Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

jueves, 28 de enero de 2010

La decadencia espiritual: La urgente necesidad de cuidar nuestras almas

El hecho de que la salvación sea segura para el que realmente la tiene de ningún modo debe llevar al creyente al descuido y la pereza, porque el pecado todavía mora en nosotros; y no como una bomba desactivada o un volcán extinguido. Como hemos dicho muchas veces, el pecado ha dejado de ser nuestro rey, pero sigue siendo nuestro enemigo, y su meta es llevarnos a lo peor; esa es la lección del apóstol Pablo en Romanos 6, así como en 7:14-25, por sólo citar algunos.

Octavio Winslow dice al respecto que en todos nosotros hay una tendencia “secreta, perpetua y alarmante de alejarnos de Dios”. Y si esa tendencia no es vigilada y mantenida a raya, puede apartarnos sutilmente de nuestra comunión íntima con Él y causar serios daños a nuestra vida espiritual.

Sigue diciendo Winslow: “Tal desvío devora al alma de su vigor, de su fuerza, de su energía espiritual; e incapacita al creyente, por un lado, para servir, amar, obedecer y deleitarse en Dios; y por otro lado, para resistir las tentaciones de la carne, el mundo y Satanás”.

Noten que aquí no estamos hablando de un pecado en particular. Nos estamos refiriendo, más bien, a un estado de deterioro, en el cual las gracias que Cristo ha implantado en nosotros, tales como la fe, el amor, el gozo, la esperanza, la mansedumbre, se encuentran en franco decaimiento; es un estado en el que nuestra comunión con Dios ha descendido a su mínima expresión.

Y lo terrible de esta condición es que comienza de una manera sutil, secreta, imperceptible para las personas que nos rodean, y a veces hasta para nosotros
mismos.

En lo que respecta a la conducta externa, éste creyente no se distingue de los demás hermanos de la Iglesia. Pero su alma se encuentra en un franco y abierto deterioro espiritual.

No hay vigor en su fe, no hay incremento en su amor, no experimenta el gozo de saberse perdonado y de pertenecer a Cristo, ni el gozo de la obediencia; no vive amparado en la esperanza, no manifiesta humildad y mansedumbre; y su comunión con Dios es rígida, externa, ritualista.

Y nos preguntamos, ¿cómo es posible que un verdadero creyente caiga en un estado espiritual tan penoso?

Antes de responder esta pregunta, permítanme corregir un concepto equivocado que muchos tienen al evaluar el estado de su vida espiritual. Algunos creyentes se dan cuenta que algo no anda bien en su vida cristiana, que su piedad y su relación con Dios han decaído, lo mismo que su servicio en el reino y su involucración en la iglesia.

Pero al querer encontrar la causa de su deterioro caen en lo que yo he llamado el síndrome adámico. ¿Qué hizo Adán cuando Dios lo confrontó con su pecado? Le echó la culpa a su mujer. Y ¿qué hizo la mujer? Echarle la culpa a Satanás. Todos son culpables de mi desgracia, menos yo.

Sin embargo, según la evaluación divina en Génesis 3, cada uno fue responsable de su pecado y cada uno recibió la consecuencia de sus actos. Querido hermano, querida hermana, ninguna causa externa a ti puede ser responsable de tu decadencia espiritual. Ese mal comenzó en tu corazón y se desarrolló en tu corazón (comp. Mt. 15:17-20).

Si quieres encontrar a alguien a quien echarle la culpa de tu condición, créeme que lo vas a encontrar, pero no vas a solucionar tu problema. Puede que al principio te haga sentir mejor contigo mismo, pero la fuente de tu decadencia seguirá produciendo productos tóxicos que no te permitirán salir del estado en que estás.

Y, por supuesto, cuando achacamos la culpa de nuestro mal a una causa equivocada, inevitablemente vamos a llegar a una solución equivocada. Es por eso que muchas personas cifran la esperanza de su mejoría en un cambio de circunstancia: “Un cambio de aire me vendrá bien; tal vez si cambio de amistades, o de iglesia, o de trabajo, incluso de país, puede que mi situación mejore”.

Pero si entendemos que el mal radica en nuestro propio corazón, entonces podremos aplicar la medicina apropiada en el lugar apropiado. ¿Cuál es, entonces, la verdadera causa de la decadencia espiritual? Hablaré un poco acerca de esto en la próxima entrada, si el Señor lo permite.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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miércoles, 27 de enero de 2010

Reporte del pastor Francisco Guzmán sobre la situación actual en Haití


Después de haber viajado a Puerto Príncipe el pasado fin de semana nos reunimos con los ancianos de IBSJ y Carlos Pimentel de la Fundación Esperanza para evaluar la situación posterremoto y he aquí el camino a seguir a corto y largo plazo:

Decidimos abrir una oficina con dos empleados que van a organizar y coordinar todo nuestro trabajo allá.

Ante la realidad de que miles de las casas de nuestros hermanos y el pueblo en general están destruidas y otras están muy agrietadas e inhabitables, se decidió que los pastores hagan un inventario en las diferentes iglesias de los hermanos afectados.

Les vamos a proveer comida y agua a cambio de que empleen sus manos para remover los escombros.

La gente se encuentra viviendo en las calles y las áreas libres. Miles de lonas y sabanas viejas les cubren del sol del día y del frió de la noche. El mal olor provocado por las eses fecales y los cadáveres descompuestos debajo de los escombros es insoportable.

El hambre y la sed no se quedan detrás en esta macabra danza de muerte que afecta a niños y a adultos por igual.

Estamos comprando mandarrias, picos, carretillas y cinceles para que nuestros hermanos en la fe retornen cuanto antes a los solares donde estuvieron sus casas. Es nuestra meta poder involucrar las iglesias y las comunidades en la construcción de casas de bajo costo con los fondos que nos están llegando para pagarle con comida y agua.

Oren que el Señor nos de sabiduría en todo este trabajo y que multiplique los panes y los peces ante un mar tan grande de necesidades.

En la parte espiritual vimos la inmensa necesidad de ministrar la Palabra de Dios a los pastores y líderes de las iglesias en Puerto Príncipe, ya que se encuentran desconcertados, deprimido y sus corazones destrozados al ver sus edificios derribados y miles de sus ovejas muertas o heridas.

Estamos organizando una conferencia pastoral para la primera semana de marzo junto con los pastores de IBSJ, oren que el Señor nos de la gracia de animarles para seguir adelante pastoreando en sus condiciones presentes.

En nuestras aulas de la tercera planta habilitamos 15 camas para acoger a los pacientes que salen de alta de los diferentes hospitales. Oren por la recuperación física y emocional de estos pacientes. Varios son creyentes. Tenemos amputados, huesos rotos, contusiones diversas. Oren por sabiduría para los médicos de nuestras iglesias que le están dando asistencia.

Atte.

Pastor Francisco Guzmán

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Decadencia espiritual: La naturaleza indestructible de la gracia verdadera

Recientemente iniciamos en nuestra iglesia una serie de sermones sobre la decadencia espiritual y pensé que era una buena idea postear poco a poco algunas de las ideas que hemos estado compartiendo con nuestra congregación, dada la enorme importancia de este tema.

Al hablar de decadencia o declinación espiritual nos referimos a un creyente verdadero cuya vida espiritual no se encuentra vigorosa y saludable.

La Biblia nos advierte claramente que muchas personas tendrán una evaluación incorrecta de sí mismos, creyendo que son creyentes sin serlo en realidad. Pero también nos advierte que un verdadero cristiano puede pasar por tal declinación que apenas podamos distinguir la obra de la gracia de Dios en su vida.

Y es precisamente acerca de ese aspecto de la vida cristiana práctica que queremos hablar en esta serie de estudios. ¿Cuáles son los síntomas de que estamos atravesando por un período de decadencia espiritual? ¿Cuáles son las causas que llevan a un creyente a caer en esa penosa condición? Y sobre todo, ¿cuál es el remedio que debemos aplicar, ya sea para evitar caer o para recuperarnos si lamentablemente ya nos encontramos en ese estado?

Esas son algunas de las interrogantes que vamos considerar en esta serie. Pero antes, es necesario hacer algunas puntualizaciones que nos permitirán poner este tema en perspectiva. Y la primera es la naturaleza indestructible de la gracia salvadora.

Una vez que somos hechos partícipes de la gracia salvadora de Cristo, es imposible que esa gracia pueda ser totalmente destruida en nosotros. Es verdad que un creyente puede atravesar por un período de tal decadencia espiritual que llegue a tener dudas de la realidad de su fe.

Pero una cosa es el apóstata que durante un tiempo proclama ser creyente, vive externamente como un creyente, y finalmente se aparta; y otra muy distinta es el creyente verdadero que por un tiempo decae en su vida espiritual.

Usualmente, cuando un apóstata comienza a apartarse del Señor, este alejamiento no le preocupará mucho, siempre que se mantenga viviendo externamente como un verdadero hijo de Dios.

Pero en el caso de un creyente, esta situación resulta muy penosa, sobre todo porque durante un período de decaimiento espiritual el creyente no experimenta seguridad total de salvación y, por eso mismo, carece del gozo que esa seguridad provee.

Es por eso que Pedro nos exhorta a poner toda diligencia en añadir a nuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; etc. (2P. 1:5-7). En otras palabras, debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor, como dice Pablo en Fil. 2:12.

Y Pedro nos da una buena razón para hacer esto: “procurad hacer firme vuestra vocación y elección” (2P. 1:10). “Esfuércense por tener en vuestros corazones la certeza de que fueron llamados y elegidos por Dios”.

El comentarista Kistemaker dice al respecto: “La elección y el llamamiento son y seguirán siendo actos redentores de Dios…El hombre no se escoge o se llama a sí mismo… La tarea del hombre es la de apropiarse de esta salvación para estar absolutamente seguro del llamado con que Dios lo ha convocado y para poder vivir en el conocimiento de que es un hijo de Dios” (comp. 2Tim. 1:9).

En palabras más sencillas, todo creyente debe esforzarse por experimentar seguridad de salvación. ¿Cómo? Poniendo toda diligencia en añadir a la fe virtud; a la virtud conocimiento; al conocimiento, dominio propio; etc.

Pero una cosa es experimentar dudas en cuanto a la seguridad de salvación, y otra muy distinta es poseer una salvación insegura. Un hijo de Dios puede pasar por momentos de duda, sobre todo si está atravesando por un período de decaimiento espiritual.

Pero la gracia salvadora que Dios ha colocado en él no permitirá que se aparte totalmente, sino que más bien lo moverá de manera efectiva a procurar levantarse de ese penoso estado.

Si tal persona se aparta totalmente del Señor y nunca regresa, es evidente que nunca tuvo en él la gracia salvadora (comp. Mt. 7:21-23; 1Jn. 2:19; noten que en ambos textos se señala el hecho de que esas personas nunca fueron salvas, ni siquiera cuando estaban activamente involucrados en actividades religiosas; Cristo les dice: “Nunca os conocí”). Los que se apartan totalmente nunca estuvieron; los que están, nunca se apartarán totalmente (comp. Jn. 10:27-30; 2Jn. 9).

Nuestra salvación depende de la obra de Cristo a nuestro favor, no de nuestras obras a favor de nosotros mismos (comp. Rom. 8:29-30). Aquellos que enseñan que la salvación se pierde, probablemente no se están dando cuenta que están enseñando salvación por obras y que están poniendo en duda la eficacia de la justicia de Cristo, la cual es imputada (puesta en la cuenta del pecador) por medio de la fe (comp. 2Cor. 5:21).

Ahora bien, aunque la gracia verdadera es indestructible todo creyente verdadero es susceptible de caer en un estado de decaimiento espiritual. Pero eso lo veremos en la próxima entrada.

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martes, 26 de enero de 2010

7. La Confesión de Fe de 1689 es Independiente y Bautista

Este es el rasgo distintivo que la diferencia de la Confesión de Fe de Westminster: la Confesión de Westminster es presbiteriana, mientras nuestra Confesión es independiente y bautista por cuanto establece claramente que cada iglesia local es autónoma, con sus pastores y gobierno particular. Otras implicaciones de ser una Confesión independiente y bautista:

La Separación de la Iglesia y del Estado.

Al igual que los presbiterianos, los bautistas creemos en la separación de la Iglesia y del Estado, a diferencia del erastianismo. Este nombre proviene de un teólogo del siglo XVll llamado Tomás Erastus, que afirmaba que la Iglesia debía ser gobernada por el Estado. En ese sentido las iglesias bautistas, lo mismo que las presbiterianas, nos oponemos al anglicanismo y al catolicismo.

El hecho de que un estado tenga una religión establecida, como sucede en la República Dominicana, es una violación de ese principio de autonomía entra la Iglesia y el Estado.

Los Principios de la Iglesia Universal.

Los autores de la Confesión de Fe de Londres defendían los principios de la Iglesia universal, tal como se enseña en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando dice la Escritura que Cristo amó a su iglesia, no se está refiriendo a ninguna iglesia local en particular, sino a su Iglesia en sentido general y universal.

En esto la Confesión se diferencia de los landmarquistas los cuales niegan que exista una Iglesia universal; según ellos, existe una sola iglesia verdadera es la Iglesia Bautista; más aún, dicen poder rastrear sus iglesias landmarquistas desde el siglo XVlll ó XlX, que fue cuando surgió este movimiento, hasta Juan el Bautista, que fue, supuestamente, el primer bautista.

¿Y por qué se llaman landmarquistas? Por un artículo escrito en el siglo XlX basado en Pr. 22:28 que dice: “No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres”. La palabra lindero en inglés es landmark (the old landmark): no traspases el viejo o antiguo landmark, los linderos que delimitan. Y luego que este artículo salió a la luz pública se les comenzó a llamar a este grupo landmarquistas, o sea que es una transliteración del inglés al español.

También se diferencia del catolicismo romano. ¿Por qué? Porque si los landmarquistas destruyen la iglesia universal, a la larga los católicos destruyen la iglesia local. Porque ellos tienen una jerarquía que gobierna todas las iglesias del mundo, con una sola cabeza que es el Papa; los bautistas enseñan, en cambio, que cada iglesia local es autónoma.

La Política de la Iglesia local.

Los bautistas se distinguen también por su política para el gobierno de la Iglesia local. Esto incluye, en primer lugar, el hecho de que los miembros de la iglesia deben ser personas regeneradas, a diferencia de los presbiterianos que admiten en la membresía a los hijos de los miembros.

Eso no quiere decir que los presbiterianos creen que los hijos de los creyentes son salvos por el hecho de ser hijos de creyentes; lo que ellos creen es que por ser hijos del pacto, los hijos de los creyentes deben ser miembros de la Iglesia. Los bautistas enseñan, en cambio, que los únicos que deben ser miembros de la iglesia son personas que den muestra de haber sido regeneradas y nacidas de nuevo.

En segundo lugar, creemos que donde hay un grupo de creyentes debe erigirse una iglesia local, en oposición a los “devocionalistas”, que dicen que lo importante es que cada creyente viva una vida de piedad delante de Dios; la iglesia local no tiene importancia, según ellos.

Y por otro lado, nos oponemos al gobierno por medio de sínodos. Cada iglesia local es independiente, autónoma.

En tercer lugar, creemos que la iglesia debe ser gobernada por una pluralidad de pastores. En eso la Confesión se diferencia de los episcopales que tienen un obispo que gobierna una región. Nosotros creemos que cada iglesia debe tener sus propios pastores, los cuales gobiernan las iglesias bajo la autoridad de Cristo (1Tim. 5:17; He. 13:17).

En cuarto lugar, creemos en la necesidad de ejercer disciplina en la Iglesia Local. Dentro de ese mismo punto de la política de la iglesia local, creemos en la necesidad de disciplina en la iglesia local.

Las ordenanzas de la iglesia.

Finalmente, creemos que el bautismo y en la santa cena son las únicas dos ordenanzas dadas por Cristo a Su iglesia, y que solo los creyentes deben participar de estas ordenanzas.

Si desean leer el capítulo completo de la Confesión que trata extensamente el tema de la Iglesia, pueden hacerlo aquí. También pueden leer el capítulo sobre Las Ordenanzas, el Bautismo y la Cena del Señor.

Con esto concluimos el resumen del contenido de la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689. Animamos a los que no conocen este documento histórico, leerlo y estudiarlo con Biblia en mano. Nosotros no le atribuimos a este documento autoridad inerrante; solo la Biblia es inspirada por Dios y sólo la Biblia es infalible, como lo declara esta misma Confesión desde su declaración inicial: “Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla del conocimiento, fe y obediencia salvadoras”.

Como dijo el gran predicador Charles Spurgeon sobre esta Confesión: “Este documento antiguo es un excelente resumen de aquellas cosas creídas entre nosotros. Aceptamos el mismo no como una regla autoritativa, o como un código de fe, sino como una ayuda en la controversia, una confirmación en la fe y un medio de edificación en la justicia. En él los miembros de esta Iglesia tendrán un pequeño resumen doctrinal, y por medio de las pruebas bíblicas allí contenidas estarán preparados para dar una respuesta de la fe que hay en ellos”.

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lunes, 25 de enero de 2010

6. La Confesión de Fe Bautista de 1689: Una Confesión Puritana

El puritanismo fue un avivamiento del cristianismo en Inglaterra que se originó durante el reinado de Elizabeth I, y que culminó 100 años más tarde, durante el reinado de Carlos II. La Iglesia de Inglaterra se había separado de la Iglesia Católica en la época de Enrique VIII, el padre de Elizabeth, porque el Papa no le permitió divorciarse de Catalina de Aragón, la hija de los reyes católicos de España.

Así nace la Iglesia Anglicana, una Iglesia inglesa, de la cual el rey se proclama cabeza. Eso trae como resultados algunos cambios en la Iglesia de Inglaterra, que se hacen más profundos durante el reinado de Eduardo VI.

Al morir Eduardo siendo apenas un adolescente, María, su hermana (hija de Enrique VIII con Catalina de Aragón), es coronada como reina, y ésta vuelve al catolicismo, provocando que muchos protestantes huyeran a la Europa continental por causa de la persecución; muchos de ellos abrazan allí las doctrinas calvinistas.

Al morir María, Elizabeth, su media hermana, es coronada reina; ésta vuelve al protestantismo muy probablemente por conveniencia (siendo hija de Ana Bolena, la segunda esposa de Enrique VIII, era considerada una bastarda por los católicos que no reconocieron como válido el divorcio de Catalina).

Durante el reinado de Elizabeth muchos de los protestantes que huyeron a Europa continental, regresan a Inglaterra con la esperanza de que la Reforma fuera más profunda. Pero pronto se desilusionan. La supuesta reforma de Elizabeth era meramente externa y no llegaba al corazón de lo que el Nuevo Testamento enseñaba que una iglesia debía ser. A esos disidentes se les comenzó a llamar puritanos.

De ahí en adelante ese grupo de hombres (puritanos) trató de hacer una verdadera y profunda reforma en Inglaterra, no sin recibir mucha persecución por parte de los reyes de Inglaterra. Tan fuerte llegó a ser la persecución que en el año 1622, algunos tuvieron que huir hacia las colonias americanas.

La Confesión de Fe Bautista de 1689 es puritana. Y, ¿eso qué significa en la práctica?

En primer lugar, ellos predicaban la libertad de conciencia, es decir, que ningún hombre está obligado a seguir los dictados que otros hombres le quieren imponer si no está revelado en la Palabra de Dios, en oposición al catolicismo, al anglicanismo, al legalismo y al tradicionalismo (Cap. 21.2).

En segundo lugar, los puritanos creían que la adoración que honra a Dios debía ser regulada por Cristo en Su Palabra, de tal manera que solo tenemos derecho a incluir en nuestros cultos aquello que Dios ha ordenado expresa o implícitamente (22.1). En palabras más simples: “Lo que se ordena es correcto, y lo que no se ordena es erróneo” (G. I. Williamson; cit. por Samuel Waldrom; Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689; pg. 273). También debemos incluir en este punto el lugar que los puritanos designaban al Sabath cristiano como el día designado por Dios para adorarle en una forma especial (cap. 22. 7, 8).

Finalmente, los puritanos también enseñaban la prioridad de una religión experimental, en oposición a un mero ritualismo.


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viernes, 22 de enero de 2010

5. La Confesión de Fe Bautista de 1689 y el Sínodo de Dort (2da parte)

En la entrada anterior comenzamos a ver cómo la Confesión de Fe Bautista de 1689 se adhiere a los puntos doctrinales que fueron defendidos en el Sínodo de Dort, conocidos como Los Cinco Puntos del Calvinismo. Ya vimos la doctrina de la depravación total; ahora veremos las otras cuatro.

La Elección Incondicional:

Cuando hablamos de la elección incondicional, nos referimos al hecho de que Dios, desde antes de la fundación del mundo, soberanamente escogió obrar en unos la salvación que no merecían, y esto por el puro afecto de Su voluntad. Esta no solo es la enseñanza clara de las Escrituras, sino que se desprende lógicamente de la depravación total del hombre. Si el hombre está muerto en sus delitos y pecados (como dice Pablo en Ef. 2:1-3), entonces es impotente para salvarse a sí mismo.

Así lo declara nuestra Confesión de Fe en el capítulo 3, los párrafos del 3 al 7:

3. Por el decreto de Dios y para la manifestación de su propia gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados (o pre-ordenados) a vida eterna por medio del Señor Jesucristo, (g) para la alabanza y gloria de su gracia. (h) A los demás, él ha dejado para que sean condenados en sus pecados, para la alabanza de su gloriosa justicia. (i)

(g) 1 Tim. 5:21; Mt. 25:34
(h) Ef. 1:56
(i) Rom. 9:22,23; Jud. 4

4. Estos hombres y ángeles así predestinados y pre ordenados, están designados particular e inalterablemente, y su número es tan cierto y definido que ni se puede aumentar ni disminuir. (j)

(j) Jn. 13:18; 2 Tim. 2:19

5. A aquellos que Dios ha predestinado para vida desde antes que fuesen puestos los fundamentos del mundo, conforme a su eterno e inmutable propósito y al consejo y beneplácito secreto de su propia voluntad, los ha escogido en Cristo para la gloria eterna; mas esto por su libre gracia y puro amor, (k) sin cualquiera otra cosa en la criatura como condición o causa que le mueva a ello.(l)

(k) Efe. 1:4,9, 11; Ro.8:30; 2 Tim. 1:9; 1Ts. 5:9
(l) Rom. 9:13,16; Ef. 2:5,12

6. Así como Dios ha designado a los elegidos para la gloria, de la misma manera, por el propósito libre y eterno de su voluntad, ha pre ordenado también los medios para ello.(m) Por tanto, los que son elegidos, habiendo caído en Adán, son redimidos por Cristo,(n) y en debido tiempo eficazmente llamados a la fe en Cristo por el Espíritu Santo; son justificados, adoptados, santificados,(ñ) y guardados por su poder, por medio de la fe, para salvación.(o) Nadie más será redimido por Cristo, eficazmente llamado, justificado, adoptado, santificado y salvado, sino solamente los elegidos.(p)

(m) 1 P. 1:2; 2Tes. 2:13
(n) 1Ts. 5:9, 10
(ñ) Rom. 8:30; 2Ts. 2:13
(o) 1 Pe. 1:5
(p) Jn. 10:26; Jn. 17:9; Jn.6:64

7. La doctrina de este alto misterio de la predestinación debe tratarse con especial prudencia y cuidado, para que los hombres, persuadidos de su vocación eficaz, se aseguren de su elección eterna,(q) y atendiendo a la voluntad revelada en la palabra de Dios, cedan la obediencia a ella. De esta manera esta doctrina proporcionará motivos de alabanza,(r) reverencia y admiración a Dios; y también de humildad,(s) diligencia y abundante consuelo a todos los que sinceramente obedecen al evangelio.(t)

(q) 1Ts. 1:4,5; 2 Pe. 1:10
(r) Efe. 1:6; Rom. 11:33
(s) Rom. 11:5, 6, 20
(t) Lc. 10:20

La Expiación Limitada:

Esta doctrina se opone al error de la redención universal que nos dice que Cristo murió por todos, haciendo posible la redención de todos, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Noten la enseñanza de la Confesión en el capítulo 8, los párrafos 5 y 8:

5. El Señor Jesucristo, por su perfecta obediencia y por el sacrificio de sí mismo que ofreció una sola vez por el Espíritu eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios.(e) Él ha efectuado la reconciliación y ha comprado un herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos dados a él por el Padre.(f)

(e) He. 9:14; Re. 10:14; Rom. 3:25, 26
(f) Jn. 17:2; He.9:15

8. A todos aquellos para quienes Cristo ha obtenido eterna redención, cierta y eficazmente les aplica y comunica la misma, haciendo intercesión por ellos,(k) uniéndoles a él por su Espíritu, revelándoles en la palabra y por medio de ella el misterio de la salvación, persuadiéndoles eficazmente a creer y a obedecer,(l) gobernando el corazón de ellos por su palabra y Espíritu,(m) y venciendo a todos sus enemigos por su gran poder y sabiduría,(n) y de la manera y por los caminos que están más en conformidad con su maravillosa e inescrutable dispensación. Todas estas cosas son hechas en su libre y soberana gracia e incondicionalmente, ya que nada de mérito es previsto por él en sus elegidos.(ñ)

(k) Jn. 6:37; Jn. 10:15, 16; Jn. 17:9; Rom. 5:10
(l) Jn. 17:6; Ef. 1:9; 1 Jn. 5:20
(m) Rom. 8:9, 14
(n) Sal. 110:1; 1Cor. 15:25,26
(ñ) Jn. 3:8; Ef. 1:8

La Gracia Irresistible:

Esto no significa que Dios obliga al hombre a hacer lo que no quiere hacer. Nosotros usamos la palabra irresistible muchas veces con esa connotación (el caso de un secuestro, por ejemplo). Pero esa palabra posee otra connotación, aun en nuestro lenguaje ordinario (como en el caso de una personalidad irresistible). Algunos prefieren el término “gracia eficaz”.

Lo que hace la gracia de Dios es inclinar eficazmente nuestra voluntad para que hagamos voluntariamente Su voluntad. La Confesión trata este tema en el capítulo 10, párrafo 1 y 2:

1. A aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente(a) por su palabra y Espíritu, sacándolos del estado de pecado y muerte en que se hallaban por naturaleza para darles vida y salvación por Jesucristo.(b) Esto lo hace iluminando espiritualmente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios;(c) quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne,(d) renovando sus voluntades y por su poder soberano determinándoles a hacer aquello que es bueno, y llevándoles eficazmente a Jesucristo;(e) de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo. (f)

(a) Rom. 8:30; 11:7; Ef. 1:10, 11; 2Ts. 2:13, 14
(b) Ef. 2:16
(c) Hch. 26:18; Ef. 1:17, 18
(d) Ez.36:26
(e) Ez. 36:27; Ef. 1:19
(f) Sal. 110:3; Cant. 1:4

2. Este llamamiento eficaz depende de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna manera de alguna cosa prevista en el hombre, (g) el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo,(h) adquiere la capacidad de responder a este llamamiento y de recibir la gracia ofrecida y trasmitida en él. Esto sucede por el mismo poder que obró la resurrección de Cristo de los muertos.(i)

(g) 2Tim. 1:9; Ef 2:8
(h) 1 Cor. 2:14; Ef. 2:5; Jn. 5:25
(i) Ef.1:19, 20

Es importante resaltar que creemos en la libre oferta del evangelio, porque no sabemos quiénes son los elegidos, y porque Dios ha decretado salvar a los perdidos a través de la predicación. Por eso nos oponemos a la enseñanza de los hipercalvinistas quienes dicen que los elegidos se salvarán aunque nadie les predique.

La Perseverancia final de los Santos:

Esta doctrina nos enseña que aquellos que han sido elegidos soberanamente por Dios, aquellos por quienes Cristo murió, los cuales fueron, en el tiempo, llamados eficazmente a salvación, de ninguna manera pueden caer del estado de gracia y perderse. Esa es la enseñanza de la Confesión en el capítulo 17, párrafo 1:

1. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables, por lo que Él continúa engendrando y nutriendo en ellos la fe, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las virtudes del Espíritu para inmortalidad;(a) y aunque surjan y les azoten muchas tormentas e inundaciones, nunca podrán, sin embargo, arrancarles del fundamento y la roca a que por la fe están aferrados; a pesar deque, por medio de la incredulidad y las tentaciones de Satanás, la visión perceptible de la luz y el amor de Dios puede nublárseles y oscurecérseles por un tiempo,(b) Él, sin embargo, es aún el mismo, y ellos serán guardados, sin duda alguna, por el poder de Dios para salvación, en la que gozarán de su posesión adquirida, al estar ellos esculpidos en las palmas de sus manos y sus nombres escritos en el libro de la vida desde toda la eternidad.(c)

(a) Fil. 1:6; 2 Ti. 2:19; 2 P. 1:5-10; 1 Jn. 2:19
(b) Sal. 89:31, 32; 1 Co. 11:32; 2 Ti. 4:7
(c) Sal. 102:27; Mal. 3:6; Ef. 1:14; 1 P. 1:5; Ap. 13:8


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Estimado incrédulo

Hace unos años alguien me escribió una carta en un tono muy airado, en respuesta a un artículo que publiqué en la columna semanal del periódico El Caribe (más abajo incluyo el artículo que, si no recuerdo mal, dio lugar a la carta en cuestión). Este episodio vino a mi mente en estos días porque aún recibo críticas similares en mi correo.

Me voy a permitir postear la respuesta que escribí en aquel momento, porque pienso que puede ser de utilidad para aquellos que tienen que enfrentar críticas similares (lamentablemente no tengo a mano la carta que esta persona me envió, pero creo que de mi respuesta se puede deducir su línea de argumentación).


De entrada le pido que me excuse por responder a su carta a pesar de que me pidió que no lo hiciera. Espero que no lo tome como una invasión a su espacio cibernético. Le prometo que no volveré a escribirle a menos que Ud. lo desee; por ahora le ruego la oportunidad de compartir algunas ideas en relación a la carta que me envió. Creo que es justo que lea mi respuesta con atención, así como yo leí la carta suya.

No me ofende que no le agrade mi artículo; todo el que escribe en un medio masivo de comunicación sabe de antemano que no todos estarán de acuerdo ni complacidos con lo que escriba. Lo que me entristece es la renuencia que manifiesta a discutir el tema que expuse en el artículo de este sábado 3 de Enero.

Ud. me dice que yerro en todos mis criterios, pero lamentablemente no me dice cuáles son mis errores de razonamiento. En el artículo de este sábado éste fue mi proceso de argumentación:

En primer lugar, afirmé que el naturalismo es una postura filosófica, no científica. En el glosario de la obra Introduction to Philosophy de Norman L. Geisler y Paul D. Feinberg, se define el naturalismo como: “La creencia de que el universo es todo lo que es; todo opera por leyes naturales (sin milagros)”. Esta es una creencia, una premisa que debe ser aceptada por fe.

El método científico requiere los siguientes pasos: observación – hechos – hipótesis – experimentación. El resultado será la elaboración de una teoría que podría ser modificada luego con subsecuentes experimentos; por lo que el método se repite de nuevo de este modo: observación – hechos – hipótesis – teoría – experimentación. Consecuentemente, es imposible probar científicamente que el universo es todo lo ha habido, todo lo que hay y todo lo que habrá. Eso podría ser cierto, pero no es una declaración científica.

L. T. More, paleontólogo de la Universidad de Chicago, dice lo siguiente al respecto: “Mientras más uno estudia paleontología, más certeza tenemos de que la evolución descansa en la fe solamente; exactamente la misma clase de fe que es necesario tener cuando consideramos los grandes misterios de la religión”.

Y Louis Bounoure, quien fuera Presidente de la Sociedad Biológica de Estrasburgo y luego Director del Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas, es aún más enfático cuando dice: “El evolucionismo es un cuento de hadas para adultos. Esta teoría no ha ayudado en nada en el progreso de la ciencia. Es algo inútil”.

En segundo lugar, dije que si aceptamos la postura del naturalismo debemos llegar a la conclusión de que este universo es un afortunado accidente. En el 1995 la posición oficial de la American National Asociation of Biology Teachers (Asociación Americana de Profesores de Bilogía) era la siguiente: “La diversidad de la vida en la tierra es el resultado de la evolución: un proceso natural no supervisado, impersonal e impredecible”. En ese proceso los cambios genéticos son producidos por “la selección natural, el azar, las contingencias históricas y los cambios ambientales”.

En tercer lugar, declaré que esta postura filosófica trae como consecuencia una vida sin sentido. No veo dónde yerra este argumento. Si somos el producto del azar podemos tratar de darle sentido a cada milímetro de nuestra existencia, pero la existencia en sí no tendría sentido alguno.

Con todo respeto, creo que mi argumentación sigue un lineamiento lógico. Usted puede no estar de acuerdo con él (y yo debo respetar eso), pero no puede afirmar que mi postura sea irrazonable.

También me dice su carta que no soy original. Realmente no pretendo serlo. Encontrar la verdad absoluta es más importante que la originalidad. Decir que 2 + 2 = 5 para no decir lo mismo que dicen los demás es una tontería, por más original que sea la declaración

Por último, la acusación que hace contra el cristianismo debe ser cualificada. Por un lado, al filósofo italiano Giordano Bruno lo llevó a la hoguera la iglesia católica romana en el 1600. Como no identifico esta iglesia con el cristianismo bíblico no veo qué relación tenga este penoso incidente con la veracidad de la fe cristiana. Y por el otro lado, el cristianismo ha sido reconocido como la fuerza moral e intelectual que impulsó la modernización de Europa, sobre todo en los países del norte que se libraron del catolicismo romano en la época de la Reforma.

Con respeto, lo invito a investigar más este asunto demostrando así que tiene una mente abierta y que no tiene temor a examinar sus convicciones con las convicciones de otros. Me gustaría que permaneciera abierto a seguir discutiendo estas cosas, pero, como le dije al principio, le reitero que no le escribiré más a menos que Ud. lo desee.

Espero que mi carta no haya sido ofensiva, ya que no fue mi intención ofenderle. Atentamente,

Sugel Michelén

La fe del ateo

A menudo se quiere dar la impresión de que el cristianismo bíblico descansa enteramente sobre la fe, mientras que el ateísmo y la evolución descansan sobre la ciencia y la razón. Pero ese no es el caso. Nadie puede probar científicamente ni el ateísmo ni la evolución y, por lo tanto, ambas cosas descansan en la fe.

La teoría de la evolución es un engendro del naturalismo, una postura filosófica que afirma que todo cuanto existe tiene que ser explicado únicamente en términos de procesos naturales. En el naturalismo no hay lugar para la intervención de Dios ni de ningún otro agente sobrenatural. Fuera de la naturaleza, dicen ellos, no hay nada que buscar; la materia es la única realidad. El famoso (y fenecido) astrónomo norteamericano Carl Sagan, lo explica con estas palabras: “El cosmos es todo lo que ha habido, todo lo que hay y todo lo que habrá”.

Pero ¿cómo pueden los científicos saber eso con certeza? De ninguna manera. Es imposible probar científicamente que el universo es todo lo que ha habido, todo lo que hay y todo lo que habrá; esta es una postura filosófica, no científica, algo que el naturalista tiene que aceptar por fe.

Y una de las consecuencias inevitables de esa fe es el sin sentido de todo cuanto existe. Si la naturaleza es todo lo que ha habido, todo lo que hay y todo lo que habrá, entonces tendríamos que concluir que el universo es un afortunado accidente, el resultado de un proceso que ningún ser inteligente inició ni guió con ningún propósito. Consecuentemente, la tendencia que ha tenido el hombre a través de los siglos a buscarle un significado a la existencia humana sería una labor inútil, porque no habría ningún significado que buscar.

Si un niño tropieza con un bote de pintura y ésta se derrama indiscriminadamente sobre el tapiz, sería muy tonto tratar de encontrarle un significado oculto a la mancha. Puede que se vea bonito, pero fue algo accidental, no planificado. Según el ateo, este universo maravilloso que manifiesta orden, diseño y propósito en todas sus partes, no posee en realidad ningún diseño inteligente detrás; es la mancha hermosa que quedó en el espacio infinito luego que la materia + tiempo + casualidad tropezaran con el bote de pintura.

Por eso alguien dijo una vez que “el momento más embarazoso para el ateo es cuando se siente profundamente agradecido por algo, pero no puede pensar en nadie a quien darle las gracias”. La fe del ateo deja al hombre sumido en una existencia sin sentido. Pocos lo han expresado tan claramente como Sartre en La Nausea: “Yo existo como una piedra, una planta, un microbio… Aquí estamos todos nosotros, comiendo y bebiendo para preservar nuestra preciosa existencia y sin embargo no hay nada, nada, absolutamente ninguna razón para existir”. El ateo no sólo niega la existencia de Dios, sino que también atenta contra la humanidad del hombre.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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