Misión del Blog

Proclamar el señorío de Jesucristo sobre todos los aspectos de la cultura

jueves, 4 de junio de 2009

¿Qué es un feto?

Por Sugel Michelén

En toda discusión el uso del lenguaje es crucial. Si decimos que el aborto es la acción de extraer un bebé del vientre de su madre, estaría claro en la mente de cualquiera que se trata de un asesinato. Por eso muchos prefieren usar la expresión “vaciar el útero” o “raspar la pared interior uterina”; sin embargo, el cambio del lenguaje no cambia la acción en sí. De ahí nuestra insistencia en que la discusión de este tema debe centrarse en definir la naturaleza del feto y no en las circunstancias en que fue concebido. La palabra “feto” proviene del latín y puede ser traducida como “cría” o “descendiente”; cuando es el producto de un espermatozoide humano y un óvulo humano, es obvio que se trata de un descendiente humano. Esa es la opinión que muchos científicos han sostenido por décadas. El Dr. Jerome LeJune, profesor de genética en la Universidad Descarte de París, afirmó: “Luego de que ha tenido lugar la fertilización, ha nacido un nuevo ser humano”. Y en otro lugar añade: “Ya no es cuestión de gusto u opinión. Cada individuo tiene un origen preciso en la concepción”. Lo mismo afirma Micheline Matthews-Roth, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard: “Es científicamente correcto afirmar que la vida humana de un individuo comienza en la concepción”.

Pero vayamos a un hecho indisputable: cada vez que se practica un aborto se provoca que un corazón deje de latir y que cesen ondas cerebrales registrables. “¿Cómo le llamamos al hecho de que el corazón de una persona cesa de latir, o su cerebro deja de emitir ondas?” – pregunta Randy Alcorn; le llamamos “muerte”. Y “¿cómo podríamos llamarle al hecho de que haya latidos y ondas cerebrales?” Le llamamos “vida”. No debe haber dudas, entonces, en cuanto a que el aborto provoca la muerte de un ser humano. Como bien señala Scott Klusendorf, existen solo cuatro diferencias entre un niño no nacido y uno recién nacido: 1) Tamaño – “¿Determina su tamaño quién es usted?” 2) Nivel de desarrollo – “Dado que una persona a los veinte años es más lista y fuerte que una de diez, ¿debemos considerar que es también más humana?” 3) Entorno – “¿Estar dentro de una casa lo hace a usted más o menos persona que estar fuera?” 4) Grado de independencia – “¿Determina quién es usted el depender de otro?” De manera que “la pregunta no es cuán grandes, o viejos, o listos, o inoportunos son los niños aún no nacidos, sino quienes son. [Y] la respuesta es simple… son seres humanos”.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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No os hagáis tesoros en la tierra (parte 2 de 3)

Por Sugel Michelén

¿Qué es, entonces, lo que nuestro Señor Jesucristo prohíbe en Mateo 6:19-21? Dar a las cosas de este mundo un valor que esas cosas no tienen. La palabra “tierra” aquí no señala un lugar físico, el planeta en que vivimos, sino mas bien el tipo de cosas que no debemos atesorar: “No hagan del fin de vuestra existencia en este mundo acumular posesiones terrenales: ya sea dinero, fama, prestigio, influencia, o cualquier otra cosa que no podamos llevarnos con nosotros en el día de la muerte”.

Ir tras cualquiera de esas cosas corrompe el corazón. Ciertamente no es pecaminoso ser rico, pero sí es pecaminoso y necio desear serlo. Escucha el testimonio de las Escrituras al respecto:

No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo” (Pr. 23:4-5).

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1Tim. 6:6-10).

Pablo no dice que los que son ricos caen en tentación y lazo, sino los que desean serlo. Este mandamiento nos toca a todos, seamos ricos o no. La avaricia es un mal que no tiene fronteras. Es como los virus; no importa dónde usted viva, no está totalmente a salvo de ellos. Y cuando esa enfermedad alcanza nuestro corazón somos traspasados de muchos dolores y tormentos.

Así que el problema no está en las posesiones en sí, sino más bien en la actitud que asumimos hacia las posesiones, o hacia el deseo de ser famosos, o de ocupar ciertas posiciones de influencia. Cualquiera que sea la forma en que aparezca el mal, lo que importa aquí es el principio. No debemos poner nuestros afectos, nuestra confianza, nuestro deleite primario, en ninguna cosa de este mundo, porque tan pronto hacemos eso estamos convirtiendo tal objeto en un dios (comp. Sal. 62:1-2, 5-6, 8, 10).

Todo este problema de la codicia surge de un sistema de valores equivocados. El codicioso no ha aprendido a apreciar el infinito valor de tener comunión con Dios, y en cambio aprecia las cosas de este mundo más allá de su valor real. Acércate a la cama de un moribundo, que sabe que le quedan horas de vida, y trata de interesarlo en una conversación sobre la bolsa de valores, o sobre lo pertinente que es invertir en esto o en aquello, y muy probablemente te mirará con asombro y con pena.

Cuando uno está al borde de la eternidad se da cuenta que nada de eso importa ya. “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar de él”. Es por eso que Asaf decía en uno de sus salmos: “Fuera de ti nada deseo en la tierra”. Y en otro de los Salmos David escribió: “Jehová es la porción de mi herencia… y es hermosa la heredad que me ha tocado”. David era un hombre rico y poderoso, pero su confianza estaba en Dios. Ese es el meollo de este asunto. Se puede ser rico y tener esa perspectiva de la vida, como se puede ser pobre y no tenerla.

El caso de Job es pertinente una vez más. Es muy probable que en todo el medio oriente no hubiese habido nadie más rico que Job en sus días de prosperidad. Y sin embargo, escuchen las palabras de este hombre cuando en medio de su aflicción recuerda los días de abundancia que disfrutó en el pasado:

Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho; Si he mirado al sol cuando resplandecía, o a la luna cuando iba hermosa, y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano; esto también sería maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano” (Job. 31:24-28).


Job era rico, pero sus riquezas no fueron un impedimento para que tuviese una perspectiva correcta de la vida. Él no tuvo que deshacerse de todo lo que tenía para llegar a pensar así. Esa era su forma de pensar cuando todavía era rico.

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miércoles, 3 de junio de 2009

No os hagáis tesoros en la tierra (parte 1 de 3)

Por Sugel Michelén

Una de las advertencias más serias que el Señor hizo durante su ministerio, y que muchos no parecen tomar en serio, es la que encontramos en Mateo 6:19-21:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

El foco de esta advertencia son las primeras palabras que aparecen en el texto: “No os hagáis tesoros en la tierra”. Ahora, noten que allí no dice: “No acumulen dinero”; allí dice simplemente: “No atesoréis tesoros”. Un tesoro no tiene que ser monetario necesariamente; abarca todo aquello que ama nuestro corazón, aquello hacia lo cual nos inclinamos con especial deleite, lo que disfrutamos por encima de todas las cosas; en fin, lo que a nuestros ojos tiene valor. Puede ser algo grande, o puede ser pequeño; puede ser costoso, o puede tener un valor monetario relativamente insignificante. Puede ser algo tangible (una casa grande, un auto de lujo, una bonita figura), o puede ser intangible (fama, prestigio, influencia). “Si son cosas terrenales – dice el Señor – no las atesoréis; no hagáis de ellas vuestro tesoro. No vivan para la acumulación de tales cosas, como si vuestra felicidad dependiera de ello”.

Ahora bien, como nunca han faltado en la historia de la iglesia personas que han interpretado este texto, y muchos otros de las Escrituras, en una forma inadecuada, es necesario que hagamos algunas observaciones en cuanto a lo que este texto no significa.

En primer lugar, es evidente que nuestro texto no censura las posesiones en sí mismas. Tanto en el AT como en el NT se reconoce el derecho a la propiedad privada. Es precisamente ese derecho lo que subyace bajo el octavo y el décimo mandamiento: “No hurtarás… No codiciarás”. Robar es incorrecto, lo mismo que codiciar, porque se roba y se codicia lo que por derecho pertenece a otra persona. Así que este texto no prohíbe poseer cosas.

Tampoco se censura el hecho de tener muchas posesiones. Abraham era un hombre rico y piadoso. De él se dice en Gn. 13:2 que “era riquísimo en ganado, en plata y en oro”; y sus riquezas eran una provisión de Dios. Cuando su criado fue a la casa de Labán buscando esposa para Isaac, una de las cosas que dijo a la familia de Rebeca fue que Dios había bendecido mucho a Abraham con posesiones materiales (comp. Gn. 24:35).

Y lo mismo podemos decir de Job. Cuando todo le fue quitado, Job reconoció que Dios tenía derecho a disponer de sus bienes, pues Él se los había provisto: “Jehová dio, Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). Dios había bendecido a Job, y ahora ese mismo Dios había permitido su ruina. Pero ahora noten cómo concluye la historia: “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuándo él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10). “Jehová empobrece, y Él enriquece”, dice Ana en 1Sam. 2:7 (comp. también Deut. 8:11-18; 1Tim. 6:17).

Así que la Biblia no enseña que ser rico sea pecaminoso en sí mismo. Pablo dice a Timoteo, en 1Tim. 6:17: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos”.

Allí no dice: “Ordénale a los ricos que se deshagan de sus riquezas, y las repartan a los pobres”. Tampoco prohíbe a los ricos hacer uso de sus riquezas (Pablo dice que Dios “nos da todas las cosas para que las disfrutemos”). Lo que Pablo pidió que se ordenara a los ricos fue: 1) que no fuesen altivos; 2) que no pusieran su esperanza en sus riquezas; y 3) que fueran generosos haciendo el bien.

Tampoco se prohíbe en la Escritura que seamos precavidos, que ahorremos para el futuro, o que hagamos buenas inversiones. El libro de Proverbios pone a la hormiga como un ejemplo de sabiduría que debemos imitar, porque la hormiga prepara su comida en el verano, para que no le falte en el invierno (Pr. 6:6-8). La hormiga es previsora, y se espera de un hombre sabio que lo sea también (comp. 2Cor. 12:14; 1Tim. 5:8).

La Biblia exalta la prudencia como una virtud, no como falta de fe. El avisado, el prudente, dice Proverbios, ve el mal y se esconde, pero los simples pasan y reciben el daño (Pr. 23:3; 27:12). Una cosa es afanarnos por el mañana, y otra muy distinta prever para el mañana. La primera es un pecado, la segunda es una virtud.

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martes, 2 de junio de 2009

¿Cómo mejorar en tu predicación?


“La verdad es que no creo que sea una cuestión de habilidad exegética. Se trata más bien de que [a los veintitantos] eres incapaz de ver muchas cosas en el texto, porque todavía no has sufrido lo suficiente. Todavía no has tenido suficiente experiencia en la vida. No has tenido grandes fracasos que te han hecho abrir los ojos a la realidad de que eres mucho más pecador de lo que nunca llegaste a imaginar. Todavía no has tenido enfermedades realmente importantes. Simplemente, no has sufrido, todavía la vida no te ha roto. Así, esa misma habilidad exegética –leer la Biblia- que ahora haces a los 50, te da una mayor profundidad con el texto y… cuando predicas, lo haces mucho mejor de lo que lo hacías 30 años atrás. Yo no creo que la verdadera diferencia sea normalmente por exégesis o teología… sino más bien el hecho de tener un recorrido por la vida, de haber pasado tiempo con gente, de haber visto a esa gente morir…” (Tim Keller).
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* Trascripción de The Gospel Coalition Panel Discussion traducida y adaptada de unashamedworkman. Usado con permiso de kerigma.net.
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Roe versus Wade

Por Sugel Michelén


A comienzos del 1970, Norma McCorvey, en ese entonces una joven mesera de 21 años, dijo haber sido violada por una pandilla y haber quedado embarazada. Dos abogadas recién graduadas de la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas, Sarah Weddington y Linda Coffee, la convencieron de abortar su bebé en vez de darlo en adopción. El caso fue llevado a los tribunales, hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia. Las abogadas de McCorvey, conocida ahora con el seudónimo de Jane Roe, argüían que ella había sido privada de su derecho fundamental a escoger cuándo y dónde tener un niño.

Finalmente, el 22 de Enero de 1973, la Suprema Corte de Justicia declaró que el derecho constitucional de la mujer a su privacidad era más importante que el derecho del estado a regular el aborto. En otras palabras, si el estado legisla en contra del aborto se está entrometiendo con el derecho que tiene la mujer a su vida privada. Este famoso caso pasó a la historia como “Roe versus Wade”. Hasta ese momento, sólo 4 estados permitían el aborto y únicamente por causas terapéuticas. Pero a partir de entonces, el aborto quedó legalizado en los 50 estados de los EUA.

Unos años más tarde, la protagonista del famoso caso judicial declaró que había mentido, que su embarazo no había sido el producto de una violación y se arrepintió de haber sido usada para defender la libre elección de la mujer. El 23 de Marzo de 1997 hizo la siguiente declaración: “Yo soy Norma McCorvey. Fui conocida como Jane Roe el 22 de Enero de 1973 cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que la mujer tiene el derecho de abortar… Humildemente pido perdón a los millones de mujeres y niños no nacidos que han experimentado la violencia del aborto”. En el 2004 trató de reabrir su caso, pero su petición fue denegada.

Irónicamente, en un discurso pronunciado en el Instituto de Ética de la Educación, en Oklahoma, Sarah Weddington explicó con estas palabras por qué había defendido el improvisado relato de McCorvey: “Mi conducta pudo no haber sido totalmente ética. Pero lo hice por lo que pensé fueron buenas razones”. Lamentablemente, una historia inventada y la conducta “no totalmente ética” de dos abogadas, resultaron en un veredicto que ha costado la vida de unos 45 millones de seres humanos. Las ideas tienen consecuencias; cuando el hombre decide echar a un lado las normas de Dios para implantar las suyas, los resultados son catastróficos.

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lunes, 1 de junio de 2009

A la deriva en el océano del relativismo

Por Sugel Michelén

Muchos tienen la convicción de que la sociedad moderna se encuentra atravesando en estos momentos por una profunda crisis de valores y de significado. Algunas situaciones alarmantes parecen indicar que el mundo se ha deteriorado a pasos agigantados en los últimos años; pero ¿es realmente así? ¿En verdad podemos decir que nuestro mundo está atravesando por un período de crisis moral? El problema con esta pregunta es que presupone un parámetro de normalidad, la existencia de valores absolutos y de un estándar objetivo de comportamiento que rija a todos los seres humanos por igual. Si en la selva africana una familia de leones ataca un jabalí y lo despedaza, la noticia no saldrá en los periódicos al día siguiente; pero cuando un adolescente toma un arma de fuego y descarga su furia disparando contra sus profesores y compañeros de escuela, eso sí que espanta y asusta, porque no se espera que los seres humanos se comporten así.

Pero, ¿cómo determinamos el comportamiento que debemos esperar de los seres humanos? ¿Basados en cuál autoridad distinguimos lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, lo normal de lo que no lo es? Necesitamos una base de autoridad legítima que establezca los valores que han de regir a todos por igual, de lo contrario no tendremos ningún parámetro para pasar juicio sobre las acciones de los hombres.

Ese es el gran problema al que se enfrenta la sociedad occidental hoy día: ha rechazado a Dios y Su revelación infalible y ahora se encuentra como un barco a la deriva en el océano del relativismo y la subjetividad. Lo que es bueno para uno puede que no lo sea para otro y viceversa. El concepto de verdad absoluta se ha vuelto obsoleto y con la muerte de la verdad ha muerto también la virtud. El hombre moderno contempla espantado el deterioro que hay a su alrededor, pero no percibe que ése es el fruto que se cosecha inevitablemente cuando se desecha a Dios y Su Palabra. Si no existe un Dios personal y sobrenatural que creó y sostiene todas las cosas con un propósito, un Dios que se ha revelado al hombre en un libro infalible que podemos comprender racionalmente – la Biblia – no tenemos hacia dónde mirar para encontrar respuestas verdaderas a las preguntas más importantes del hombre, ni una base ética objetiva para distinguir lo bueno de lo malo. Cuando los cimientos son destruidos es sólo cuestión de tiempo para que se imponga en la sociedad humana la ley de la selva: la supervivencia de los más fuertes.
© Por Sugel Michelén. Todopensamientocautivo.blogspot.com. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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Poema de una hija a una madre en el día de las madres

Eternidad pasada:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Allá en la Eternidad, Dios te amó y te predestinó para adoptarte.


Año 1960 en el tiempo:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te creó y te colocó en un hogar y en una familia, pastoreándote desde entonces para hacerte bien.


Años 1977-1978 en el tiempo:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te llamó y te atrajo en amor, consagrando tu vida para Su servicio.


Años 1980-181:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te concedió como regalo y tesoro un esposo que te ama, también consagrado a Su servicio .


Años 1982, 1984, 1986:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te llamó para servirle como mamá, llenando tu corazón de un amor incondicional y sacrificial


Año tras año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te llenó de gracia para deleitarte en ser nuestra mamá, volcándote de lleno para servir a tu familia.


Año tras año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te capacitó con inmensa sabiduría, discernimiento; te llenó de ternura y abnegación.



Año tras año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante

Nos mostró grande misericordia al forjar a Cristo en tí y permitirnos crecer junto a tí viendo destellos de Dios constantemente.


Año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Por Su Espíritu te capacitó para moldearnos y bendecirnos cada día mientras nos pastoreabas a través de mil y una situaciones.



Año tras año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante

Te animó, reconfortó, y te mostró lo bella que es tu herencia.


Año tras año tras año:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te llenó de fe para ver cada labor ordinaria como parte de un llamado muy digno.


2007, 2008:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te concedió nietos, como parte de la herencia de tu herencia, colmándote de un gozo exquisito y ternura sin igual para disfrutarlos.



(Todavía ahora) día tras día tras día:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Te bendice con extrema paciencia, amor y servicio, y así nos das amor y no mal cada día de tu vida!


Eternidad futura:

Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,

Inmutable--Plenamente feliz, gloriosamente santo, soberanamente amante,

Ya glorificada, El continuará haciendo de tu vida Su alabanza como ya lo ha hecho en este lado de la Eternidad.
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