Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

lunes, 10 de mayo de 2010

El deleite en el matrimonio bíblicamente probado

Para aquellos que no pudieron asistir a la charla de matrimonio el viernes 30 de Abril, decidí postear las notas en dos partes (para los que asistieron, este puede ser un buen repaso). Sugiero que lean este post buscando los textos bíblicos citados.

Es indudable que el matrimonio es actualmente una institución en crisis. La tasa de divorcio es sumamente alta, y tenemos razones para sospechar que muchos de los que continúan casados tampoco tienen una relación satisfactoria.

Esa realidad ha contribuido a producir en la sociedad occidental una perspectiva cínica y pesimista del matrimonio, como si se tratara de una carga onerosa que unos pobres desgraciados están obligados a llevar por el resto de sus vidas.

Pero, ¿se supone que esto debe ser así? ¿Creó Dios el matrimonio para castigar a los hombres en su pecado o como un regalo deleitoso que deberíamos disfrutar?

Veamos brevemente lo que la Biblia dice al respecto, tanto en el AT como en el NT.

A. Gn. 1 al 3:

Este es un pasaje crucial, porque allí encontramos el ideal de lo que el matrimonio estaba supuesto a ser antes de la caída.

Muchos siglos más tarde, tanto el Señor Jesucristo como el apóstol Pablo, apelan a este pasaje del Génesis para traer enseñanzas pertinentes sobre la vida matrimonial. Así que este es un texto sumamente relevante para nuestro tema porque nos muestra el diseño original de Dios para el matrimonio.

Dice en Gn. 1:26-28 que Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza, pero también los creó con géneros distintos para que pudieran complementarse el uno al otro. Ambos poseen la misma naturaleza como seres humanos y la misma dignidad, pero no el mismo género.

Dice en el vers. 27: “A imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Y es obvio que se está implicando aquí algún tipo de unión entre ellos, porque dice en el vers. 28 que Dios los bendijo y les ordenó fructificar y multiplicarse. Esta relación era parte de lo que Dios consideró “bueno en gran manera” al terminar la creación (vers. 31).

Más adelante, en el cap. 2, la Escritura vuelve sobre el relato de la creación, pero esta vez nos da un cuadro más ampliado de lo que realmente ocurrió ese sexto día en que Dios creó al hombre y la mujer.

Adán fue creado primero y colocado por Dios en el jardín del Edén. En ese lugar el hombre tenía todo lo que podía necesitar para una existencia deleitosa (la palabra Edén significa precisamente “delicia”), incluyendo lo más importante: una relación perfecta con Dios.

Sin embargo, el mismo Dios declara en el vers. 18 que no era bueno para el hombre estar solo. Y la idea del texto no era que la soledad fuera mala en sí misma, porque antes de la caída no había nada malo en el mundo, ni siquiera el hecho de estar solo.

Pero el Señor nos hace ver en esta declaración que antes de crear a la mujer el hombre estaba incompleto. Su deleite en el jardín del Edén no era total, porque le faltaba una compañera de su propia naturaleza que fuera su complemento.

Nosotros conocemos muy bien lo que ocurrió inmediatamente después: el Señor dio a Adán la tarea de ponerle nombre a los animales, posiblemente con la intención de hacerle ver su soledad; todos los animales tenían su contraparte, “mas para Adán, no se halló ayuda idónea para él”.

Ninguna de esas criaturas podría suplir la profunda necesidad que este hombre tenía de alguien que pensara como él, que compartiera con él esos rasgos distintivos que diferencian al hombre de los animales. Este hombre necesitaba urgentemente una persona como él.

¿Y qué hizo Dios? Lo puso a dormir, formó de sus costillas la ayuda que él necesitaba, lo despertó de su sueño y le presentó a su mujer. Y cuando Adán vio a Eva, podemos suponer que fue una sorpresa extraordinaria (comp. Gn. 2:23).

Estas son las primeras palabras humanas que la historia recoge y algunos estudiosos de las Escrituras entienden que esta declaración tiene en el original una estructura poética. Así que las primeras palabras históricamente registradas que el hombre pronunció fueron probablemente las líneas de un poema dedicado a la mujer.

Así que el matrimonio no sólo fue parte del conjunto de cosas con los que Dios pobló el jardín del Edén para el deleite del hombre y la mujer; el matrimonio fue la corona de ese deleite, sobrepasado únicamente por la relación que nuestros primeros padres tenían con Dios.

Lamentablemente ese no es el fin de la historia. En el capítulo 3 del Génesis tenemos el relato de la caída; y una de las primeras consecuencias que el pecado produjo fue que la relación matrimonial quedó profundamente afectada (comp. Gn. 3:12, 16).

La razón por la que muchos no pueden encontrar deleite en el matrimonio no es la incompatibilidad de caracteres ni las presiones del mundo; la razón es el pecado.

Sin embargo, la Biblia enseña que aún después de la caída el matrimonio puede y debería ser una relación deleitosa.

B. Deut. 24:5:

Los hombres recién casados eran excluidos por un año completo de ir a la guerra o de ocuparse en cualquier otro asunto que los obligara alejarse de sus casas. La idea no parece ser que el individuo estaría todo ese año sin hacer absolutamente nada, sino que no se le involucrara en ningún asunto que lo obligara a ausentarse del hogar y descuidar a su esposa (comp. Deut. 20:7).

Se esperaba del recién casado que pusiera especial atención a esa nueva relación que había iniciado con su esposa, a la cual él debe alegrar en vez de causarle la inquietud de que pueda perder la vida si se va a la guerra, o la tristeza de que no esté en su hogar.

De más está decir que el cuadro que tenemos aquí no es el de una esposa que se va a poner muy contenta cuando el esposo le diga que va a estar fuera de casa por un tiempo. Es una relación donde el deleite de ambos consiste en estar juntos el uno con el otro. Dios espera que ésta sea una relación deleitosa.

“Si, pero eso es al principio, durante la luna de miel. Pero después nos envolvemos en la rutina de la vida y conocemos mejor al elemento con el que estamos casados y entonces el panorama cambia drásticamente”. Hay un proverbio árabe que dice que los primeros días de casados son de miel y los otros son de hiel. Pero, ¿realmente debería ser así?

C. Pr. 5:15-19:

Hay varias cosas que quisiera destacar de este pasaje. En primer lugar, estos versículos enseñan claramente que el matrimonio es una relación deleitosa. En el versículo 15 se le compara con el deleite que sentimos cuando calmamos nuestra sed.

En el vers. 15 se compara a la esposa con una cisterna, que era lo que usaban los judíos para acaparar el agua de la lluvia, y también se la compara con un pozo que se nutre por un río de aguas subterráneas.

Luego en el vers. 18 se exhorta directamente al hombre a que se alegre con su mujer; y en el vers. 19 a que encuentre en ella plena satisfacción (la gacela era comúnmente usada en la poesía oriental como símbolo de belleza y de los encantos femeninos – lit. el texto dice: “sus senos te satisfagan… y en su amor embriágate”, o “intoxícate”).

Por otro lado, el texto da la idea de que este no es un matrimonio de recién casados. Aquí se exhorta al hombre a alegrarse con la mujer de su juventud, aunque hayan pasado los años y ya no sean tan jóvenes ninguno de los dos, y la piel no esté tan tersa como al principio, y la figura haya cambiado. Si los dos llegan a viejo deben seguir deleitándose el uno con el otro.

En vez de buscar satisfacción con una mujer extraña, bebe el agua de tu misma cisterna y los raudales de tu propio pozo.

No es verdad que la variedad sea tan satisfactoria como la pintan. En realidad eso es un engaño. Cuando bebes de los labios de una mujer extraña te será muy excitante al principio, pero la dulzura de sus besos se convertirá en ajenjo tarde o temprano (comp. vers. Pr. 5:3-4).

No tenemos que escoger entre el deleite pecaminoso del adulterio o el santo aburrimiento del matrimonio. No. Ese no es el cuadro que la Biblia presenta de la relación conyugal.

En una entrevista que se le hizo a un actor muy conocido por sus papeles románticos en la pantalla, le preguntaron: ¿Cómo se puede ser un gran amante? Para sorpresa del entrevistador y de toda la audiencia, el actor respondió:

“Un gran amante es aquel que puede satisfacer a una sola mujer a lo largo de toda su vida… y puede ser satisfecho por una sola mujer a lo largo de toda su vida. Un gran amante no es aquel que va [de una mujer a otra]. Cualquier perro puede hacer eso”.

D. Cantar de los Cantares:

Este libro presenta serias dificultades al estudioso de las Escrituras por la trama de su historia y por la cantidad de figurales orientales que usa, muchas de ellas con un claro simbolismo erótico.

Pero hay algo que vemos claramente en el libro y es que presenta un cuadro deleitoso del amor conyugal, a pesar de las dificultades que pueda surgir en la pareja. En Cantar de los Cantares vemos al hombre y a la mujer deleitándose en la compañía mutua, en la contemplación mutua y en la relación sexual.

Él le dice en 1:15: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas”. Y ella le responde: “He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores”.

Los amantes expresan libremente lo que sienten el uno por el otro. Más adelante, en 2:3 ella dice: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar”.

El manzano parece ser una metáfora de protección y dependencia. La fuerza de Salomón le inspiraba confianza a la sulamita; por eso le deleitaba sentarse en su sombra.

Ella encuentra un gran deleite en la protección que le brinda su amado, pero también se deleita en la relación que tiene con él: “Su fruto fue dulce a mi paladar”.

El cuadro que este libro presenta de la relación conyugal es el de una relación deleitosa.

E. Is. 62:1-5:

En el vers. 4 encontramos un juego de nombres para mostrar el contraste entre la nación que sería llevada al cautiverio, abandonada por Dios, y la nación que sería redimida.

De ser “Desamparada” y “Desolada” vendría a ser llamada Hefzi-ba (“mi deleite está en ella”) y Beula (“Desposada). Dios expresa el deleite que siente por Su pueblo comparando Su relación con el de un esposo por Su esposa. “Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo” (vers. 5). Dios se goza en Su pueblo (comp. Sof. 3:17).

Y de la misma manera el creyente se deleita en su Dios. En el Sal. 4:7 David dice al Señor: “Tu diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”.

Y en el Sal. 16:8: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma”. Y luego añade en el vers. 11: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.

Hay un deleite mutuo entre Dios y Su pueblo. Pues del mismo modo debe haber un deleite mutuo en la relación conyugal. Se supone que el esposo se goce con la esposa y la esposa con el esposo. Lo extraño debiera ser que fuera de otro modo.

Y lo mismo vemos en el NT (comp. Ef. 5:25ss). Aunque en este pasaje no se habla del deleite matrimonial de manera explícita, sí se compara la relación de Cristo con la iglesia con la relación del esposo con la esposa. Y nosotros sabemos por muchos otros textos de las Escrituras que la relación de Cristo con Su iglesia, y la relación de la iglesia con Cristo, es una relación deleitosa.

“El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).

Es por eso que el creyente aguarda con expectación la llegada de aquel día en que esa relación que ahora tiene con Cristo por la fe, sea consumada en las bodas del Cordero (comp. Ap. 19:6-8).

Pienso que estos textos que hemos citado hasta ahora son suficientes para probar el punto que queríamos probar: Dios enseña en Su Palabra que la relación matrimonial debería ser una relación deleitosa.

Pero ese deleite matrimonial debe ser debidamente cualificado, como veremos en nuestra próxima entrada.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

viernes, 7 de mayo de 2010

John Knox: El reformador escocés


Ubicada el norte de Inglaterra, el reino de Escocia siempre vio a los ingleses como una amenaza para la soberanía de sus territorios. Por esta razón, Escocia era una aliada tradicional de Francia.

Sin embargo, no todos los escoceses veían esa alianza con buenos ojos; algunos pensaban que era más aconsejable estrechar los lazos de amistad con Inglaterra.

Estos últimos recibieron un espaldarazo cuando el rey Enrique VII de Inglaterra prometió la mano de su hija, Margarita Tudor, a Jaime IV de Escocia. Esta alianza matrimonial trajo la esperanza de que ambos reinos pudieran vivir en paz a partir de entonces.

De hecho, Enrique VIII también le ofreció la mano de su hija María a su sobrino Jaime V, hijo de Jaime IV, pero éste prefirió mantener la política tradicional de alianza con Francia, y se casó con la francesa María de Guisa. Fruto de esta unión nació María Estuardo.

Durante ese tiempo, el protestantismo había comenzado a penetrar en Escocia encontrando allí un suelo abonado por el ministerio de los lollardos y husitas que no habían podido ser desarraigados del país.

Algunos escoceses que viajaban a Europa continental trajeron consigo una fuerte influencia de los reformadores alemanes; y aunque el Parlamento escocés promulgó leyes contra ellos, la nueva doctrina continuaba expandiéndose y contando con el favor de muchos nobles.

María Estuardo

En 1542 muere Jaime V, quedando como heredera del trono su hija María Estuardo que acababa de nacer. De inmediato comenzó una pugna por el futuro de la niña. Enrique VIII de Inglaterra deseaba casarla con su hijo Eduardo, plan este que contaba con cierto apoyo de los nobles protestantes escoceses.

Pero los católicos deseaban más bien que María fuese enviada a Francia para ser criada allí y luego casada con un príncipe francés. Finalmente, los francófilos prevalecieron y la pequeña María Estuardo fue enviada a Francia, mientras su madre permaneció en Escocia como regente.

En 1558 se casó con el delfín Federico II (éste es un título nobiliario francés reservado para los príncipes herederos al trono que fuesen hijos legítimos del monarca), que fue coronado como rey unos meses después de la boda.

De modo que ahora María Estuardo, con apenas 16 años de edad, era la reina consorte de Francia y la reina titular de Escocia. Pero esto no fue suficiente para ella. El mismo año de su boda, muere en Inglaterra María Tudor y su hermana Isabel asciende al trono.

Pero dado que Isabel era hija de Ana Bolena, para los católicos ella era una bastarda y, por lo tanto, el trono de Inglaterra le correspondía más bien a María Estuardo, bisnieta de Enrique VII. A la muerte de María Tudor, María Estuardo se proclama también reina de Inglaterra.

John Knox

John Knox nació en algún momento entre los años 1510 y 1515. Estudió teología en la Universidad de San Andrés y fue ordenado sacerdote alrededor del 1540. Poco tiempo después comenzó a ser influenciado por el protestantismo por hombres como George Wishart; finalmente se convirtió y, aunque al principio rehusó predicar, fue presionado a hacerlo, de modo que llegó a ser el predicador de la comunidad protestante escocesa.

Pero el 31 de julio de 1547 fue tomado prisionero junto con otros reformadores y condenado a remar en las galeras francesas, condena que sufrió por 19 meses. Pero gracias a la intervención de Inglaterra, finalmente fue liberado. Durante el reinado de Eduardo VI sirvió como ministro en Inglaterra desde 1549-1551. De igual modo vino a ser uno de los capellanes de la corte, por lo que, en muchas ocasiones, predicó delante del rey y de la corte.

Cuando Eduardo muere, y su hermana María es coronada como reina, Knox se ve obligado a partir hacia Suiza, donde se convierte en uno de los discípulos de Calvino en Ginebra.

Pero en Septiembre de 1554 fue llamado a pastorear una iglesia de refugiados ingleses en Frankfurt, invitación que acepta por consejo de Calvino, y luego de una breve visita a Escocia, regresa a Ginebra el 13 de Septiembre de 1556 donde asume de nuevo el pastoreo de una iglesia de refugiados ingleses.

Mientras tanto en Escocia, y bajo la regencia de la reina madre, los católicos y francófilos continuaban en el poder, lo que provoca una unión más estrecha entre los jefes protestantes.

A fines de 1557, éstos se comprometen bajo pacto solemne a “promover y establecer la muy bendita palabra de Dios, y su congregación”. Por esta razón se les dio el nombre de “lores de la congregación”.

En 1558, y a pesar de la persecución que se desató contra ellos, se organizaron como iglesia y pidieron el regreso de John Knox.

Así las cosas, la regente de Escocia pidió ayuda a Francia en contra de los lores de la congregación; éstos a su vez apelaron a Inglaterra “haciéndole ver que, si los católicos lograban aplastar la rebelión religiosa en Escocia, y ese país quedaba en manos de los católicos y estrechamente unido a Francia, la corona de Isabel peligraría” (Justo L. Gonzáles; Historia de la Reforma; pg. 119).

La reina de Inglaterra finalmente decide ir en ayuda de los protestantes a principios de 1560. Pero en ese ínterin, muere la regente y los franceses proponen abandonar Escocia si los ingleses hacían lo mismo.

Para esa época John Knox ya había regresado a Escocia y se había puesto al frente de la causa protestante. Pero pronto vino a ser evidente que no tenía en todo una misma mente y un mismo corazón con los jefes protestantes, sobre todo en lo referente a las riquezas; mientras los lores querían enriquecerse con las posesiones eclesiásticas, Knox y un grupo de ministros que le seguían querían hacer uso de esos recursos para establecer un sistema de educación universal, para ayuda de los pobres y para el sostén de la Iglesia.

John Knox y María Estuardo

Al morir la regente, los nobles escoceses piden a María Estuardo que regrese al país para ser coronada como reina de Escocia (su esposo, Francisco II, ya había muerto).

María regresa en 1561 y de inmediato comienza a tener conflictos con John Knox ya que, a pesar de que María Estuardo garantizó la libertad de cultos, ella continuaba celebrando misa en su capilla privada.

En su predicación, John Knox tronaba contra la idolatría de esta “nueva Jezabel”. “Mientras tanto, Knox y sus colaboradores se ocupaban de organizar la Iglesia reformada de Escocia, que tomó una forma de gobierno semejante al presbiterianismo posterior. En cada iglesia se elegían ancianos, y también el ministro, aunque éste no podía ser instalado sin antes ser examinado por los demás ministros. El libro de disciplina, el libro de orden común y la confesión escocesa fueron los pilares sobre los que Knox construyó esta nueva iglesia” (Ibíd.; pg. 120).

La caída de María Estuardo

A todo esto, María Estuardo continuaba acariciando el sueño de llegar a ocupar el trono de Inglaterra. Para tales fines, el 29 de julio de 1565 se casó con su primo Enrique Estuardo, conocido también como lord Darnley, que también tenía cierto derecho de sucesión y que profesaba la religión católica.

Este matrimonio también enfureció a la reina Isabel por cuanto Darnley, siendo un noble inglés, aún así se casó sin su permiso (también se sentía más amenazada por esta unión).

Hasta ese momento, María Estuardo había estado recibiendo consejos de su medio hermano bastardo, Jaime Estuardo, lord de Moray, uno de los principales jefes del protestantismo. Pero este no aprobó el casamiento de María Estuardo porque lo veía como parte de un pacto con España para aplastar el protestantismo en Escocia; así que acudió a las armas. María apeló entonces a lord Bothwell, un soldado muy hábil, y Moray fue derrotado y obligado a refugiarse en Inglaterra.

Ahora sin los consejos de su hermano, María cometió errores que la llevarían al desastre. Muchos sabían que su matrimonio no marchaba bien, y comenzaron a correr rumores de que la reina le estaba siendo infiel. En medio de esta situación Darnley es asesinado y Bothwell fue culpado del homicidio; pero es absuelto, y unos tres meses después María Estuardo lo convierte en su tercer esposo.

Este error fue la gota que colmó el vaso. Los lores se rebelaron contra la reina, que muy pronto se dio cuenta de que su ejército no estaba dispuesto a defenderla, así que no tuvo más remedio que entregarse a la voluntad de sus enemigos. Éstos le mostraron pruebas de su participación en la muerte de su ex esposo, de modo que si no abdicaba sería culpada de asesinato.

María no tuvo más remedio que abdicar a favor de su hijo Jaime VI, que en ese tiempo tenía un año de edad. Pero pronto escapó de sus enemigos y trató de retomar el poder. Al ser derrotada por los lores no le quedó más remedio que huir hacia Inglaterra y ponerse en manos de su odiada prima Isabel.

Al principio Isabel la recibió con mucha cortesía, sobre todo tomando en consideración el trato que María Estuardo le había dispensado hasta entonces.

Pero María no correspondió de la misma manera. Continuó conspirando para apoderarse del trono inglés, hasta que finalmente fue descubierta una conspiración para asesinar a Isabel; fue juzgada por traición y condenada a la muerte por decapitación, condena que se llevó a cabo, luego de una demora de tres meses por parte de Isabel, el 8 de febrero de 1587; tenía 45 años de edad.

La iglesia en Escocia

En cuanto a la iglesia en Escocia, ya no cabía dudas de su tendencia reformada. Como señala un historiador: “Ninguna iglesia oficial de la Reforma fuera de Suiza estaba más profundamente arraigada en la vida del pueblo.”

John Knox, murió el 24 de Noviembre de 1572, y aunque muchos lo recuerdan únicamente como el gran reformador de Escocia, lo cierto es que su figura adquirió mucho renombre a nivel internacional, como lo atestigua la famosa Placa Memorial de Ginebra en la que aparece junto a Calvino y Farel.

Algunos lo consideran el fundador del puritanismo por su énfasis en las Escrituras como la única regla de fe y práctica en la iglesia.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

jueves, 6 de mayo de 2010

Historia de la Reina - Valera


La Reina Valera no fue la primera versión de la Biblia traducida al castellano. Ya en el 1542 Francisco de Enzinas, con apenas 20 años de edad, había publicado su traducción del NT, del cual existen muy pocas copias al día de hoy, porque tan pronto fue publicado, los libros fueron prohibidos y sacados de circulación.

El propio emperador Carlos V, a quien Francisco dedica su traducción, ordenó que se recogiese toda la edición y que se detuviera su circulación.

Diez años más tarde, en el 1553, dos judíos publican una versión del AT en español. Esta versión se conoce como la Biblia de Ferrara, por cuanto fue dedicada al duque de esa ciudad. Por supuesto, fue impresa en Italia y no España por causa de la inquisición.

Tres años después aparece en Venecia otro NT traducido por Juan Pérez de Pineda. Algunos críticos entienden que esta nueva versión es en realidad una revisión del nuevo testamento de Francisco de Enzinas.

Esta versión del NT fue introducida en España de contrabando, promoviendo el movimiento reformador entre los españoles, siendo uno de sus principales contrabandistas un hombre llamado Julián Hernández.

Julianillo Hernández

La inquisición tenía puestos de revisión en todos los caminos para que la Palabra de Dios no fuera introducida a escondidas en territorio español. Los reyes católicos habían colocado funcionarios aduanales en todos los puertos marítimos y en todos los pasos terrestres, con autoridad para revisar todo paquete y toda persona que entrara en el reino.

En ese tiempo Juan Pérez vivía en Ginebra, donde Juan Calvino estaba siendo ampliamente usado por el Señor en el proceso de Reforma de la Iglesia en aquella ciudad, que se había convertido en un refugio para muchos cristianos que habían huido de sus países para escapar de la inquisición.

Un día se presentó a la puerta de su casa un hombre de apariencia muy extraña, bajo de estatura y aparentemente jorobado. Más tarde Juan Pérez diría de él que tenía el cuerpo tan macilento que parecía solo piel y hueso. Este hombre se llamaba Julián Hernández, pero era conocido como Julianillo por lo corto de su estatura.

Julianillo Hernández había viajado mucho por todo el continente, y había trabajado en imprentas alemanas y en los Países Bajos donde la Reforma Protestante tenía mucha fuerza, y algunos suponen que fue su trabajo en las imprentas lo que Dios usó para traerlo al conocimiento de Cristo. Julianillo le ofreció a Juan Pérez servirle de amanuense y corrector de pruebas.

Pero al plantearse el problema de cómo introducir las Biblias en España, Julianillo se ofreció hacerlo él mismo de contrabando. Para esto consiguió unos barriles de vino de doble piso colocando las Biblias en el piso de abajo; y tomando la vía de Flandes se dirigió hacia España, con tal sagacidad y sangre fría, que pudo burlar todos los puestos de vigilancia de la inquisición.

Así llegó a Sevilla y depositó los NT en la casa de Juan Ponce de León, para que éste se encargara de distribuirlos. Pero Juan Ponce es descubierto y llevado a la hoguera por la inquisición el 24 de Septiembre de 1559.
Pero eso no frena a Julianillo, que continúa introduciendo los NT mientras vende telas para ocultar su identidad y su verdadero trabajo.

Al poco tiempo esto comienza a crear inquietud en el clero católico que no se explicaba cómo es que había tantos ejemplares del Nuevo Testamento y libros protestantes en suelo español a pesar de la extrema vigilancia de la Inquisición. Algunos llegaron a pensar incluso que debía ser una obra directa de Satanás que los desaparecía y luego los hacía aparecer en España.

El Padre de la Roa dice respecto a la obra de Julianillo: “Con increíble habilidad encontraba él secretas entradas y salidas, y el veneno de la nueva herejía se divulgó con gran velocidad por toda Castilla y Andalucía. Donde ponía su pie comenzaba el incendio. Él mismo enseñó a hombres y mujeres con demasiado acierto, especialmente en Sevilla donde se formó, gracias a esto, un verdadero nido de herejes”.

Pero finalmente Julianillo fue traicionado por un herrero que le mostró a un sacerdote el NT que éste le había obsequiado. Fue apresado y conducido a las cárceles del Santo Oficio en Sevilla.

En ningún momento ocultó su fe, ni tampoco el hecho de que había sido él quien había introducido esos libros en España. Y a pesar de que lo torturaron sistemáticamente, se negó a revelar los nombres de los evangélicos españoles.

Con los miembros dislocados animaba a los otros presos cantando canciones contra los frailes y arengando a sus hermanos a que se mantuvieran fieles al Señor en medio del sufrimiento.

Tres años lo mantuvieron como prisionero y finalmente fue sentenciado a la muerte. Cuentan los historiadores que al llegar a la hoguera él mismo se encargó de colocar las leñas sobre su cabeza.

En este punto de la historia es importante señalar que uno de los depósitos de libros usados por Julianillo, era un convento de frailes Jerónimos, ubicado cerca de Sevilla, llamado el Convento de San Isidoro de Santiponce, donde vivían comunitariamente unos 40 monjes.

El convento de san Isidoro

En la época a la que nos referimos, el convento se encontraba bajo la tutela de Garcí Arias, quien era el prior de la institución y a quien muchos llamaban el maestro blanco porque era albino.

Éste dirigía a los frailes en el estudio de las Escrituras y muchos fueron guiados a Cristo y a abrazar la Reforma a través de su predicación.

Cuando Julianillo fue apresado, estos monjes convertidos del convento sabían que les quedaba poco tiempo para escapar, ya que la inquisición había recibido reportes inquietantes de las actividades del convento.

En una carta fechada el 17 de Noviembre de 1557, y dirigida a Felipe II, se le informa que algunos monjes del Monasterio de San Isidoro eran sospechosos de “muchos errores y opiniones luteranas.”

Y es así como en el 1557 doce monjes deciden abandonar el convento y huir de la inquisición. Entre estos monjes estaban Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, así como Antonio del Corro, otro personaje que luego sería muy importante en la historia del evangelio en España.

Casiodoro de Reina
Casiodoro nació probablemente en Sevilla o sus alrededores en el 1520 y se unió al convento de San Isidoro siendo un joven de unos 10 años de edad. No sabemos con exactitud cómo fue su conversión, pero sí sabemos que comenzó a estudiar las Escrituras desde muy joven.

Antes de huir del convento en 1557, estos 12 frailes habían acordado encontrarse en Ginebra al año siguiente, como de hecho hicieron. Pero por algunos inconvenientes Casiodoro decide trasladarse a Frankfurt en el 1558, no sin antes comenzar la traducción del AT al español.

En 1559, estando ya Isabel I en el trono de Inglaterra, Casiodoro se dirigió a Londres con otros tres fugitivos del monasterio, entre los cuales estaba también Cipriano de Valera. Allí se encuentra con un grupo de españoles que habían buscado refugio en las Islas Británicas, y nombran a Casiodoro como su pastor.

En esa misma época comienza a hacer gestiones para la publicación de su versión de la Biblia en lengua castellana, para lo cual escribe una carta a su amigo Antonio del Corro, ex monje de San Isidoro, indagando sobre las posibilidades de publicarla en el Continente. Éste le responde diciéndole que se dirija hacia Francia vía Flandes, llevando consigo a Cipriano de Valera como corrector, ya que tenía un impresor que se había ofrecido para llevar a cabo el trabajo.

Pero tal respuesta nunca llegó a la mano de Casiodoro, por cuanto el embajador español en Inglaterra le había escrito al rey Felipe II informándole de los planes de Casiodoro de publicar en Francia la Biblia en castellano. Éste le pidió que buscara la manera de hacerle salir de suelo inglés para así poder echarle mano.

No obstante, el mismo Casiodoro decide abandonar Inglaterra, por cuanto los católicos españoles habían levantado contra él acusaciones infundadas, y se dirige hacia Amberes, capital de Ámsterdam. Allí fue protegido por cristianos, y más tarde se reúne con su esposa, la cual tuvo que escapar de Inglaterra disfrazada de marinero. Pero tampoco podía permanecer en Amberes por mucho tiempo, ya que Felipe II le había puesto precio a su cabeza.

Así que en 1564 sale hacia Francia a casa de Antonio del Corro. Pero Enrique II rey de Francia ordena la expulsión de todos los ministros de Francia. Y Casiodoro sale al exilio de nuevo con todos sus manuscritos.

Se dirigen al castillo de Montargis, al sur de París, a donde se había retirado la duquesa de Ferrara, Renata. Allí se encontraron con Juan Pérez de Pineda que también se había refugiado en Montargis.

Su plan original era traducir el AT y unirlo al NT de Juan Pérez que había sido publicado 8 años antes. Dejando a sus amigos Antonio del Corro y Juan Pérez, Casiodoro se dirige a Frankfurt, donde finalmente estableció un negocio de tejidos para poder mantener a su familia, mientras continúa con su trabajo de traducción.

Finalmente, después de 12 años de trabajo termina la traducción del AT. Su amigo Juan Pérez ya había muerto, pero había dejado fondos suficientes para la publicación de su NT, conjuntamente con la traducción de Casiodoro del Antiguo.

Casiodoro, sin embargo, no pudo usar el NT de Juan Pérez, por cuanto los ejemplares que estaban siendo impresos en París fueron confiscados y destruidos. Esto le obliga a preparar su propia traducción del NT, lo que retrasó la impresión que se estaba llevando a cabo en Basilea.

Pero en Basilea nadie conocía a Casiodoro y las autoridades, que no sabían leer español, escriben a algunos en Estrasburgo para que envíen carta de recomendación. Las cartas no llegan y Casiodoro decide ir él mismo, pero en el camino cae enfermo y se entera de la quiebra del impresor al cual le había dado un adelanto de 500 escudos para que imprimiera 1100 ejemplares (éstos eran parte del dinero que había dejado Juan Pérez al morir).

Sus amigos vienen en su auxilio y es así como, en Agosto de 1569, la obra es concluida, y de inmediato se preparan cuatro grandes toneles llenos de ejemplares de la Biblia en castellano, que probablemente serían introducidos en España vía Flandes.

Esta versión es conocida como la Biblia del Oso, porque tenía en su portada, después del título, “una estampa que representa el tronco de un árbol, hendido por medio con un mazo suspenso de una rama; en la hendidura hay un enjambre de abejas, cuya miel está lamiendo un oso puesto en pie, y en un libro abierto que está casi al pie del tronco se lee”: La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Cipriano de Valera

Pero la historia no concluye allí. La versión de Casiodoro fue impresa de nuevo en 1602, luego de una cuidadosa revisión de parte de Cipriano de Valera, quien empleó 20 años más en esta labor.

Cipriano de Valera fue un gran erudito español que luego de huir de Sevilla en 1557, se trasladó a Ginebra y luego a Inglaterra, donde continuó sus estudios en Oxford y en Cambridge.

Cipriano fue un gran traductor; de hecho, fue él quien tradujo la Institución Cristiana de Calvino, y se dice que su versión española tiene tan buen español como el buen francés de Calvino.

La versión completa de la Biblia que hoy conocemos como Reina-Valera, es considerada como “una de las mejores que existen en lengua castellana.”

Y otro autor señala: “La traducción de Reina es un trabajo grandioso tanto por la fidelidad de la traducción como por la pureza del lenguaje... El muy católico Menéndez Pelayo, predispuesto contra los reformistas españoles dice: ‘Habiendo sido hecha esta traducción en los mejores tiempos de la lengua castellana sobrepuja a las versiones de Felipe Scío y Torres Amat’.”

A él dedica el siguiente verso Manuel Pérez del Busto, con el que ahora concluyo:

Oh, singular Casiodoro
Que, de un modo inteligente,
Nos has llevado a la fuente
Que emana Palabra de oro.
Todo su inmenso tesoro,
Tan divino y tan humano
Recogió tu noble mano
Con tal especial intento,
Que lograste un monumento
Con la Biblia en castellano.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

miércoles, 5 de mayo de 2010

John Huss: El mártir de Bohemia


John Wyclif murió de una embolia en 1384, pero sus ideas continuaron latiendo en muchos corazones redimidos que pronto habían de encender el fuego de la controversia otra vez. La historia sólo aguardaba la llegada de otro campeón de la fe, hallándolo finalmente en Bohemia, unos años más tarde en la figura de John Huss

Al igual que en el caso de Wyclif, no podemos entender a Huss sin dar un breve vistazo a la Bohemia del siglo XIV y XV.

Por un lado, desde el punto de vista religioso, la Iglesia necesitaba urgentemente una reforma; la simonía y la inmoralidad eran comunes en la vida del clero. El Papado se encontraba sumergido en el gran cisma con tres Papas que se excomulgaban mutuamente: Juan XXIII en Roma, Gregorio XII en Rimini y Benito XIII en Peñiscola.

Por otra parte, desde el punto de vista político había mucha tensión entre los checos y los alemanes; estos últimos, siendo una minoría, poseían mucha autoridad en Bohemia.

Aún antes de que Huss llegara a la escena, hubo tres predicadores populares que produjeron una profunda impresión en el pueblo: Conrado de Waldhausen (m. 1369), Militz de Kremsier (m. 1374) y Matías de Janov (m. 1394). No sólo citaban frecuentemente las Escrituras, sino que abogaban por ciertos cambios en la Iglesia y levantaron la Capilla de Belén en Praga, donde promovieron su reforma.

Fue en este ambiente donde nació Juan Huss en 1370, en el seno de una familia campesina. Ingresó a la Universidad de Praga cuando apenas tenía 17 años de edad.

En 1396 obtuvo el título de Maestro en Artes y empezó a enseñar en la universidad en 1401, donde no sólo fue elegido Decano de la facultad de artes, sino también ordenado sacerdote.

Más adelante llegó a ser el predicador de la Capilla de Belén, donde su elocuencia, fogosidad y sinceridad pronto lo convirtieron en el hombre más influyente del país. Fue precisamente en esa época cuando, animado por un amigo, entró en contacto con los escritos de Wyclif, con los cuales difería al principio, excepto en tres puntos:

1. La Escritura es la única autoridad infalible del creyente.

2. El clero debía ser reformado.

3. Los sacerdotes no poseían poder espiritual por el mero hecho de ser sacerdotes, sino cuando su pureza de alma y conducta mostraba que poseían el Espíritu Santo.

Como era de esperarse esa predicación ardiente, en el idioma del pueblo, pronto encontró una amplia aceptación, razón por la cual el arzobispo lo denunció ante el Papa Alejandro V, quien de inmediato publicó una bula condenando sus doctrinas y prohibiéndole predicar.

Huss respondió escribiendo un tratado titulado “De Alejandro Mal Informado a Alejandro Informado Mejor”, y siguió predicando con el mismo fuego de antes.

En 1403 el clero volvió a protestar, se condenaron 45 artículos de Wyclif y se prohibió predicar acerca de ellos; pero Huss tampoco respetó esa prohibición. Es así como en 1408 fue depuesto como predicador, aunque al año siguiente, fue elegido como Rector de la Universidad de Praga.

Al morir Alejandro V, le sucede Baltassar Cossa, quien toma el nombre de Juan XXIII (en el siglo XX hubo otro Juan XXIII porque la iglesia no reconoce al primero como legítimo). Este Papa, el hombre más depravado que se ha sentado en la silla Papal, declaró la guerra a Ladislao y para ello proclamó una total remisión de los pecados para todos los que se pongan de su parte en esa guerra “para defender la Iglesia”.

Como era de esperar Huss se opuso fuertemente a esto, y llamó al Papa “anticristo”. El Papa reaccionó poniendo a toda Bohemia bajo interdicto hasta que Huss no saliera de ella.

Es así como Huss va al exilio en 1412, donde escribió las obras por las que sería condenado. He aquí algunas de sus aseveraciones:

“Pedro no es, ni fue cabeza de la Santa Iglesia Católica.”

“Única es la Santa Iglesia Universal, que es la universalidad de los predes-tinados.”

“La dignidad Papal se derivó del César y la perfección e institución del Papa emanó del César.”

“Nadie hace las veces de Cristo o de Pedro, si no le sigue en las costumbres... El Papa no es verdadero y claro sucesor de Pedro, príncipe de los Apóstoles; si vive en costumbres contrarias a Pedro y si busca la avaricia, entonces es vicario de Judas Iscariote. Y con igual evidencia, los cardenales no son verdaderos y claros sucesores del colegio de los otros apóstoles de Cristo, si no vivieron al modo de los Apóstoles, guardando los mandamientos y consejos de nuestro Señor Jesucristo.”

“Los doctores que asientan que quien ha de ser corregido por censura eclesiástica, si no quiere corregirse ha de ser entregado al juicio secular, en esto siguen ciertamente a los pontífices, escribas y fariseos, quienes al no quererlos Cristo obedecer en todo, lo entregaron al juicio secular diciendo: ‘A nosotros no nos es lícito matar a nadie’ (Juan 18:31); y los tales son más graves homicidas que Pilato.”

“La gracia de la predestinación es el vínculo con que el cuerpo de la Iglesia y cualquiera de sus miembros se une indisolublemente a Cristo, Su Cabeza.”

“La condenación de los 45 artículos de Juan Wyclif, hecha por los doctores, es irracional, inicua y mal hecha. La causa por ellos alegada es falsa, a saber, que 'ninguno de aquellos es católico sino cualquiera de ellos es herético o erróneo o escandaloso.”

Dos años después de su exilio, se decide concluir con el triste espectáculo de una Iglesia Católica dividida y se convoca el Concilio de Constanza, en el cual, de paso, se trataría el problema de Huss.

Segismundo, el Emperador, le promete un salvoconducto para que pueda presentarse ante el concilio sin tener que temer por su vida. A pesar de las advertencias de sus amigos, Huss decide ir; pero inmediatamente llega a Constanza es apresado por siete meses, donde enfermó gravemente.

En Navidad de 1414 Segismundo fue presionado para que diera su aprobación de condenar a Huss. Se le decía que un salvoconducto no debía ser respetado si había sido dado a un hereje; años más tarde Lutero diría con respecto a eso: “Nadie ignora que faltar al salvoconducto y a la lealtad es ir contra el mandamiento de Dios, aunque el salvoconducto haya sido concedido al mismo diablo y a un hereje más.”

Segismundo accedió a la petición y Huss fue condenado. Luego de una denigrante ceremonia donde se le vistió de sacerdote, se le cortaron todas las yemas de los dedos y se le colocó en la cabeza un sombrero con muchos diablitos pintados, fue finalmente quemado. Este siervo de Dios murió cantando Salmos.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

martes, 4 de mayo de 2010

John Wyclyf: La estrella matutina de la Reforma


Nació cerca del 1320 en Hipswell, al norte de Yorkshire; estudió en Oxford, donde llegó a ser profesor de teología, y más tarde (1360) rector del Balliol College. Fue ordenado sacerdote católico, y laboró en varias parroquias, sobretodo en Lutterworth.

Para comprender la vida de este hombre, es necesario que echemos un vistazo a la Inglaterra del siglo XIV.

La relación Iglesia-Estado enfrentaba algunos problemas, sobre todo por el hecho del enriquecimiento de la Iglesia a expensas del Estado; gran parte del dinero inglés estaba siendo enviado a Aviñón (donde estaba el Papado).

A eso debemos añadir que la moralidad del clero dejaba mucho que desear y que fue precisamente en el siglo XIV que ocurrió el Gran Cisma, que tanta vergüenza trajo a la Iglesia de Roma.

El Parlamento se encontraba dividido; por un lado estaban lo que apoyaban la Iglesia y por el otro lado, el partido anticlerical con Juan de Gante a la cabeza, quien en 1366 encargó a Wyclif, en su calidad de “Clérigo al servicio del Rey”, que preparase una defensa a favor del Parlamento y a su negativa de pagar el tributo del Rey al Papa.

En 1376 fue enviado a Brujas a discutir con agentes pontificios el mismo asunto. Más adelante Juan de Gante pidió a Wyclif que defendiera desde Londres su propuesta de confiscar parte de los bienes de la Iglesia, lo cual atrajo sobre Wyclif una dura ofensiva por parte del clero.

Gregorio XI promulgó una bula condenando 18 proposiciones de Wyclif, tomadas en su mayoría del tratado “Del Dominio Civil”. Pero la Iglesia no podía frenar el auge que las enseñanzas del reformador había tomado entre el populacho y entre algunos nobles; estos últimos veían con buenos ojos el privar a la Iglesia de algunos de sus bienes.

El Papa había ordenado al arzobispo que si Wyclif no se arrepentía debían arrestarlo y mantenerlo encadenado hasta recibir nuevas instrucciones. Sin embargo, no se pudo llevar a efecto la orden pontificia; Oxford decidió defender a su nuevo héroe.

El 27 de marzo murió Gregorio XI y el cisma pontificio que sobrevino debilitó el Papado y toda la autoridad de la Iglesia. A partir de ese momento Wyclif reforzó su ofensiva publicando pequeñas obras, muchas de las cuales estaban en inglés y por ende, se propagaron con rapidez.

En algunas de esas obras decía que los monasterios eran “cuevas de ladrones, nidos de serpientes, casas de demonios vivientes”. En otra parte se preguntaba que si era cierto que el Papa tenía poder de salvar las almas del purgatorio, ¿por qué no mostraba su amor cristiano sacándolos a todos de allí?

“Jesucristo no tenía donde descansar la cabeza pero dicen que este Papa tiene más de la mitad del Imperio... Jesucristo era manso... El Papa sentado en su trono, obliga a los señores a besarle los pies”.

Entre las doctrinas que le ganaron a Wyclif el repudio de la Iglesia, tenemos, entre otras:

1. Su doctrina sobre el señorío:

Wyclif se preguntaba ¿en qué consiste el verdadero señorío? A lo que respondía que no hay otro señorío fuera de Dios; toda criatura tiene dominio sobre otra sólo porque Dios se lo ha dado, pero hay algunos que se toman prerrogativas que no le corresponden.

¿Cómo podemos distinguir, entonces, el señorío verdadero de aquel que es una mera usurpación? Wyclif hallaba la respuesta en la persona de Jesucristo. Jesucristo no vino para ser servido, sino para servir; de igual modo, sólo puede ser legítimo aquel que, estando en una posición de señorío, se dedica a servir y no a ser servido.

2. Su doctrina sobre la predestinación:

Dios es soberano y, por ende, da su gracia a quien le place y ha predestinado desde la eternidad a todos aquellos que han de salvarse. Las buenas obras no salvan, sino que indican que aquel que las hace ha recibido la gracia divina y es uno de los elegidos.

En ese mismo orden de ideas, decía que sólo Adán y Eva poseyeron libre albedrío, pero que con su desobediencia lo perdieron para sí mismos y para los demás.

3. Su doctrina sobre la Confesión auricular:

“La confesión privada hecha a los curas no es necesaria, sino traída más tarde por el maligno pues Cristo no la usó ni ninguno de sus apóstoles después de Él”.

En otra parte decía que los curas abusaban de la confesión con fines econó-micos y políticos; y “mediante la confesión secreta un fraile y una monja pueden pecar en compañía.”

4. Su doctrina sobre la Santa Cena:

Negaba que algún sacerdote tuviera poder de cambiar el vino en sangre y el pan en cuerpo de Cristo. Para él no había una pretensión más abominable que decir que un cura pudiese realizar ese milagro creador.

5. Su doctrina sobre la autoridad del Papa:

Decía que ésta estaba supeditada a la Escritura. Concordaba con Tertuliano en el sentido de que las Escrituras le pertenecen a la Iglesia y por tanto, han de ser interpretadas por ella.

Pero no creía que la Iglesia fuese lo mismo que la jerarquía; al igual que Agustín, decía que la Iglesia era el conjunto de los predestinados; consecuentemente, el pueblo debía tener las Escrituras en su propio idioma, tarea ésta que Wyclif llevó a cabo al traducir la Biblia en inglés.

Para propagar sus ideas Wyclif formó un grupo de predicadores que algunos, en tono de burla, llamaron “Lollardos” (probablemente derivado del holandés “Lollaerd” - murmurar).

En 1384 el Papa Urbano VI citó a Wyclif a Roma; pero Dios tenía un llamado distinto para este gran hombre. El 28 de diciembre del mismo año sufrió un ataque de parálisis y tres días después murió.

La Iglesia no pudo hacerle nada en vida, pero en el Concilio de Constanza, el 4 de mayo de 1415, sus huesos fueron desenterrados y sus cenizas fueron arrojadas en un arroyo. No obstante, el pueblo de Dios le recordará pos siempre como “la estrella matutina de la reforma”.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

lunes, 3 de mayo de 2010

10 preguntas de auto examen

La semana pasada publiqué estas 10 preguntas que usé en mi sermón del domingo pasado sobre la decadencia espiritual. Por causa del tiempo sólo pude desarrollar las primeras cuatro. Aprovecho ahora para publicar el cuestionario completo, tal como aparece en el libro de “Diez Preguntas para Diagnosticar tu Salud Espiritual”.

1. ¿Sientes todavía sed por Dios?

2. ¿Eres cada vez más gobernado por la Palabra de Dios?

3. ¿Estás creciendo en tu amor por los demás?

4. ¿Estás más sensible que antes a la presencia de Dios?

5. ¿Estás experimentando una medida creciente de preocupación por las necesidades espirituales y temporales de otros?

6. ¿Te deleitas en la esposa de Cristo, que es Su iglesia?

7. ¿Son las disciplinas espirituales importantes para ti en una medida creciente?

8. ¿Todavía sientes dolor por tu pecado?

9. ¿Eres una persona que perdona rápidamente?

10. ¿Qué tanto anhelas el cielo y estar con Jesús?


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

sábado, 1 de mayo de 2010

Un solo camino


Uno de los distintivos del verdadero cristianismo es el lugar central que ocupa la persona de nuestro Señor Jesucristo como el único mediador entre Dios y los hombres.

Jesús dice de sí mismo en Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Él no se presenta como una opción entre muchas, sino como la única opción disponible.

Y esta no es una declaración aislada en el Nuevo Testamento. En Juan 10:7-9 el Señor había dicho a Sus discípulos: “Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores… Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”.

Y el apóstol Pedro afirma en Hechos 4:12 que “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Hay un sólo Dios, dice Pablo en 1Timoteo 2:5, así como hay también un sólo mediador entre Dios y los hombres: nuestro Señor Jesucristo.

Todas las otras vías de acceso que los hombres pretenden usar para llegar a la presencia de Dios están completamente bloqueadas: cualquier otra religión, cualquier otro intermediario, nuestra decencia personal o nuestras buenas obras.

Hay un sólo camino para llegar al Padre, y ese camino no es una doctrina, ni una filosofía: es una Persona. Cristo no se presenta a Sí mismo como un gran maestro que, mapa en mano, puede mostrarnos la ruta al Padre. No. Él es el camino, el único camino; nadie más hubiera podido hacer lo que Él hizo: hacerse Hombre siendo Dios para dar Su vida en una cruz y así saldar nuestra deuda con la justicia divina.

La exclusividad del cristianismo no radica en el hecho de que sus enseñanzas sean más nobles, más lógicas o más sublimes que las de cualquier otra religión (aunque todo eso es cierto de la fe cristiana).

El cristianismo es exclusivo por la singularidad de su Fundador. El mediador entre Dios y los hombres tenía que ser Dios y tenía que ser Hombre, y sólo Jesús cumple con ambas condiciones.

Sabemos que esta clase de exclusividad es contraria al pensamiento pluralista de hoy día, pero lo cierto es que no tenemos más opción que aceptar a Cristo como el único mediador, y postrarnos ante Él en arrepentimiento y fe, o rechazar por completo el evangelio como la doctrina de un iluso o de un farsante.

El cristianismo no admite ningún tipo de sincretismo. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1Timoteo 2:5).


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...