Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

martes, 14 de julio de 2009

La Psicología: ¿Un Nuevo Caballo de Troya en la Iglesia? 1 de 4


Por Sugel Michelén

Desde hace algunas décadas, muchos cristianos profesantes han comenzado a poner en duda la suficiencia de Cristo y de Su Palabra para la guía y dirección de la vida cristiana y para enfrentar los problemas del alma, y consecuentemente han comenzado a buscar soluciones en la psicología secular.

Como bien señala el Dr. MacArthur: “Los ‘psicólogos cristianos’ han venido a ser los nuevos campeones de la consejería en la Iglesia. Ellos son ahora proclamados como los verdaderos sanadores del corazón humano. Pastores y laicos han sido llevados a sentir que están mal equipados para aconsejar a menos que tengan un entrenamiento formal en técnicas psicológicas” (J. MacArthur; Our Sufficiency in Christ; pg. 31).

Esto ha venido a ser tan generalmente aceptado que muchos ni siquiera se han detenido a cuestionar si es lícito este maridaje entre la psicología y la religión o si se trata de un yugo desigual con los infieles.

Lo cierto es que tenemos muy buenas razones para pensar que este matrimonio ha venido a ser uno de los más grandes desastres que ha sufrido la Iglesia de Cristo de nuestra generación, y una de las causas principales de la decadencia espiritual de estos días.

A medida que la psicología ha ido avanzando en la Iglesia, en esa misma medida ha ido disminuyendo la predicación y la consejería bíblica; y a medida que la Biblia es relegada a un segundo plano, y a veces en la práctica eliminada por completo, en esa misma medida se ha ido debilitando la piedad de la Iglesia.

El Dr. Ed Payne, luego de haber analizado el contenido de cierta obra “cristiana” de psicología dice: “Tal psicología, presentada por cristianos, es una plaga en la iglesia moderna, porque tergiversa la relación del cristiano con Dios, retarda su santificación y debilita seriamente la Iglesia. Ninguna otra área del conocimiento parece tener un dominio tan absoluto sobre la Iglesia (como la psicología)” (Psico-Herejía; Martin y Deidre Bobgan; pg. 79-80; el paréntesis es mío).

Y el Dr. Vernon McGee, muy conocido por su programa “A través de la Biblia”, escribió hace unos años un artículo titulado “Psico-Religión – el nuevo flautista de Hamelín”, en el que dice lo siguiente: “Si la tendencia presente continúa, la enseñanza bíblica será eliminada totalmente de las estaciones de radio cristianas, así como de la TV y del púlpito. Esta no es una manifestación infundada hecha en un momento de preocupación emocional. La enseñanza bíblica está recibiendo baja prioridad en las emisiones radiales, en tanto que la llamada sicología cristiana es puesta al frente como solución bíblica a los problemas de la vida” (op. cit.; pg. 80).

Es hora de que nos detengamos a pensar seriamente en este asunto. ¿Es la Palabra de Dios suficiente para tratar con los problemas del alma, o necesitamos también la ayuda de la psicología secular? Ese es el tema que quisiera tratar en esta ocasión.

Ahora, estoy consciente de que este es un tema polémico que puede levantar una serie de interrogantes, por lo que me adelanto a hacer una aclaración. Mi punto aquí no es que la psicología no tenga ninguna clase de utilidad, sino que su utilidad es limitada. La palabra “psicología” significa estudio del alma. Pero lo que la psicología estudia realmente es la conducta humana, no el alma. Y sus observaciones limitadas a ese campo pueden ser útiles: en el área vocacional, para detectar problemas de aprendizaje y ayudar a las personas a superarlos, en el área industrial, en la educación.

Pero nuestro foco de atención aquí es el uso de la psicología para tratar con problemas tales como la ansiedad, el temor, la ira, la depresión, la amargura, el descontento, los problemas matrimoniales, los hábitos pecaminosos; para lidiar con estas dificultades la psicología no tiene ninguna solución que ofrecer que no podamos encontrarla en la Palabra de Dios.

Presuponer que necesitamos la psicología para tratar con los problemas del alma es falso, y esto por dos razones: en primer lugar, porque se fundamenta en algunos conceptos erróneos acerca de la psicología; y en segundo lugar, porque limita el alcance y eficacia de la Palabra de Dios.

Continuará…

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

lunes, 13 de julio de 2009

La “trivialización” de Dios

Sugel Michelén

Uno de los problemas religiosos más profundos del hombre moderno no es tanto el ateísmo sino más bien la “trivialización” de Dios. El concepto que muchos tienen de Dios es el de una energía impersonal, un “algo” indescriptible que de alguna manera misteriosa incide en el mundo, pero al que no es necesario que tomemos en cuenta a la hora de actuar o tomar nuestras decisiones. Ese “dios” carece de justicia y santidad, y tal parece que su única preocupación es que gocemos de la vida y la pasemos lo mejor que podamos.

Pero independientemente de lo que cada persona piense al respecto, Dios es como Él es, y Él ha revelado de Sí mismo en Su Palabra todo cuanto necesitamos conocer por el momento. Un Dios que no se revela nos dejaría a merced de nuestra imaginación, con la consecuencia inevitable de que terminaríamos fabricando un ídolo a nuestra medida, conforme a nuestra imagen y semejanza. Cuando el hombre fabrica sus dioses hace una proyección en grande de sí mismo. Por eso los dioses olímpicos de la Grecia antigua manifestaban las mismas pasiones pecaminosas y las mismas inconsistencias de sus adoradores.

Pero Dios no nos ha dejado en oscuridad con respecto a la información que necesitamos para conocerle. Él se ha revelado al hombre en la creación (Su revelación general) y en la Biblia (Su revelación escrita).

David nos dice en el Salmo 19 que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos”. Y el apóstol Pablo dice en un tono similar que “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). La creación revela el poder del Creador, Su sabiduría, Su inmensidad.

Pero esa información no es suficiente. Necesitamos también una revelación escrita en la que Dios nos comunique, con proposiciones lógicas y razonables, lo que necesitamos saber sobre Sí mismo, sobre la creación y sobre la historia. Sin esa revelación la palabra “dios” queda reducida a un símbolo lingüístico desprovisto de significado.

Por eso no basta con decir que creemos en Dios; debemos aceptar sin reservas Su revelación escrita, de lo contrario, nuestro impulso religioso nos conducirá a la idolatría y no a la adoración del Dios Trino, infinito y personal que es digno de toda gloria y honor; ese Dios a quien todos los hombres deben amar y servir con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

viernes, 10 de julio de 2009

Un tributo a la gracia de Dios en el 500 aniversario de Juan Calvino


Por Sugel Michelén

Conocí al Señor Jesucristo en verano de 1977, cuando estaba a punto de cumplir 18 años. En ese tiempo no tenía interés alguno en la religión, sino un profundo desprecio por lo que consideraba una fe sin base. Pero en Su bendita providencia el Señor usó a mi mejor amigo en ese entonces para que aceptara la invitación de asistir a un estudio bíblico en una Iglesia Bautista un sábado en la noche.

Para mí sorpresa, allí encontré a un grupo de jóvenes que leían la Biblia y profesaban ser cristianos ¡sin ser tarados mentales! ¡Fue todo un descubrimiento para mí que existieran personas así! Al despedirme de ellos les dije que tenía la intención de continuar asistiendo a sus reuniones, pero para no dar lugar a “falsas expectativas” añadí: “Pero que conste: ¡Yo nunca me voy a convertir!”

Sin embargo, al llegar a casa esa noche, y sin tener mucha consciencia de lo que hacía, me postré en mi cama y oré a Dios diciendo algo como esto: “Dios yo no estoy seguro de que tu existes; tal vez estoy aquí como un tonto hablando con nadie. Pero si realmente me estás escuchando, yo te quiero conocer”. A partir de ese momento se produjo en mí un deseo intenso por leer la Biblia, y en pocos días ya estaba convencido de que era la Palabra de Dios, y de que Jesús era quien Él decía ser: el Dios encarnado que vino a morir por pecadores. Así conocí al Señor hace aproximadamente 32 años.

A pesar de las tendencias arminianas a nuestro alrededor, era más que obvio para mí que si me había arrepentido de mis pecados y había depositado mi fe en Cristo había sido enteramente por una obra de la gracia de Dios, habiendo sido escogido para ser partícipe de esa gran salvación “desde antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4).

Fue un poco después que tuve conocimiento de que los que creen en las doctrinas de la total depravación del hombre y de la elección incondicional, entre otras, eran conocidos como calvinistas. También aprendí andando el tiempo que Calvino era persona non grata en muchos círculos evangélicos, y que en muchos de ellos no se tiene un claro entendimiento de las doctrinas comprendidas en el sistema teológico conocido como calvinismo.

En este día se cumplen 500 años del nacimiento de Juan Calvino, un pecador que fue salvado por la gracia de Dios y quien, capacitado por esa misma gracia, prestó un servicio invaluable a todas las generaciones de cristianos que vinieron después de él.

Pero lejos sea de nosotros exaltar y alabar en este día el nombre de Calvino. Si alguien hubiese abominado tal cosa con todo su corazón, hubiese sido seguramente el autor de la Institución de la Religión Cristiana (obra monumental que, por sí sola, es suficiente para colocar a Calvino en un renglón aparte como uno de los más grandes sistematizadores de las doctrinas cristianas y como el padre de la exégesis moderna, y en cuyas páginas no pierde oportunidad para subrayar la pecaminosidad y bajeza humana, en contraposición a la grandeza y majestad de Dios).

No, no sea a Calvino la gloria; él también llevó consigo un tesoro en vaso de barro, “para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2Corintios 4:7). Pero clamamos que el Señor continúe levantando a otros como él, que guíen a Su pueblo “con ciencia e inteligencia” hacia las sendas antiguas, a ese mensaje del evangelio plasmado en las Escrituras, que atribuye a Dios toda la gloria por la salvación de los pecadores. Rogamos y suplicamos porque en más púlpitos vuelva a resonar ese bendito mensaje que nos enseña que la fe es un don de Dios, del cual nadie tiene de qué gloriarse, y que aún las obras que hacemos posteriores a la salvación fueron preparadas por Él de antemano “para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

Mejor manera no hay de recordar el 500 aniversario del nacimiento de Juan Calvino, que alabando y exaltando la bendita gracia de Dios que en su vida fue tan evidente. En el día final, no sólo Calvino, sino todos aquellos que fielmente sirvieron a su Señor, echarán las coronas a Sus pies y proclamarán con alegría que “el Cordero es toda la gloria de la tierra de Emanuel”.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

jueves, 9 de julio de 2009

Postmodernidad o La Derrota del Racionalismo


Sugel Michelén

Aunque muchas personas no sean capaces de dar una definición académica del fenómeno cultural que ha sido llamado “postmodernidad”, su influencia ha venido a ser determinante en la sociedad occidental debido a su amplia divulgación a través de los medios masivos de comunicación. Ahora bien, definir la “postmodernidad” no es una tarea fácil. Por la naturaleza misma de este fenómeno, cualquier intento de definición será parcial y no podrá englobar todas las corrientes diversas que convergen dentro en el término.

Sin embargo, simplificando el asunto al extremo podemos decir que es una reacción al espíritu de la modernidad producido por el pensamiento de la Ilustración del siglo XVIII. El hombre de la Ilustración suponía que el progreso científico y tecnológico nos permitiría desvelar todos los misterios de la vida y la creación; a través de la razón, y usando el método científico, el hombre podía conocerlo casi todo y la humanidad habría de alcanzar una edad de oro sin precedente en la historia.

Así que el espíritu de la modernidad es, en esencia, una confianza inquebrantable en el hombre, la ciencia y el progreso, confianza que a finales del siglo XIX generó una gran expectativa para el futuro cercano y que sería ampliamente frustrada en el siglo XX con sus dos guerras mundiales, totalitarismos de izquierda y derecha, campos de concentración, amenazas nucleares y un largo y agobiante etcétera.

Es sobre los escombros de ese sentimiento de desilusión y desencanto que se construye la postmodernidad. Así como el hombre moderno confiaba en la razón humana autónoma, libre de toda autoridad, excepto la del hombre mismo, el postmoderno presupone que no podemos conocer casi nada con certeza. El único absoluto es que todo es relativo; y el único “pecado” que no se tolera es el de la intolerancia (por supuesto, entendiendo como intolerancia toda indicación de que alguien está equivocado, no importa cuán absurdas sean sus ideas).

En otras palabras, el hombre postmoderno ha claudicado en su búsqueda de la “verdad verdadera”, y ahora pretende guiarse por la intuición, no por la razón (de ahí el slogan de moda: “sigue tu corazón”). La postmodernidad, entonces, no es otra cosa que la declaración de derrota del racionalismo que, pretendiendo desembarazarse de la autoridad de Dios y Su Palabra, ahora se encuentra empantanado en el fango de la irracionalidad.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

miércoles, 8 de julio de 2009

Fanatismo religioso: una etiqueta odiosa


Por Sugel Michelén

En un mundo relativista como el nuestro todo aquel que afirme saber algunas cosas como ciertas corre el riesgo de ser tildado de fanático. Como los cristianos profesamos creer en la existencia de verdades absolutas y afirmamos que tales verdades pueden ser conocidas con certeza (aunque no exhaustivamente), el riesgo de ser etiquetados como fanáticos religiosos es muy alto.

Ahora bien, esta es, sin duda, una de las etiquetas más odiosas dentro del amplio espectro del fanatismo. Nadie se ofendería si se le señalara como fanático de algún deporte o incluso de algún artista; pero el fanatismo religioso posee otra connotación, porque implica una certidumbre ciega y sin base en asuntos tan relevantes como nuestras ideas de Dios, el propósito ulterior de la existencia humana o el significado de la vida. El fanático religioso vive y se mueve en “su realidad” y no admite correcciones de ningún tipo cuando otros quieren hacerle ver su error.

Los cristianos, en cambio, son descritos en las Sagradas Escrituras como hombres y mujeres que aman la verdad, escudriñan la verdad y proclaman la verdad. Un cristiano, en última instancia, es alguien que ha abrazado por fe la encarnación misma de la verdad: nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Juan 14:6).

Consecuentemente, nadie debería ser menos propenso al fanatismo que un verdadero cristiano, porque si bien es cierto que el creyente acepta las Escrituras como la verdad de Dios revelada y cree que esa verdad puede ser objetivamente conocida, debemos reconocer también nuestras limitaciones. En otras palabras, el cristiano sabe que sabe, pero debe estar siempre dispuesto a saber más y mejor sobre la base de la verdad de Dios revelada.

El cristiano cree en absolutos sin ser absolutista; por eso está mejor equipado que el escéptico para combatir el fanatismo, porque cuenta con una base objetiva sobre la cual evaluar todas las ideas y opiniones, manteniendo al mismo tiempo una disposición a aprender.

Negar que muchos grupos que se identifican a sí mismos como cristianos manifiestan un peligroso fanatismo sería querer tapar el sol con un dedo; pero suponer que tales grupos representan al verdadero cristianismo y atacarlos como si fueran tales es cometer un error de enormes proporciones.

Puede que muchos, emulando a don Quijote, se enfrasquen en una lucha contra molinos de viento pensando que son gigantes, para gloriarse luego de haber echado por tierra el cristianismo; cuando lo cierto es que est
án dirigiendo sus ataques a una mera caricatura de la fe cristiana. La historia está plagada de tales desatinos.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

martes, 7 de julio de 2009

Mujeres pastoras: Una Perspectiva Bíblica (2 de 2)

Por Sugel Michelén

Esta es la segunda parte del artículo anterior del mismo título. Si lo desea puede descargar aquí el artículo completo en formato pdf. También le puede interesar el artículo titulado: El Movimiento Feminista, en este mismo blog.

En tercer lugar, debemos tomar en consideración que la iglesia es mucho más que lo que ocurre los domingos en el culto de adoración. Algunas personas parecen no comprender esta sencilla verdad de las Escrituras y por eso mismo no saben cuál es el lugar que ocupan en la iglesia ni cómo pueden poner sus dones en operación en el pueblo de Dios.

Si la iglesia es lo que ocurre cuando nos congregamos cada domingo, ¿cómo podrán poner sus dones y talentos en operación aquellos que no predican, o los que no dirigen la alabanza, ni tocan ningún instrumento musical?

Y noten que este es un problema que no solo afecta a las mujeres, sino también a los hombres, porque no todos los hombres son pastores, ni todos los hombres predican, ni dirigen la alabanza en el culto público.

Pero una vez más, esto no es un asunto de superioridad o inferioridad, sino de dones y de vocación. Dios no llama a todos los hombres a predicar y a ser pastores; pero a todos nos llama a beneficiar el cuerpo de Cristo con los dones y talentos que El ha dado a cada uno. Porque la vida de una iglesia local no se circunscribe a lo que ocurre el domingo en sus cultos de adoración. Somos iglesia las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Y como espero que veamos en otro artículo, las mujeres juegan un papel de suprema importancia en la vida y ministerio de toda iglesia local. Ninguna iglesia podrá desarrollarse debidamente sin la participación activa de sus mujeres actuando como mujeres.

Mis queridas hermanas, no es necesario que renuncien a vuestra femineidad para que puedan ser útiles en el pueblo de Dios. No permitan que les roben vuestra gloria con el argumento falso de que ser mujer es una desventaja, porque si hay algo que la iglesia de Cristo necesita urgentemente son mujeres que asuman responsablemente el supremo llamamiento de ser mujeres en todo el sentido de la Palabra para la gloria de Dios.

En cuarto y último lugar, al considerar el rol de la mujer en la iglesia no debemos pasar por alto el hecho de que las cartas que componen el NT fueron dirigidas a iglesias compuestas por hombres y mujeres y, por lo tanto, sus directrices generales se aplican a hombres y mujeres por igual.

Por ejemplo, cuando Pablo dice en Ef. 4:11ss que los pastores equipan a los santos para la obra del ministerio, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, etc., se está refiriendo a hombres y mujeres por igual. Todos estamos siendo equipados por el ministerio de enseñanza en la iglesia para que todos nos ayudemos mutuamente, según los dones que Dios ha dado cada uno, independientemente de que sea hombre o sea mujer.

Dios no restringe a las mujeres del ministerio pastoral o de la enseñanza en el culto público porque las mujeres sean menos espirituales, ni menos capaces que el hombre. Son muchas las cosas que las mujeres están llamadas a hacer en beneficio del reino de Dios, cosas para las cuales han sido dotadas con los dones y talentos necesarios.

Repito, esto no es un asunto de capacidad. Muchas mujeres son más capaces que muchos hombres en muchos sentidos. Pero así como Cristo se somete voluntariamente a la autoridad del Padre, ellas deben someterse a la autoridad de sus maridos, independientemente de las capacidades que puedan tener.

Uno de los argumentos que escucho a menudo a favor del ministerio pastoral de las mujeres es el hecho de que muchas pastoras han sido usadas por Dios para la salvación de pecadores y la edificación de la iglesia. ¿Cómo es posible que Dios use instrumentos que Él mismo desaprueba?

Antes de responder esta pregunta, es importante establecer el principio general de que nunca debemos evaluar la Biblia a la luz de nuestras experiencias, sino que debemos evaluar nuestras experiencias a la luz de la Biblia. En su segunda carta, el apóstol Pedro hace referencia a la experiencia que tanto él como Juan y Santiago tuvieron con Cristo en el monte de la transfiguración. Pero inmediatamente añade: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día amanezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (comp. 2P. 1:19). La Palabra inspirada está por encima de cualquier experiencia.

Por otra parte, al evaluar los resultados de un ministerio debemos recordar que nuestro juicio al evaluar un asunto no es infalible, y puede ser que lo que hoy veamos como bendición no lo sea realmente. Sin embargo, lo cierto es que muchas veces Dios en Su soberanía usa medios que El desaprueba. En Fil. 1:15 Pablo señala el hecho de que algunos predicaban a Cristo por envidia, pero aún así se gozaba en el hecho de que Cristo fuera proclamado: “de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré aún” (Fil. 1:18). ¿Cuántos creyentes se han casado con incrédulos, en franca violación a las Escrituras, y sin embargo los cónyuges incrédulos se han convertido? ¿Debemos por eso alentar la práctica de los matrimonios mixtos como un medio evangelístico? ¡Por supuesto que no!

Independientemente de las personas que puedan dar testimonio de que fueron bendecidos por el ministerio de una pastora, estos textos de las Escrituras que prohíben el ministerio pastoral a las mujeres significan lo que significan.

Insisto en que esto no es un asunto de capacidad, sino de un orden divino establecido por Dios para que hombres y mujeres podamos reflejar más plenamente Su imagen en el mundo. La Biblia condena el machismo tanto como el feminismo. Si queremos funcionar como iglesia como una verdadera comunidad de gracia, debemos evitar ambos extremos con todas las fuerzas de nuestro corazón.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...

lunes, 6 de julio de 2009

Mujeres pastoras: Una Perspectiva Bíblica (1 de 2)

Por Sugel Michelén

Muchos argumentan que si la mujer no puede enseñar en el culto público o asumir el rol de pastoras en la iglesia, se les está discriminando y tratando como un ser inferior en relación al hombre. Pero hay cuatro cosas que quiero señalar al respecto y que nos permitirán considerar el rol de la mujer en la iglesia desde una perspectiva bíblica.

En primer lugar, Dios creó al hombre y a la mujer con similitudes y diferencias para que puedan complementarse el uno al otro y así mostrar más plenamente la imagen de Dios en ellos. Dice en el libro del Genesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1:27).

Ambos comparten la misma humanidad y la misma dignidad. Tanto el hombre como la mujer poseen inteligencia, voluntad, emociones, auto conciencia y ninguno es superior al otro en cualquiera de estos aspectos. Pero Dios hizo a uno “hombre” y a la otra la hizo “mujer”, teniendo cada uno las características físicas y emocionales que hacen al hombre ser hombre y a la mujer ser mujer.

Y tanto la sociedad como la iglesia funcionan mejor cuando el hombre actúa como hombre y la mujer como mujer. Decir que una mujer es denigrada a menos que se comporte como un hombre y sea tratada como un hombre es denigrar a la mujer.

En segundo lugar, Dios creó un esquema de autoridad en el mundo que refleja el orden operacional de la misma Trinidad. Pablo dice en 1Cor. 11:3: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1Cor. 11:3). Dios el Padre no es más Dios que Dios el Hijo, pero en su modo de operaciones Dios el Hijo está sometido a Dios el Padre.

En Juan 5:30 dice el Señor Jesucristo: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. Y en 6:38 añade: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 6:38).

John MacArthur dice al respecto: “Cristo nunca había sido… en ningún sentido inferior en esencia al Padre. Pero en su encarnación Él estuvo dispuesto a subordinarse a sí mismo al Padre en su papel de Salvador y Redentor. Se sometió amorosamente y de forma total a la voluntad de su Padre como un acto de humilde obediencia en el cumplimiento del propósito divino” (1Corintios; pg. 298-299).

Pues de la misma manera la mujer debe colocarse voluntariamente bajo la autoridad de su marido para reflejar así el orden funcional de la Trinidad. Esto no es un asunto meramente cultural, ni tampoco vino a ser así por causa de la caída. Era parte del diseño original de Dios al crear al hombre y a la mujer.

Algunos quieren torcer la enseñanza de este y otros pasajes de las Escrituras afirmando que la palabra “cabeza” no significa “autoridad o dominio”, sino más bien “fuente de origen”. Pero eso contradice el uso de la palabra “cabeza” en el NT y más específicamente en los escritos de Pablo. En Ef. 1:19-23 Pablo afirma que Jesucristo ha sido constituido como cabeza sobre toda la creación en virtud de Su victoria en la cruz del calvario (comp. Mt. 28:18-20). Y en Ef. 5:22-24 nos dice que el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia. Sería absurdo suponer que este texto enseña que el esposo es la fuente de origen de la esposa (algunos dicen que se refiere a Adán, del cual fue sacada Eva, pero es evidente que el texto habla de la relación de los esposos y las esposas en general).

Dios diseñó un esquema de autoridad para el hogar que refleja el esquema de autoridad en el modo de operaciones del Dios trino, y ese esquema de autoridad debe ser evidente también en la iglesia. Esa es la enseñanza de Pablo en 1Timoteo 2:11-15: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Timoteo 2.11-15).

El texto no podía ser más claro: Pablo prohíbe terminantemente que una mujer enseñe a los hombres en el culto público y que ejerza autoridad sobre los hombres en la iglesia. En otras palabras, lo que Pablo está diciendo es que una mujer no debe asumir el oficio pastoral, porque eso es lo que hace un pastor: enseñar y ejercer dominio sobre la grey.

Y noten que el proceso de argumentación de Pablo no es cultural, sino teológico. Pablo está enseñando aquí que Dios creó al hombre y a la mujer en cierto orden para enseñarnos algo del rol de cada uno.

Algunas personas argumentan que la sumisión de la mujer al hombre no es más que una corrupción del plan original de Dios como resultado de la caída de nuestros primeros padres. Como Cristo vino a redimirnos de los efectos que la caída causó, entonces ya no debe haber sumisión de la mujer al hombre (algunos citan Gal. 3:28 como apoyo de este argumento: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Pablo no está hablando allí de la posición de liderazgo en la iglesia, sino más bien de los privilegios de la redención. Los hombres y las mujeres disfrutan de la misma salvación en Cristo y de las mismas bendiciones espirituales. Pero la diferencia de género se mantiene: el hombre sigue siendo hombre y la mujer sigue siendo mujer; y ambos deben funcionar en la iglesia de acuerdo con el papel que el Señor en Su soberanía asignó a cada uno.

En 1Timoteo 2:11-15 Pablo no alude a la caída, sino a la creación original. Dios creó al hombre primero y a la mujer después para mostrar el esquema de autoridad que habría de regir la sociedad humana. Y eso debe ser evidente en la iglesia.

El otro argumento de Pablo es que cuando ese orden establecido por Dios es despreciado y desobedecido, el resultado inevitable será el desastre (comp. 1Tim. 2:14 – este texto no sólo señala la culpa de Eva, sino también la de Adán, que no ejerció su rol de liderazgo adecuadamente en el huerto del Edén). Cuando una mujer asume el rol de predicadora en el culto público, o de pastora, está violentando el diseño de Dios y creando una tremenda confusión de género.

Por eso vemos en 1Timoteo 3:1-7, cuando Pablo enumera las características que debemos tomar en cuenta para establecer pastores en la iglesia, que él está pensando en hombres, no en mujeres: “Si alguno (pronombre masculino) anhela el obispado, buena obra desea”. Pablo dice además que el obispo debe ser “marido de una sola mujer” y “que gobierne bien su casa” – el que debe gobernar la casa es el hombre, de acuerdo con la enseñanza general del NT (1Cor. 11:3; Ef. 5:21-33; Col. 3:18-19)

Veamos un texto más: 1Cor. 14:33b-35: “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”. El contexto de este capítulo es el de participar en el culto público para la edificación de los hermanos (comp. vers. 26-33ª donde también se manda a callar a los hombres bajo ciertas circunstancias).

Al prohibir a la mujer hablar, lo que Pablo está diciendo es que las mujeres no deben asumir el rol de maestras en el culto público (es posible que algunas mujeres estuvieran haciendo preguntas en público que más que preguntas eran en realidad opiniones autoritativas).

Y noten una vez más que no se trata de un asunto cultural, sino de un esquema de autoridad establecido por Dios en Su Palabra (vers. 34). Pablo no está aludiendo aquí a ningún pasaje en particular, sino que usa la palabra “ley” para referirse a todo el AT.

En otras palabras, lo que él está diciendo aquí es muy similar a lo que dice en 1Tim. 2:11: cuando la mujer asume el rol de maestra en el culto público se está colocando a sí misma fuera del esquema de autoridad diseñado por Dios para el hogar y la iglesia.

Continuará…

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Leer más...