Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

viernes, 3 de julio de 2009

La Centralidad de Dios en la Teología de los Reformadores


Por Sugel Michelén

La Reforma es, sin duda alguna, un evento crucial en la Historia; y no me refiero de manera particular a la Historia de la Iglesia, sino a la Historia sin apellido alguno, sin ninguna especificación particular. El impacto que este movimiento produjo en la Europa del siglo XVI traspasó ampliamente las fronteras de la Iglesia, y vino a ser una fuerza religiosa e intelectual que afectó sensiblemente el pensamiento de la época. La Reforma marcó un hito en la historia, y esto es algo que están dispuestos a reconocer amigos y enemigos del movimiento reformador.

Ahora bien, ¿debemos interpretar este evento como una reforma religiosa o como una revolución social, política y económica? ¿Qué fue en realidad la Reforma Protestante? En el presente artículo (en archivo Pdf) queremos mostrar que la centralidad de Dios es la característica sobresaliente del movimiento reformador del siglo XVI, y las implicaciones de este hecho para la iglesia y el mundo.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconozca su autor y procedencia.
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El pastel de tía Matilde

Por Sugel Michelén

Uno de los dogmas fundamentales del materialismo científico es que la ciencia es el único medio objetivo para alcanzar el conocimiento. El filósofo y matemático Bertrand Russell lo explica de este modo: “Todo conocimiento alcanzable ha de ser alcanzado por medio de métodos científicos; lo que la ciencia no puede descubrir, la humanidad no puede saberlo”. Esta es una declaración auto contradictoria, porque no puede ser probado científicamente que la ciencia sea el único paradigma objetivo de conocimiento; pero también limita considerablemente lo que podemos saber con certeza.

John Lennox ilustra este problema con el siguiente ejemplo: Supongamos “que mi tía Matilde ha preparado un delicioso pastel y que invita a un grupo de científicos de renombre mundial a analizarlo. El experto en nutrición nos informará del contenido en calorías del pastel y su efecto nutritivo; el bioquímico nos hablará de las proteínas, las grasas, etc., del pastel; el físico estudiará la estructura atómica y molecular de sus partículas fundamentales y el matemático propondrá elegantes ecuaciones que describan el comportamiento de esas partículas.”

Luego de que hayan hecho todo eso, “¿podemos decir que el pastel ha quedado completamente explicado?” Obviamente no. Si preguntamos a este grupo de expertos por qué fue hecho el pastel, no tendrían nada que decir. A menos que la tía Matilde nos revele su motivación, ninguno de ellos sería capaz de responder esa pregunta. Y sería absurdo suponer que, porque la ciencia no puede darnos la respuesta, no tenemos otro medio de obtenerla o, lo que es aún peor, que la respuesta no existe.

Como bien ha dicho Sir Peter Medawar, premio Nobel de Medicina en 1960: “La existencia de un límite para la ciencia… se pone de relieve en su incapacidad de responder a preguntas infantiles elementales sobre las primeras y las últimas cosas, como por ejemplo: ‘¿Cómo comenzó todo? ¿Para qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene la vida?’”

La ciencia es un medio para adquirir conocimiento, pero no es el único. También tenemos las Sagradas Escrituras donde Dios nos revela lo que necesitamos saber sobre Sí mismo, sobre la creación y sobre la historia. Sin esa revelación nuestro conocimiento sería severamente limitado. Quedarían sin respuestas todas las preguntas concernientes al significado de la vida, la forma como debemos vivirla o nuestro destino final.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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jueves, 2 de julio de 2009

La Vida de Juan Calvino


Por Sugel Michelén

Difícilmente se puede exagerar el impacto de Juan Calvino en la Iglesia de Cristo desde la Reforma del siglo XVI hasta nuestros días. Como señala uno de sus biógrafos: “Calvino nació en el sitio adecuado y en el momento oportuno para dar de sí lo que podía dar. Era un hombre de reformas y nació y vivió en épocas de reformas... Un reformador en un siglo de reformas. Un reformador triunfante, puesto que su pensamiento y su acción han dejado una huella básica y profunda.” Por tal razón ofrecemos aquí su biografía (en archivo Pdf) dado que este próximo 10 de Julio se cumplen 500 años de su nacimiento, resaltando la enorme contribución de este hombre considerado con toda justicia el teólogo más importante de la Reforma.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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miércoles, 1 de julio de 2009

Una Estrella Fugaz 2 de 2

Por Xavier Memba

Esta es la segunda entrega del artículo que publicamos hace unos días a raíz de la muerte sorpresiva de Michael Jackson, de nuestro hermano y amigo Xavi Memba, y usado con permiso de kerigma.net.


Siguiendo la estela que ha dejado la muerte de Michael Jackson (como si hubiéramos asistido al paso de una estrella fugaz), hoy continuamos nuestra reflexión justo ahí donde la dejamos; suspendida de la pregunta ¿Quieres ser una estrella?

Cuando hablamos de famosos de verdad, no de los de pacotilla o de esos que se hacen famosos porque son los “ex” de fulano o de mengana en ese turbio mundillo del famoseo; sabemos que estamos hablando de gente con algún talento, alguna habilidad o algún don que los ha hecho destacar de forma especial por encima de la media. El manager lo único que ha tenido que hacer ha sido potenciar ese don o talento que por naturaleza uno ya tenía. Pero cuando hablamos de nuestra relación con Dios, las palabras de Pablo en Filipenses 2:13 creo que no dejan lugar a dudas: “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Hay una frase que cada Navidad mucha gente repite año tras año, sin caer en la cuenta que no es del todo exacta (en el sentido bíblico). Me refiero a esa frase que los ángeles cantaron al anunciar a los pastores el nacimiento de Jesús en Belén. “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz para con los hombres de buena voluntad!” En principio, parece como si esas fueran las palabras que los ángeles cantaron; aunque en realidad sus palabras fueron más bien como siguen: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”(Lucas 2:14). La diferencia es obvia ¿verdad? “hombres de buena voluntad” y “buena voluntad para con los hombres” no es lo mismo. Se podría decir de la primera frase que suena piadosa, pero sólo la segunda es bíblica, porque es la que se ajusta al testimonio de la Palabra de que Dios, en Cristo Jesús, no vino a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Mateo 9:13); él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).

Un poco más adelante en su discurso, Pablo le dice a los filipenses que como cristianos han sido llamados a ser luminares en el mundo (Filipenses 2:15); más concretamente, luminares o estrellas en el mundo que resplandecen en medio de la oscuridad de una generación maligna y perversa (aquí no hay nada que nos haga pensar en hombres de buena voluntad), sino en hombres y mujeres que desesperadamente necesitan la buena voluntad de Dios… el evangelio que Pablo anunciaba, el cual animaba a los filipenses a anunciar y que nosotros también estamos llamados a anunciar a los hombres y mujeres de nuestra generación.

A lo largo del Nuevo Testamento, es evidente la asociación que se establece entre el evangelio y la luz. Jesús dijo de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12); y también nos dejó bien claro que como discípulos suyos también hemos sido llamados a ser luz en el mundo (Mateo 5:14-16). Hay muchos otros textos que podríamos citar en los que vemos esta manera de presentar y de identificar el evangelio con la luz. Pero tal vez Juan 3:16-21 es el primero que viene a nuestra mente, por ser uno de los pasajes más conocidos al encapsular (especialmente el famoso versículo 16) de una forma tan concisa el evangelio:

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas, pues todo aquel que hace lo malo detesta la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean puestas al descubierto. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”

De ahí, siguiendo el pensamiento de estos versículos que acabamos de leer, Pablo concluye diciendo: “porque Dios es el que en vosotros produce tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

¿Quieres ser una estrella? Si conoces a Cristo y le reconoces como Señor, al igual que los filipenses, Pablo te dice que ya eres una estrella… un luminar en medio de la oscuridad de este mundo. De hecho, lo que nos permite identificar una estrella (de las del cielo) como tal, es que cuando levantamos los ojos y contemplamos la oscuridad del firmamento, brilla . Una estrella no puede hacer otra cosa que brillar (con mayor o con menos intensidad); pero como luminar en el telón de una noche oscura, la estrella lo que hace es brillar; y brillar es a lo que todo seguidor de Cristo está llamado: brillar en nuestras relaciones personales, brillar en nuestra vida de pareja, brillar en nuestro trabajo (ya sea voluntario o pagado), brillar en nuestros compromisos y obligaciones, brillar en nuestras conversaciones, buscando la edificación del Cuerpo de Cristo, sin murmuraciones ni contiendas, en espíritu de unidad…. y todo ello no para hacernos un nombre o pasar a la posteridad, sino para la gloria o la fama de Cristo. Pues a diferencia de las estrellas de la astronomía, como cristianos no brillamos por luz propia sino por la luz de Dios.

¿Quieres ser una estrella? Si no conoces a Cristo, es a él a quien necesitas presentarte. Sólo él puede darte el potencial que necesitas y sólo en él tus esfuerzos para llegar a ser alguien en esta vida van a encontrar la respuesta (tal vez no la que esperas), pero sin duda la que necesitas. Confía en Dios, descansa en su consejo y mirando a Jesús podrás empezar a caminar con gozo hacia una nueva vida cuyo éxito (de acuerdo a Jim Elliot) no depende de todo cuanto hayas podido dejar atrás, y que de todos modos jamás podrás retener para siempre, sino en lo que has ganado y que jamás podrás perder.

Lejos del famoseo ruidoso de los reality shows, lejos de la fantasía de una vida supuestamente fácil y sin complicaciones gracias a la fama y al dinero, lejos de la vanidad de una vida orientada al reconocimiento y a la gloria de nuestros propios logros (como el hermoso destello de una estrella fugaz), lejos de todo ello y no precisamente centrando nuestras vidas en ello, necesitamos encontrar urgentemente el verdadero brillo singular de la estrella sin igual que es Cristo Jesús.

Usado con permiso de kerigma.net
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Una palabra de advertencia a los cantantes cristianos: ¡Cuidado con la sensualidad!


Por Sugel Michelén

Un fenómeno altamente preocupante es la proliferación de cantantes cristianos que usan el mismo estilo sensual de cantar que encontramos en muchos cantantes populares hoy día. Tal parece que estos cantantes cristianos presuponen que cualquier estilo musical es aceptable para propagar el mensaje cristiano, siempre que la letra sea adecuada.

Pero lo cierto es que la música tiene la capacidad de expresar sensualidad por sí misma, sin la ayuda de la letra; y esa sensualidad es incongruente con el mensaje que tales cantantes están tratando de comunicar.

Ahora bien, ¿cuáles son las características que revelan un estilo sensual de cantar? Creo que en el libro de Proverbios encontramos una clave, cuando se nos advierte que nos cuidemos de la forma sensual que usan las mujeres rameras en su hablar:


Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite (Pr. 5:3).


Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña (Pr. 6:24).

Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras (7:5).

Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios (7:21).


La palabra que RV traduce como “zalamería” puede traducirse también como “deslizadero” (comp. Sal. 73:18). Esta mujer sabe qué palabras decir y cómo decirlas; las desliza suavemente para que sean insinuantes y provocadoras. Y esa misma zalamería puede emplearse en el canto causando el mismo efecto. Si a eso añadimos una voz susurrante y aireada el efecto se potencializa.

En The Art of Rock and Roll, Charles Brown dice lo siguiente acerca de los trucos vocales que usaba Elvis Presley: “Al suavizar la voz en ciertos pasajes él podía crear un efecto personal, que hacía que las mujeres del auditorio sintieran que les cantaba directamente a ellas”. Esto se hizo posible con la aparición del amplificador electrónico, el cual permite al cantante susurrar sus canciones y aún así ser oído como si realmente estuviese a nuestro lado.

Este estilo fue popularizado por los cantantes de boleros y baladas que explotaron esta nueva sensualidad en el canto; hombres como Juan Arvizu que fue conocido como “la voz de seda y terciopelo”, Pedro Vargas con su forma particular discreta y dulce de “decir” las canciones, o Leo Marini al que le llamaban “la voz que acaricia”.

Como dije al principio, esa sensualidad es totalmente inapropiada en la adoración de un pueblo santo dirigida a un Dios santo. Pero lamentablemente “el mismo método empleado por el mundo para hacer el sonido sensual está siendo ahora empleado por muchos reconocidos vocalistas cristianos contemporáneos. Todavía muchos cristianos, o no comprenden o ignoran deliberadamente, el hecho de que esto ha dejado de ser un ministerio, pare venir a ser simplemente un entretenimiento sensual y carnalmente gratificante” (Garlock, Frank y Woetzel, Kurt; Music in the Balance; pg. 93).

Aún si la lírica de esas canciones fuera apropiada teológicamente hablando (que en muchos casos no lo es), tanto el estilo como el género musical están haciendo estragos al mensaje que las letras intentan comunicar.

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No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe


Por Sugel Michelén

Contrario al pensamiento de muchos, no es la sinceridad o cantidad de la fe lo que importa, sino el objeto en el que descansa la fe. Si una persona ingiere un veneno por error creyendo sinceramente que es jugo de naranja, la sinceridad de su creencia no eliminará el efecto nocivo del veneno.

De igual manera, aquellos que viajen atemorizados en avión tendrán más probabilidades de llegar a su destino que aquellos viajeros ilegales que se arriesgan abandonar su país en una frágil embarcación, por más seguridad que tengan de que llegarán sanos y salvos a la otra orilla. Los primeros tienen poca fe en un objeto confiable, mientras los segundos están depositando mucha fe en uno que no lo es.

Pues lo mismo ocurre en lo tocante a la vida eterna. La Palabra de Dios enseña en Proverbios 16:25 que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”. Este hombre transita confiado por una senda equivocada, creyendo sinceramente que va por buen camino, pero la sinceridad de su creencia no eliminará el hecho de que ese es un camino de muerte.

Y es que la fe no tiene poder en sí misma para salvar. Ella opera más bien llevándonos de la mano a confiar en el único que puede salvar al pecador: nuestro Señor Jesucristo. Todo el que descansó sinceramente en cualquier otro medio de salvación, aparte del Señor Jesucristo, se perderá, porque no es la fe la que salva, sino Cristo por medio de la fe.

La fe que conduce a la salvación es una mano desnuda que se extiende confiadamente para recibir lo que el Señor Jesús ofrece en el evangelio. Él se hizo Hombre siendo Dios, vivió una vida perfecta y luego murió en una cruz para pagar la deuda de todos aquellos a quienes vino a salvar; y ahora, en base a esa obra de redención, ofrece perdón y vida eterna a todo aquel que cree. Su justicia perfecta es puesta en nuestra cuenta por medio de la fe.

En Juan 6:47 dice el Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna”. Y en otro lugar añadió: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna” (Juan 10:27-28). Sólo las ovejas de Cristo tienen vida eterna, no las de ningún otro pastor; y esas ovejas se distinguen en que oyen su voz y le siguen; ellas prestan atención a las enseñanzas de Cristo reveladas en Su Palabra, la Biblia. Creer sincera y profundamente en cualquier otro medio de salvación no servirá de nada; es Cristo el que salva, por medio de la fe.

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martes, 30 de junio de 2009

Tolerancia y Pluralismo

Por Sugel Michelén

Una de las virtudes cardinales de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI es la tolerancia, sobre todo en el terreno de la religión. El hombre moderno se jacta de ser abierto, pluralista; dice aceptar el derecho que tiene cada cual de construir su propio sistema de verdad y de valores. Lo único que la sociedad parece no tolerar es la falta de tolerancia. Cualquiera que defienda su posición con convicción y firmeza se arriesga a ser considerado como un estrecho de mente y un recalcitrante.

El Diccionario de la Real Academia define “tolerancia” como “respeto o consideración hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Y ciertamente es una virtud mostrar ese rasgo de carácter en la generalidad de los casos.

Pero ¿qué ocurre cuando una persona está obviamente equivocada? ¿Debemos tolerar su error? ¿Qué debe hacer un maestro en el aula cuando el niño responde que 2 más 2 son 5, debe “tolerar” su respuesta? ¿O qué debe hacer un médico con un paciente que insiste en seguir adelante con un tratamiento que él mismo se impuso y que puede poner en riesgo su salud? ¿Acaso no sería una muestra de amor de parte del médico mostrarle al paciente que está cometiendo un grave error?

El error y el engaño deben ser combatidos con firmeza, sobre todo cuando ponen en peligro la vida de una persona o, lo que es aun peor, el destino eterno de su alma. No es la sinceridad de una creencia lo que cuenta. Si un hombre toma un veneno por error, creyendo sinceramente que era otra cosa, su sinceridad no eliminará los efectos nocivos del veneno.

El pluralismo es un atentado contra la verdad absoluta y es filosóficamente insostenible porque Dios tiene una sola forma de pensar. Si una religión es verdadera aquellas que postulan dogmas contrarios no pueden serlo también. Si Cristo era quien decía ser, el Hijo de Dios encarnado que murió en una cruz para salvar pecadores, entonces no existe otro Salvador ni otro medio de salvación; todas las otras religiones fuera del cristianismo deben ser falsas necesariamente.

“Y en ningún otro hay salvación – dice en Hechos 4:12; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El cristianismo no es pluralista. Cristo mismo dijo de Sí: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mi” (Juan 14:6). Y Pablo escribió en 1Timoteo 2:5 que “hay un solo Dios y un solo Mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo Hombre”. Se puede ser pluralista o se puede ser cristiano, pero no se puede ser pluralista y cristiano al mismo tiempo; eso es tan incongruente como un triángulo cuadrado o un rectángulo equilátero. Pluralismo no es sinónimo de tener una mente abierta, sino más bien de padecer una profunda confusión mental.

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