.

“La Biblia – nos dicen – fue escrita en una era pre-científica; por tal razón sus escritores tuvieron que recurrir a los milagros para explicar aquellos fenómenos que no podían comprender. Pero la ciencia ha comprobado que los milagros no existen – sólo existen causas naturales; consecuentemente la Biblia no es un libro confiable.”


Si los milagros no existen, la fe cristiana es necesariamente falsa, porque los milagros ocupan un lugar de suprema importancia en el cristianismo. Cada año celebramos el milagro de la encarnación, el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, que por amor a nosotros asumió una naturaleza humana igual en todo a la nuestra, pero sin pecado. Y cada domingo celebramos el milagro de Su resurrección.

Los evangelios también contienen muchos relatos de los milagros obrados por Jesús durante su ministerio terrenal. ¿Ha probado la ciencia sin lugar a dudas que tales relatos son falsos? Como hemos dicho ya, muchos presuponen que sí, pero esa presuposición es en realidad un acto de fe.

Como bien señala Timothy Keller, “una cosa es decir que la ciencia sólo está equipada para probar causas naturales… Pero es otra cosa completamente distinta insistir que la ciencia prueba que ninguna otra causa puede existir.”

Cuando alguien afirma que ninguna causa sobrenatural puede explicar un fenómeno natural, está haciendo una afirmación filosófica, no científica, porque la declaración en sí es imposible de probar científicamente.

Dicho de otro modo, cuando alguien afirma que los milagros no pueden suceder, está presuponiendo que no existe ningún Dios capaz de hacer milagros. Pero si Dios existiera, y Él fuera el Creador de todas las cosas, no habría problema alguno en creer que ese Dios sea capaz de hacer milagros.

De manera que para probar científicamente que los milagros no pueden ocurrir habría que probar primero, fuera de toda duda, que Dios no existe; pero es imposible probar científicamente la inexistencia de Dios. Si Jesús era el Dios encarnado, como Él dijo ser, Sus milagros son completamente razonables; tales milagros no eran trucos diseñados para impresionar, sino verdaderos portentos que nos revelan la naturaleza de Su misión.


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